Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Andrea Rodríguez no renuncia a su sueño entre motores

“Prefiero hacer lo que me gusta aunque el camino sea duro”, dice la joven naviega, única chica que estudia Electromecánica en Luarca

Andrea Rodríguez, la única chica que estudia Electromecánica en Luarca: “Prefiero hacer lo que me gusta aunque el camino sea duro” Ana M. Serrano

Andrea Rodríguez Suárez, naviega de la localidad de Polavieja, tiene 17 años y muchos sueños por cumplir. En concreto, aspira a ser mecánica en un concesionario oficial de una marca importante de vehículos, a trabajar en un sector en el que, tradicionalmente, hay más hombres que mujeres. Este curso estudia primero del ciclo medio de Formación Profesional de Electromecánica en el instituto Carmen y Severo Ochoa, de Luarca, con otros siete compañeros.

En los últimos años se matricularon en estos estudios solo hombres. “Es la tendencia”, resume el titular del departamento, Javier Cagide, que da la bienvenida, “como no podía ser de otra forma”, a todas las personas interesadas en esta rama.

En la aula, Andrea Rodríguez es una alumna más, dice otro profesor. “Y la líder, porque se interesa mucho, estudia mucho y son cosas que el resto valoran”, añade. Ella tiene una visión diferente del curso y del escenario donde, día a día, trata de aprender sobre mecánica de vehículos.

“Fue difícil, sobre todo al principio”, confiesa la joven. Durante los primeros meses la diferencia de sexo fue una barrera. En los recreos “cerraban el círculo y yo me quedaba siempre fuera y si quería entrar, los que estaban a mi lado se separaban”, cuenta risueña e intentando bromear al recordar lo vivido. Poco a poco, “me fui sintiendo más integrada” y desde el pasado diciembre, estima, “formo parte del grupo”. Es decir, sale con el resto de compañeros al recreo y comparte, además de estudios, anécdotas, conversaciones y grupo en las redes sociales.

Andrea Rodríguez opina que el camino “no es ni probablemente será fácil, porque sé que hay pocas mujeres que se dedican a esto”. Pero no está dispuesta a renunciar a lo que le gusta y al empleo “que me apasione”. “Lo tengo claro y aunque sé que ser la ‘única’ es un camino más duro, no pienso renunciar; prefiero estudiar lo que me gusta a lo aceptado socialmente”, insiste.

La naviega empezó a interesarse por el mundo del motor gracias a su padre. Su hermano, cinco años mayor que ella, también tiene predilección “por la mecánica de coches y motos”. “Crecí con ello y me gusta mucho”, dice. En cuanto pudo se matriculó en el ciclo de Electromecánica, en Valdés. Cursó primero de Bachillerato en el instituto de enseñanza secundaria Galileo Galilei de Navia. Sus mejores amistades, amigas, “estudian todas Humanidades”. “Las mujeres en general no se asustan ni juzgan mi elección, lo ven más normal que los hombres”, señala. “Tal vez a ellos la sociedad les enseña otra cosa y entiendo que les resulta más complicado entender algunas cosas porque todo, en general, les predispone a otra cosa”, reflexiona.

En este camino para decidir estudios ha tenido “todo el apoyo” de su familia, la principal valedora de sus sueños. “Sin el apoyo incondicional de mis padres tal vez no hubiera podido”, opina. En los peores momentos ellos estuvieron cerca, como gran apoyo.

Para hacer una foto en solitario que ilustre este reportaje Andrea Rodríguez elige el aula donde están colocados varios motores, aparatos que ya conoce a la perfección gracias a su estudios y dedicación. Antes invita a todos sus compañeros a posar juntos. Todos aceptan. Mientras realizan un cambio de aceite en el taller, comparten bromas. Ella discute con un compañero sobre el giro para aflojar una tuerca. Las manos se manchan de aceite durante toda la jornada, pero no importa. “Los que nos dedicamos a esto sabemos que ocurre”, dice mientras señala que aspira a cursar el ciclo superior de la misma modalidad.

Compartir el artículo

stats