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La vuelta al mundo sin salir del geriátrico

Una residencia de Luarca incorpora unas gafas de realidad aumentada que permiten a los usuarios un viaje virtual a otros lugares

Laura Arena detalla lo que ve de Santander en presencia de Lucrecia Menéndez, Verónica Martínez y Olga Fernández, ayer, en la residencia Abhal de Luarca. | A. M. Serrano

Laura Arena detalla lo que ve de Santander en presencia de Lucrecia Menéndez, Verónica Martínez y Olga Fernández, ayer, en la residencia Abhal de Luarca. | A. M. Serrano

La pandemia pasó factura al bienestar emocional de la mayor parte de los residentes en instalaciones geriátricas, pero en la residencia de Luarca no se resignan y creen que la penosa situación se puede revertir con trabajo y terapias. “Seguimos pensando en qué podemos hacer, en cómo mejorar, en cómo ganar calidad de vida para los usuarios”, resume la terapeuta Goretti Fernández.

El nuevo estímulo llega de la mano de unas gafas de realidad aumentada, donadas por la asociación Lares a través de las subvenciones con cargo al IRPF. A lo largo de los últimos meses, demasiados músculos no recibieron los estímulos ni la atención necesaria. No fue posible realizar tanto ejercicio como antes y tampoco desarrollar con plenitud talleres destinados a la mejora cognitiva. En este sentido, las gafas para ver imágenes en tres dimensiones y con todo el campo visual del ojo humano “han resultado un éxito”.

“Con ellas hablan entre ellos de lugares que visitaron o visitan, ejercitan la memoria y se les ve contentos”, dice Goretti. Y para ejemplo, la experiencia de Lucrecia Menéndez, una vecina da Luarca de 92 años que se quedó “asustada” con un documental sobre la flora y la fauna del fondo marino. “Me impactó mucho el color que hay ahí abajo; no sabía que el fondo del mar era así”, dice convencida de que gracias a la gafas ha pasado “un buen rato” y, además, ha ampliado conocimiento sobre ese mundo, el marino, que tanto le llama la atención. Durante la sesión, las terapeutas invitan al que disfruta de las gafas a a describir lo que ve. El resto de los compañeros escuchan atentos. “Veo un tiburón; increíble; qué colores, qué plantas”, continúa Lucrecia Menéndez durante su visionado.

María Luisa Martínez “visita” Londres mientras hace ejercicio en la bicicleta estática. | A. M. Serrano

En la residencia están “encantados” con estas nuevas gafas que acercan a los residentes a lugares donde fueron felices o de los que son oriundos. Laura Arena es de Santander y ayer visitó de nuevo la ciudad de forma virtual. Al final, se emocionó. Observó lugares donde se reunía con su familia, donde pasaba parte del verano o fechas especiales. “Ahora ya no estoy allí”, dijo triste, pero también interesada en conocer los cambios de la ciudad y en recordar lugares donde fue feliz.

María Luisa Martínez también se apuntó a la experiencia: mientras hace bicicleta visita Londres. “Cuéntanos qué ves”, insiste la terapeuta Goretti Fernández. Mientras hace ejercicio dice “vivir” la ciudad.

Remedios González, quien vivió durante dos décadas en Rosario (Argentina) decide “volver” a Mar de Plata, “donde veraneábamos”. “¡Cómo ha cambiado todo!”, exclama. Cambio de persona, cambio de gafas de nuevo y cambio de temática. Olga Fernández, animada por lo que cuenta Lucrecia Menéndez, se anima a ver el documental del fondo marino. Le gusta conocer cómo se desplazan los peces e imaginar que están “tan cerca”. “Qué guapo es”, asevera.

“Nos da mucha vida esto”, resume Lucrecia, mientras cierra sesión para disfrutar de la merienda, sabedora de que el próximo día conocerá otro rincón del mundo sin moverse de Abhal.

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