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Chao Samartín, el castro olvidado que salió de un patatal

La sociedad de Grandas de Salime y los expertos piden el regreso de las excavaciones a un yacimiento de referencia internacional

Equipo de excavación en 2009 en Grandas.

Equipo de excavación en 2009 en Grandas.

El castro Chao Samartín de Grandas de Salime cumple 30 años de excavaciones y la villa recuerda con añoranza su nacimiento y evolución. Es la historia de un hallazgo crucial para entender el pasado de la región, pero también de un enfrentamiento político y social que ha paralizado los trabajos

El yacimiento fue reconocido como tal en 1967 por José Manuel González, pero en el municipio siempre hubo "leyendas asociadas a las piezas que aparecían en la zona". Lo cuenta la catedrática de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, la naviega Carmen Fernández Ochoa, para quien el Chao Samartín "es uno de los centrales de la zona", un lugar mágico que se estudió y documentó "debidamente" y cuyos investigadores lograron algo que no siempre se consigue: buenos resultados, buena difusión y beneficio para el pueblo. "Lástima que los trabajos no continúen y que hoy en día Grandas de Salime, como villa, siga estando como hace tres décadas: muy lejos y con una carreteras principal tan complicada", opina.

En Grandas, los abuelos cuentan que en esta zona donde se plantaban patatas siempre se supo que había "algo". Fue el grandalés José María Naveiras Escanlar, más conocido como "Pepe el Ferreiro", quien con sumo cuidado se acercó junto a otros vecinos y amigos un día de septiembre de 1977 a aquella entonces tierra de cultivo con "unas cucharas soperas aplanadas" y encontró una parte de un vaso de paredes finas, una pieza que cambiaría el destino de Grandas, como villa y como concejo.

"Recordarlo es apasionante", resume la presidenta de la asociación cultural "El Carpio" de Grandas, Rosa Monjardín. Tiene una mención especial para las familias, en particular para la saga de los Barcia, que eran propietarias de los terrenos hace tres décadas "y con una generosidad que hoy no existe" dejaron que se excavara sin pausa antes de que la parcelas fueran compradas. "Eso da fe de lo que supuso para Grandas; todo el mundo se implicó y muchos vecinos unidos hicieron posibles las excavaciones", destaca. Asegura que de que aquello queda poco y también que hoy no va al castro "porque me da pena verlo". Y es que no hay movimiento arqueológico desde 2009, cuando se interrumpieron las excavaciones.

El Chao Samartín tiene pendiente, de hecho, un proyecto de consolidación presupuestado en 740.000 euros, de los que el Gobierno central aporta en torno a un 60%, el Principado algo más del 25%, y el resto el ayuntamiento. Este periódico trató sin éxito de contactar con el alcalde, el socialista Eustaquio Revilla, para recoger su valoración y sus planes futuros.

Pero esto, que se prevé que se licite a principios de año, ha sido origen de un nuevo episodio del enfrentamiento entre las administraciones y los arqueólogos y restauradores, que han denunciado una serie de soluciones técnicas que entienden que pueden dañar el yacimiento.

Campañas

Los trabajos arqueológicos programados empezaron en 1990 tras constatarse la importancia de las piezas conservadas en el museo etnográfico de Grandas por Jose Naveiras. Desde entonces hasta 2009, los campañas financiadas con dinero públicos no se detuvieron. El Principado apostó por el descubrimiento y mantenimiento del yacimiento. Primero las actuaciones fueron guiadas por el arqueólogo y profesor de la Universidad de Oviedo Elías Carrocera Fernández. Más tarde, por el arqueólogo Ángel Villa Valdés. Éste ensalza la importancia del castro: "Su relevancia trasciende el interés estrictamente regional, pues los acontecimientos que en él se han podido constatar ilustran un largo periodo desde el final de la Prehistoria hasta época medieval, cuando sirvió como cementerio, que está ayudando a comprender fenómenos similares en muchos otros lugares de la Europa atlántica".

Para Villa, se trata de un conjunto arqueológico de referencia internacional que tuvo un impacto en los habitantes, quienes siempre se sintieron partícipes de un hallazgo que explica una parte la historia de la humanidad. En Grandas conocen bien la dimensión científica y también dan mucho valor a la social. Mucha agente se jubiló haciendo las campañas de seis meses en el castro. Los trabajos fueron un buen complemento para la rentas agrarias.

Algunos jóvenes pudieron quedarse en el pueblo porque gracias al yacimiento había trabajo y otras vieron ampliado su presupuesto familiar. Para Grandas, "que es un sitio pequeño, fue algo muy excepcional", resume Alfonso López, hoy propietario del restaurante A Reigada, quien asegura que gracias a todo aquel movimiento continuó, con éxito, con el negocio de su padre.

La hostelería estaba encantada con el ir y venir de arqueólogos, estudiantes y gente interesada por un yacimiento cuyos descubrimientos prometían mucha emoción. En verano, las visitas se duplicaban para suerte de lo negocios de hostelería, comercio y hotelería. Proliferaron las casas rurales y Grandas era un pueblo con actividad y algo muy especial que mostrar a mundo. "Sin duda el yacimiento fue muy importante para la economía del pueblo", dice López, quien ahora hecha de menos más promoción de lo que se hizo y de la importancia del castro.

Entre 2000 y 2009 (año que cesan las excavaciones), había más visitas en verano que hoy en todo año. Y había también muchos fieles, gente interesada en conocer el desarrollo de yacimiento y qué había de nuevo un año después. Gracias a los descubrimientos en el Chao se dio importancia a la cultura castreña de la zona, y también se aumentó la autoestima de los habitantes: eran hoy pobladores de un lugar que antaño fue muy especial. Con los años, llegaron lo problemas.

Las desavenencias entre el Principado, el Ayuntamiento, algunos vecinos e incluso personal técnico hicieron mella en la apuesta institucional para continuar excavando el castro. "Nosotros aspiramos a la difusión de yacimiento; todo lo demás, lo personal, debería dejarse al margen para poder seguir con la apuesta", dice Alfonso López.

El pueblo espera con cierta resignación que vuelvan las excavaciones y que lo que se descubrió del yacimiento se mantenga en buen estado. Es posible visitar el museo de martes a sábado de 11 a 13 horas y de 16 a 17.30 horas. Los domingos y festivos, abre de 11.30 a 13.30 horas. Las visitas guiadas se hace de martes a sábado a las 13 y las 17.30 horas y los domingos y festivos, a las 13.30 horas.

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