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La ría del Eo, de bote en bote

Los castropolenses aspiran a que la Unesco declare la navegación tradicional con vela latina Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

El carpintero Martín González, reparando una lancha en su taller.

El carpintero Martín González, reparando una lancha en su taller.

“Para la gente a la que le gusta navegar, navegar de verdad es hacerlo a vela. Eres tú, el viento y el agua”, señala el empresario naval Álvaro Platero, al frente de un proyecto cultural castropolense que busca que los botes de vela latina, embarcaciones de madera tradicionales y típicas de la ría del Eo, sean distinguidos por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

“La navegación en bote de vela es algo muy bonito, que tiene un encanto especial: son de madera, no hacen ruido... Además, la ría si vas muy deprisa se acaba en seguida. Yo tengo todo tipo de barcos, pero cuando estoy solo y quiero dar un paseo y disfrutar me cojo el bote”, añade Platero, cabeza visible de la recién creada Asociación Cultural del Bote de Vela Latina de Castropol. Además de aspirar al distintivo de la Unesco, tienen otros planes como potenciar una escuela taller dedicada a la construcción y reparación de estas embarcaciones, crear un museo que enseñe su valor y hasta impulsar un puerto para la villa castropolense que atienda a la singularidad de esta flota artesanal.

Trabajar en la defensa de este tipo de embarcaciones, que define como “auténticas joyas” por su singularidad, le hace especial ilusión a Platero. No en vano, la semilla de su empresa, la próspera Astilleros Gondán, fue un astillero de ribera en la localidad castropolense de Berbesa. Allí, su bisabuelo, Francisco Díaz, construía en el siglo XIX estos pequeños botes. Muy cerca de allí, en El Esquilo, sobrevive Astilleros Pacho, el último de ribera de Asturias y uno de los pocos, si no el único, del Cantábrico. “Sería un dolor que se perdiera esta tradición, vamos a tratar de que se conserve el oficio”, señala Platero.

Al frente de Astilleros Pacho, popularmente conocido por “Los Pachos”, está Martín González, la tercera generación de una saga familiar de carpinteros de ribera que ha elaborado con sus manos más de 900 embarcaciones. Pese a la situación derivada del covid, no se queja de trabajo, de hecho cree que la pandemia ha propiciado nuevos encargos: “Este verano hubo muchísimo movimiento, como no se pudo ir tanto a la playa, mucha gente optó por el bote”.

El artesano también es uno de los socios fundadores del nuevo colectivo y está satisfecho con este movimiento social en defensa de la vela latina (en realidad, la que abunda en el Eo es la mística, que tiene forma trapezoidal). “Está bien intentar defender esto. Tengo 45 años, no soy eterno y esto no es un negocio que se aprenda de hoy para mañana”, señala, al tiempo que advierte de la dureza del oficio, totalmente artesano. De hecho, tarda una media de tres meses en cada bote.

El empresario Álvaro Platero, navegando con su amigo Javier Seijo.

El empresario Álvaro Platero, navegando con su amigo Javier Seijo.

Cuenta este carpintero castropolense que el origen del bote en la ría está ligado a la pesca, aunque ahora es fundamentalmente una embarcación de recreo. “Los pescadores llegaban con ellos hasta Navia, y eso tiene mérito, porque si se queda el viento hay que remar. Cambiaron los materiales pero los botes son iguales, conservan su esencia y yo hago los botes igual que mi abuelo”, explica de estos barcos, muy versátiles, pues además de vela y remo suelen llevar un pequeño motor fueraborda.

Confiesa que lo más difícil es conseguir materiales, ya que requiere madera especial, como, por ejemplo, troncos curvos para hacer las costillas del bote: “Antes había demanda, pero ahora los maderistas no se paran y cuesta un triunfo encontrar los materiales”.

La competencia directa de estos barcos son los de fibra, elegidos por su menor mantenimiento, pero de incomparables sensaciones. Lo dice Julián Fernández, otro impulsor del colectivo: “El bote de madera navega mejor, si se pierde es por comodidad”. Coincide con Martín en que navegar por el Eo es una auténtica terapia. “La tranquilidad que te da salir a navegar con uno de estos botes no hay dinero que la pague”, dice el artesano.

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