Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La historia repetida del puerto que cambió Tapia: de nuevo urgen las reparaciones

El muelle, financiado por un particular, pasó a manos del Estado hace 75 años, en pleno debate, como ahora, sobre su mal estado

Descarga de chicharrón en el puerto tapiego, en la década de 1940. | Cedida por Luis García

Descarga de chicharrón en el puerto tapiego, en la década de 1940. | Cedida por Luis García

“Se hace, pues, preciso, no tan solo el arreglo y reparación de los murallones de dichos muelles, que han sufrido desperfectos importantes que aumentan cada día debido al abandono en que se le tiene, sino el ensanche, la ampliación de los muelles, para que puedan atracar los barcos cómodamente”. Son palabras del gobierno tapiego en 1935, denunciando el mal estado del puerto de la villa, que este año hará tres cuartos de siglo que pasó a manos del Estado. Una situación, la de los desperfectos, que se repite más de ochenta años después, cuando vuelve a ser un clamor en Tapia la necesidad de acometer un proyecto ambicioso para proteger los históricos diques de granito gallego del siglo XIX que cierran la dársena y que están muy dañados por el paso del tiempo y los embates del Cantábrico.

El texto citado arriba es un extracto del acta de la sesión plenaria celebrada en Tapia el 5 de septiembre de 1935 y recogida en el libro “Historia de Tapia a través de sus calles”, que editaron, en 2001, los investigadores Diego Fernández y Camilo López. Esta publicación recoge amplia documentación hasta entonces inédita sobre la fundación y los avatares vividos por el puerto tapiego, que se terminó de construir en 1880. “Fue una investigación muy amplia y trabajosa, pues manejamos cantidad de documentos”, señala Fernández. A López no se le olvida lo “emocionante” que fue dar con el proyecto original del puerto en el Archivo General de la Administración, de Madrid. “El capítulo del puerto es uno de los más extensos del libro porque es algo muy relevante, un emblema del pueblo, y había que hacer un esfuerzo”, apunta.

Una de las primeras fotos del puerto, en la década de 1880. | Cedida por L. G.

Se puede decir que hace casi un siglo, en lo tocante al puerto, las cosas estaban peor que ahora, ya que, al lamentable estado de conservación de los diques, había que añadir la compleja situación burocrática de la infraestructura. No en vano, se construyó en 1880 bajo la fórmula de la concesión privada a la familia de Fernando Fernández-Casariego, benefactor tapiego que ostentó el título de Marqués de Casariego y fue artífice, entre otras, de esta obra. Sin embargo, no fue hasta noviembre de 1945 (la recepción oficial fue en mayo de 1946) cuando el puerto pasó a manos del Estado y se hizo realidad el ansiado proyecto de rehabilitación. Es decir, que se cumplen ahora los setenta y cinco años de este hecho de enorme relevancia para la historia local.

Fernando Fernández-Casariego (1792-1874) vio clara la necesidad del puerto y, en 1862, se comprometió con el gobierno de Isabel II a dar tres millones de reales (la mitad del coste total del proyecto inicial) para su construcción. Aquel proyecto, justificado en “necesidades de navegación y de comercio”, no prosperó porque el Estado lo consideró demasiado ambicioso. Tras varios ajustes presupuestarios, se da luz verde a la obra en 1870, por un montante de 312.794,911 reales.

Aunque el Marqués de Casariego promovió la obra, fue su sobrino Fernando Pérez quien la ejecutó y, a su muerte, la concesión del puerto pasa a la hija de éste, María Josefa, quien pide desde el primer momento al Estado que declare la utilidad pública de la infraestructura y asuma su gestión. Sin embargo, como recoge el libro “Historia de Tapia a través de sus calles”, los trámites se dilataron en el tiempo. Tanto, que el muelle comenzó a acusar un importante deterioro. De hecho, en enero de 1933, se promovió una manifestación en la que se urgía al Estado a hacerse con la concesión después de que los últimos temporales llegaran a producir un boquete en el dique exterior.

Una imagen antigua de cargueros atracados en el muelle.

“Los temporales de este invierno han causado averías gravísimas en el dique de Afuera del puerto de Tapia. Actualmente presenta un boquete de unos sesenta metros cuadrados (…); el dique no pasa de ser una cáscara en una longitud de 35 metros”, se puede leer en un escrito de la Jefatura de Obras Públicas de Oviedo, con fecha 15 de abril de 1939. En dicho documento se estima en 100.000 pesetas el gasto para las reparaciones. En diciembre de ese mismo año el temporal arrasa por completo el morro del dique exterior, conocido en Tapia por “muelle de fora”. Así que, en enero de 1940, se nombra una comisión para acordar la cifra que el Estado debía pagar a la concesionaria: 300.000 pesetas. Con todo listo, aún se demoró cinco años más, hasta noviembre de 1945.

Una instantánea que el fotógrafo local Claudio Méndez tomó al boquete que el temporal causó en el dique exterior en 1932.

En 1946 comienzan las obras de reconstrucción del “muelle de fora” y progresivamente, durante la década siguiente, se van reparando el resto de desperfectos y acometiendo mejoras como el primer dragado del puerto. A lo largo de la historia se han hecho diferentes reparaciones, la última se está rematando estos días y consiste en el sellado de la grieta del dique exterior.

Un grupo obreros posando durante las obras de reparación de los muelles efectuadas en los años cuarenta del siglo XX. | Fotos cedidas por Luis García y Diego Fernández

Un grupo obreros posando durante las obras de reparación de los muelles efectuadas en los años cuarenta del siglo XX. | Fotos cedidas por Luis García y Diego Fernández

“La obra del puerto supuso una revolución en Tapia y, como otras realizadas por el Marqués, desde el Ayuntamiento al instituto, tuvo un efecto multiplicador. Convirtió una aldea pobrísima en centro mercantil y comercial. Fueron obras de un impacto gigantesco”, señala Camilo López a quien le da mucha pena el deterioro que sufre el puerto. Prueba del efecto multiplicador al que se refiere, son los datos que recoge su estudio: en 1939 el valor medio del pescado fresco desembarcado en Tapia ascendía a 350.000 pesetas anuales y había 44 embarcaciones en activo en la villa. A ello había que sumar el pescado en conserva y las mercancías gestionadas (en concreto este año fueron 7.500 toneladas).

“El puerto de Tapia es el puerto más bonito construido en el siglo XIX y se hizo con inversión privada, pero para uso público. Eso tiene un valor inmenso y no nos damos cuenta”, añade Diego Fernández, para quien el Marqués de Casariego fue un auténtico visionario.

Compartir el artículo

stats