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Ramón Bedia, el asturiano que completó 17 veces el Camino de Santiago

Vecino de la localidad veigueña, hace la ruta cada año y espera repetir este 2021 pese a la pandemia

Ramón Bedia, en su casa de Porzún (Vegadeo), mostrando las “Compostelas” logradas estos años . | T. C.

Ramón Bedia, en su casa de Porzún (Vegadeo), mostrando las “Compostelas” logradas estos años . | T. C.

Si la pandemia y la salud se lo permiten, el veigueño Ramón Bedia sumará este 2021 su decimoctava “Compostela”, la acreditación que se expide en la Catedral de Santiago en reconocimiento al peregrinaje. En 2004 hizo por primera vez el Camino y, desde entonces, no ha fallado ni un año, ni siquiera en 2020, en plena crisis del covid. “Todo el mundo dice que el Camino engancha y es verdad”, confiesa, a sus 72 años.

Cuenta que a finales de los noventa del pasado siglo empezó a cobrar fuerza el Camino de Santiago y a él, que trabajaba en una entidad bancaria de Carballiño, en Orense, ya le tentaban entonces varios amigos para hacerlo. Pero siempre decía que no y que lo recorrería entero cuando realmente tuviera tiempo para ello. Dicho y hecho: en 2002, a los 54 años, se prejubiló y, en 2004, inició su primera peregrinación, desde la localidad francesa de Saint Jean Pied de Port. “Compré una guía que recomendaba empezarlo allí. Fui con la idea de hacerlo una vez, pero me gustó y ahora es todos los años”, apunta.

En su caso no hay una motivación religiosa, sino más bien el gusto por superarse a sí mismo: “Al principio lo hice por aventura y ahora es un reto, por afán de superación”. Le sirve además para mantenerse en forma física, ya que se prepara todo el año. Cada día hace una caminata de catorce kilómetros, lo que él llama “mantenimiento”, pero, un mes y medio antes de lanzarse al Camino, sube el ritmo y se prepara realizando entre dieciocho y veinte kilómetros diarios. Siempre elige la primavera para la peregrinación, a excepción del año pasado, cuando, por el covid, lo pospuso a septiembre.

No es necesaria una planificación muy estricta del itinerario, pues le gusta “ir sobre la marcha”. “Si me apetece andar treinta kilómetros, bien. Y si son solo veinte, pues veinte”, explica. Eso sí, siempre adaptándose a los albergues disponibles, pues le gusta alojarse en este tipo de establecimientos.

Tras tantos años en ruta ya ha hecho todos los caminos del norte y diferentes variantes. Entre sus favoritos está el Primitivo, aunque disfruta con todos y, en general, le pone buena nota a los tramos asturianos. Le gustan menos las partes muy concurridas, como la gallega, convertida a veces es una “romería” a Santiago, comenta. “Los últimos cien kilómetros son agobiantes”, dice.

En el otro lado están las vías en desuso como el “Camino viejo”, de Bilbao a León, que transitó hace años. “Los peregrinos más auténticos buscamos los caminos más raros”, añade.

El portugués, en mayo

Su idea este año es realizar en mayo el Camino portugués, desde Lisboa. Es su mes predilecto pues, dice, los días son largos y el tiempo más favorable. Desde la capital portuguesa tiene por delante algo más de seiscientos kilómetros, que espera hacer en veintitrés días. Su récord está en los treinta y tres que tardó en concluir la ruta desde Sevilla, que suma 970 kilómetros.

Anécdotas cuenta a cientos, especialmente con peregrinos extranjeros, a los que conquista hablando de sus viajes por Europa. Y eso, pese a no hablar idiomas. También le llama la atención haberse encontrado en tres ocasiones con peregrinos con los que coincidió otros años, algo difícil para alguien que cada vez cambia de ruta.

El veigueño camina siempre solo y no lleva ni libros, ni siquiera una radio para animar la ruta. Su móvil es de los más básicos, así que solo lo usa para hacer llamadas y no tiene ninguna foto de sus recorridos, de los que tampoco se trae recuerdo alguno, a excepción de las “Compostelas”.

En su mochila, siempre a cuestas, lleva tres mudas, unos playeros para cuando llega al destino y se quita las botas y un cortavientos. Un bastón de fibra completa su ligera equipación. Confiesa que lo que más disfruta es conversar con peregrinos o con los lugareños que se va encontrando a su paso.

¿Hasta cuándo seguirá haciendo el Camino? “Hasta que las piernas o el corazón digan que no pueden”, concluye.

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