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El milagro de la danza de Yanel Barbeito

"El arte es existir", dice la bailarina cubana, que nació con parálisis cerebral y que mañana actuará en Vegadeo en el festival "Inclusiones"

Yanel Barbeito y su marido, Omar Gómez, ayer, en las instalaciones de la Fundación Edes.

Yanel Barbeito y su marido, Omar Gómez, ayer, en las instalaciones de la Fundación Edes. T. CASCUDO

Dicen en Fundación Edes que la historia de Yanel Barbeito "es a la vez un milagro y un horizonte que debemos de tener de espejo". Y no es para menos, ya que esta mujer de 47 años, cubana de nacimiento y afincada en La Coruña desde hace cuatro años, nació

Estos días está en la comarca, pues participará en la gala "Inclusiones" que la entidad tapiega promueve desde hace nueve años y que se celebrará mañana a las siete de la tarde en el auditorio de Vegadeo. Nació para conmemorar el Día Internacional de las Personas con discapacidad, que se celebra cada 3 de diciembre, y se ha convertido en un espectáculo inclusivo único en la zona. "Este festival es un milagro", señala la propia Barbeito, porque da a las personas con discapacidad (término que no le gusta) "la capacidad de existir". Y añade: "El arte es existir". Tanto ella como su marido destacan la necesidad de "dar voz" a las personas con diversidad funcional.

El inicio de su propia existencia se remonta a 1972, cuando su madre la parió en un hospital cubano. Fue un parto complejo y el bebé sufrió varios minutos de hipoxia con consecuencias fatales: nació con parálisis cerebral. Su familia buscó respuestas y soluciones y encontraron ayuda en la entonces República Democrática Alemana, en un hospital público que empleaba técnicas y terapias de lo más avanzado. Allí llegó con 7 años, siendo "un vegetal", y salió enganchada a la danza. "Me pasé un año en el hospital, me hicieron muchas pruebas y probaron muchas cosas. Querían saber qué parte de mi cerebro tenía receptiva y descubrieron que mis funciones neuronales estaban bien, que las que estaban mal eran las moleculares. Todo lo mío es neuromuscular", explica.

Cuenta Barbeito que una de las terapias consistía en meterla en cubículos sensoriales para ver a qué estímulos respondía. Ni el teatro, el coro o la pintura lograron despertar su interés, algo que sí hizo la danza. El primer día que asistió a un ensayo de danza movió un ojo, y varias sesiones después, cuando llevaba cinco meses en el centro, empezó a mover tres dedos. "El médico dijo 'te pillé', ahora podemos empezar y comenzaron a hacerme terapia en esa dirección", precisa, al tiempo que agradece a su padre Manuel la confianza que depositó en ella. "Hizo todo lo que pudo para que su hija estuviera en pie y eso tiene más valor que el hecho de poder caminar", añade.

La conexión especial que tuvo con su abuelo la ayudó a continuar la recuperación en Cuba, si bien con muchos altibajos, pues no encontraba nada parecido a la educación y los tratamientos que recibió en Alemania. Quiso seguir con la danza, pero le cerraron muchas puertas, una situación que la afectó psicológicamente y produjo un retroceso. Encontrar al que hoy es su marido y compañero artístico (se ocupa de la dramaturgia de sus espectáculos), Omar Gómez, la ayudó a continuar con la búsqueda. Primero entró en contacto con la coreógrafa Marianela Boán, que la guió y la animó a componer sus propias coreografías, y después conoció a Ramiro Guerra, fundador de la danza moderna en Cuba y al que Barbeito considera su "maestro". De manera paralela, y no sin dificultad, logró graduarse en Artes escénicas y trabajó durante quince años en el Ballet de la Televisión de Cuba.

Ha llevado su arte a diferentes festivales del mundo y confía en que su propuesta artística, apostando por la inclusión, la integración y la diversidad en el arte escénico, sirva "para despertar al público poco a poco y que se pregunte cosas". Considera que la sociedad debe cambiar el "enfoque" hacia la discapacidad y en eso el arte ofrece una herramienta indispensable para remover conciencias: "El arte es ese momento de tú contigo mismo y a la vez con el otro".

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