En una peluquería de Trevías (Valdés) esta tarde se ha vivido un encuentro de una emoción desbordante y lleno de agradecimiento. El del dueño del negocio, Eugenio Feito, de 67 años, con el piloto tapiego Bruno Méndez. No se conocían, pero Feito le debe la vida a Bruno. Se la salvó hace unos días, cuando Bruno Méndez auxilió, con maniobras de reanimación, a un Feito en situación muy apurada y comprometida. El joven deportista encontró desmayado en el entorno del río Barayo a Feito y su decisión le libró de un fatal desenlace, de ahí que casi no tenga palabras para agradecer la rápida y eficaz actuación del ángel de la guarda que la casualidad puso ese día en su camino. "Si estoy solo allí, estoy muerto. Tuve suerte. Probablemente la vida me la salvaron entre Bruno, mi mujer y toda la gente que ayudó ", dice el enfermo.

Fue el pasado domingo cuando todo sucedió. Ese día Bruno Menéndez realizaba la ruta que sigue el cauce del río Barayo, cerca del Pozo Fero. Oyó un golpe “seco”, buscó a su alrededor con la mirada y halló a Eugenio Feito desmayado. Lo vio intentar levantarse, pero volver a caer de manera inmediata. Se acercó y comprobó que no era ni capaz de responderle. Le pareció que había entrado en parada cardiorrespiratoria y no dudó en comenzar a practicarle las maniobras de reanimación, incluyendo el boca a boca durante unos minutos. El hombre recuperó el aliento y la consciencia, aunque muy nervioso y desorientado. De hecho, el piloto temió lo peor en algún momento, porque Eugenio Feito se desmayó de nuevo. Probablemente por la impresión de lo sucedido y el dolor por los golpes de la caída. Pero volvió en sí. A partir de ahí, ya cerca de las cinco de la tarde, se desencadena la llamada a los servicios de emergencias del 112, que acuden a bordo de un helicóptero medicalizado en su busca para trasladarle al hospital de Jarrio.

Aunque con el susto un poco aún en el cuerpo, pero ya fuera de peligro, este peluquero de Trevías quiso saber de su héroe particular. También el piloto se había interesado por la identidad del hombre para saber de su evolución, pero los centros sanitarios y la administración autonómica no pueden facilitar identidades por la ley de protección de datos. Pero uno y otro se las arreglaron para dar con sus respectivos contactos. Fue Bruno el que llamó primero aunque Eugenio ya iba a hacerlo porque quería conocerle en persona y que el agradecimiento fuera sentido y en persona. Bruno Méndez explica que su decisión "había hecho un par de cursos de RCP y sé cómo se hace, pero nunca me había visto en una situación así" de ahí que admita que, aunque ahora a toro pasado se vea que todo salió bien, su primera sensación fue la de un gran susto "cuando ví que no respiraba". 

De la experiencia vivida a los dos protagonistas les sale la misma reflexión, que no es otra que la de animar a que se fomente, entre todos, el conocimiento de las técnicas de reanimación cardiopulmonar porque ellos ya saben con certeza que pueden salar vidas.