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El “argayón” pone al límite los negocios de La Espina, sin visitantes ni transportistas

“Hay clientes que no vemos desde hace un mes”, claman la hostelería y el comercio de un histórico núcleo de paso y parada, ya golpeado por el covid

Pilar Riesgo y Manuel Alonso, en el bar que regentan en La Espina.

Pilar Riesgo y Manuel Alonso, en el bar que regentan en La Espina. Sara Arias

Por tradición, la localidad de salense de La Espina ha sido siempre un nudo de comunicaciones debido al paso de la carretera N-634 hacia Luarca, la costa y Galicia, y derivando el tráfico a Tineo por la AS-216. Esto la ha convertido en un histórico y tradicional punto de paso, de parada a tomar un café o almorzar para viajeros y transportistas. Pero desde que el “argayón” bloqueó la vía a la altura de Casazorrina no pasan ni la mitad de los vehículos que antes. Y ello ha tenido un gran impacto en el sector hostelero y comercial. Cuando empezaban a ver algo de luz con la relación de las restricciones de la pandemia, el pueblo está como un erial. Temen que, si no se apura la construcción del paso alternativo para mediados de julio, ni el turismo ni los transportistas lleguen.

José Avelino Pérez, en el comedor de su restaurante, a medio gas, en La Espina (Salas). | S. Arias

José Avelino Pérez, en el comedor de su restaurante, a medio gas, en La Espina (Salas). | S. Arias S. ARIAS

“Tenemos reservas, pero de peregrinos. De la gente que conocemos que solía venir, de momento, nada, por eso se tiene que abrir ya. cuanto antes”, señala José Avelino Pérez, dueño de un bar-restaurante con alojamiento. Un negocio de comidas en el que paran muchos camioneros y transportistas; pero desde que no pasa nadie por La Espina dan entre 15 y 20 comidas menos al día. Y eso se nota en la cuenta mensual. También tiene estanco y venta de Loterías y “se nota muchísimo” el bajón de ventas. Además, vive el bloqueo de la carretera con mucha incertidumbre: “No sé yo si se va a abrir en verano, parece que están poniendo pocas ganas con una minipala nada más allí”, lamenta.

Vanesa Fernández Vijandi, detrás de la barra de su negocio.

Vanesa Fernández Vijandi, detrás de la barra de su negocio. Sara Arias

A la entrada del pueblo está la rotonda donde terminará la futura autovía desde Oviedo, aún considerada carretera nacional y con sólo un carril construido por el que se circula en doble sentido a la espera de la dotación del segundo vial, en obras. Al igual que el tramo Cornellana-Salas donde se originó el “argayón”. La glorieta de entrada a La Espina y de acceso a Tineo que hasta el pasado 16 de abril parecía un tiovivo, desde que se produjo el desprendimiento ve pasar los coches y camiones con cuentagotas. Y eso lo notan en el bar y supermercado cercano, donde las ventas se han reducido a la mitad.

“Todas nuestras esperanzas están puestas en la obra del bypass porque con lo del covid ya bajáramos bastante y con esto ya se acabó”, dice Pilar Riesgo, su propietaria. Parte fundamental de la clientela del bar son los camioneros y transportistas que hacen parada en su local para desayunar y almorzar pero con los desvíos obligatorios por la AS-15, conocida popularmente como el Corredor del Narcea, no se les ve le pelo.

“Hay clientes que van al polígono de La Curiscada, en Tineo, a los que no vemos desde un mes. Es como estar en medio de la nada por eso el paso alternativo tiene que estar listo para principios de julio mejor que para mediados”, afirma.

Es el grito unánime de los habitantes de Salas y Tineo, que sienten un total abandono en comunicaciones con una autovía que lleva 20 años en construcción, a tirones, a la que se suma ahora y el bloqueo de la nacional, su principal día de circulación. Y el hartazgo es evidente, como se demostró en la manifestación de la pasada semana en Oviedo.

El argayo, en Casazorrina.

“Queremos creer pero es vergonzoso que esté la nacional cerrada”, asegura Carmen Francos, dueña de un supermercado. Llevan tantos años de espera por la autovía que la construcción del paso alternativo al “argayón” lo miran de reojo. “Esperemos que cumplan y se pongan, pero ya se sabe que las obras de palacio van despacio pero la construcción tenía que haber empezado primero”, cuestiona. A lo único que se agarran es a los peregrinos, cuyo goteo lento comienza a notarse a lo largo del Camino Primitivo, y al turismo, que el año pasado funcionó muy bien en la comarca. “Es la incertidumbre que tenemos”.

Por eso hacen un llamamiento a la gente para que acuda pese al rodeo que están obligados a dar para acceder a La Espina. Bien sea para comer el fin de semana o a los turistas que llegarán próximamente. La hostelera Vanesa Fernández Vijandi lo ve así porque las ventas en su negocio “están bajando, lo notamos muchísimo sobre todo al mediodía y en los desayunos”. Pero lo que urge es que se construya ya el paso alternativo al argayo, que está pendiente de los acuerdos de indemnización con los propietarios de los terrenos afectados en Casazorrina que van a buen ritmo.

Con todo, se hace todavía muy largo y difícil esperar al verano para los negocios de estas localidades como La Espina por las que ahora ya no pasa casi nadie.

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