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Las setas crecen en Villatresmil

"Son una oportunidad para los montes, que han perdido los usos", asegura el ingeniero Rafael Escobar, afincado en el pueblo tinetense

Detalle de las setas shiitake

Detalle de las setas shiitake

Rafael Escobar dejó hace cuatro años Madrid, su ciudad natal, para volver al lugar donde están sus raíces familiares, en Villatresmil (Tineo). Siempre le había gustado el pueblo, su tranquilidad y familiaridad, y con el azote de la crisis decidió apostar por el mundo rural y emprender. Cuatro años después

"Mi idea es aportar lo que esté en mi mano para contribuir a dar una solución al problema de abandono que asuela los montes asturianos por su escasa rentabilidad", explica Rafael Escobar, que es ingeniero técnico forestal. Por ello cree que el primer paso debe ser "dar valor a los productos del monte para que la gente vuelva a ocuparse de él", y, entre ellos, ve como una buena oportunidad el cultivo de setas en madera.

Este tipo de cultivo es una técnica tradicional japonesa que se ha extendido por todo el mundo y que Rafael Escobar encontró como una posibilidad para aprovechar la madera de los montes. La base del cultivo son troncos de roble y castaño, principalmente, en los que se inocula el micelio del hongo, que colonizará el trozo de madera durante un año. A partir de ese periodo, a través de unos agujeros previamente hechos en el tronco, comenzarán a surgir las setas. La duración de cada pieza productora puede llegar a cinco años, hasta que el hongo agote el alimento, que en este caso es la madera. "En esos cinco años el tronco puede producir hasta dos kilos de setas de media", explica Escobar. En su caso, el cultivo lo realiza en el bosque, por lo que, con la llegada de las bajas temperaturas, la producción se estanca, para reanudarse con fuerza cuando comienza la primavera. Actualmente, produce setas comestibles y también medicinales, como son las shiitake, cola de pavo, melena de león, reishi y ostra amarilla. Además, está poniendo en marcha un cultivo en el suelo del monte con la seta "Stropharia rugosoannulata".

Sus principales clientes son restaurantes y consumidores particulares, aunque reconoce que en Asturias todavía hay poca cultura de consumo de setas. Este problema se suma a que, siendo las setas un producto perecedero, es complicada su distribución en grandes ciudades, a no ser que trabaje en el envasado o el secado de las setas, algo que no descarta porque tiene claro que el sector tiene futuro.

"Pueden ser un buen negocio y son una oportunidad para los montes, que han perdido los usos", subraya. Además, más allá de su consumo gastronómico, cree que también tendrá salida su cultivo con fines ornamentales y docentes, un proyecto que espera desarrollar el próximo año.

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