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La Casa de Graña busca nuevos dueños

La propiedad del palacio veigueño, del siglo XVIII, lo tiene en venta: “Hacemos lo que podemos para mantenerlo, pero es enorme”

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Vegadeo buesca nuevos dueños para una de sus grandes casonas Tania Cascudo

El tiempo parece haberse detenido en la Casa de Graña, en Vijande (Vixande, en la toponimia oficial de Vegadeo). Esta imponente casona del siglo XVIII, una de las edificaciones más emblemáticas del concejo veigueño, mantiene intactas muchas de sus estancias y permite viajar a otra época e imaginar el poderío que tuvo esta impresionante construcción, que fue sede del comercio arriero de la comarca.

“Aquí todo es enorme y ese es el problema”, dice la madre del actual propietario de esta casona levantada en 1750 por Pedro Lastra, de ahí que también sea conocida por Casa de Lastra. Del titular primero pasó a manos de su hijo Benito que, a su vez, la dejó en herencia a Alejandro Lastra. Éste último se casó con Modesta Graña y, desde entonces está en manos de la misma familia. El inmueble estuvo habitado hasta hace una década y, ahora, busca comprador, aunque los dueños prefieren no hablar de cifras pues están abiertos a negociar y a estudiar cualquier oferta.

Una sala de estar, en la que se aprecian los frescos de la pared.

Una sala de estar, en la que se aprecian los frescos de la pared.

No le han faltado pretendientes en los últimos años, aunque no ha terminado de fraguarse ningún acuerdo, así que los Graña miman el edificio para evitar su deterioro. “Hacemos lo que podemos para mantenerla y que al menos no tenga goteras”, confiesa la propietaria, a la que se le van las horas “descubriendo curiosidades” de esta magna edificación. Sobre el palacio hay infinidad de leyendas y rumores, pero muy pocas certezas, pues no se ha hecho nunca una investigación rigurosa sobre la historia o el papel que jugó a lo largo de los años este edificio de 4.000 metros cuadrados construidos (1.000 metros por planta).

Una de las habitaciones.

Una de las habitaciones.

“Aquí te pierdes en el tiempo”, señala la propietaria y no le falta razón. Hay estancias que impresionan especialmente, pues conservan desde mobiliario o prendas de la época a los más variados objetos antiguos, como un bote de pastillas o antiguas monturas. También cuenta con una lareira tradicional de importantes dimensiones. Y es que, no era una vivienda al uso, sino más bien una especie de centro comercial de la época pues, en la propiedad se disponía de taller de carpintería, forja, cuadras, molino, graneros…En la entrada principal se localiza una capilla en honor a San Nicolás y, en tiempos de esplendor de la casona, llegó a contar con cura propio. Otra de las curiosidades es el retablo, de 1784.

Detalle de un lavabo antiguo.

Detalle de un lavabo antiguo.

“Se decía que se podía llegar hasta La Coruña solo atravesando propiedades de la casa”, añade la dueña haciendo referencia al poderío que tenía la casona. De hecho, cuenta también que entre la documentación que tiene recogida en su casa hay una carta de Alfonso XIII solicitando a la entonces propietaria, Modesta Graña, permiso para veranear en el palacio, algo a lo que la mujer, siempre muy discreta, se negó.

Una de las leyendas más famosas que pesan sobre el edificio es la que dice que cuando se construyó tenía 365 ventanas y que un rey mandó cerrar alguna para que no superase al Palacio Real. “Creo que más que ventanas son huecos, pero no los conté y aún estoy descubriendo algunos ahora”, señala la mujer.

Vista general del palacio desde la carretera principal de Vijande.

Vista general del palacio desde la carretera principal de Vijande.

De la Casa de Graña no solo impresionan sus estancias interiores, con suelos de castaño y hasta frescos originales en algunas paredes, sino también los exteriores. Se conservan cabazos, fuentes y hasta un lavadero. La casa es una oportunidad de sumergirse en la vida de antaño y poder cruzar sus puertas, un auténtico privilegio.

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