“A todo el mundo le gusta y es increíble que la inmensa mayoría de los tapiegos no conozcan este lugar”, subraya el párroco tapiego, Jorge Luis Fernández, mientras contempla las espectaculares vistas que ofrece la torre de la iglesia de Tapia. Una de las singularidades de esta edificación, concluida en 1946, es que está coronada por un Sagrado Corazón de Jesús de cuatro metros de alto, popularmente conocido como el Santón. Este 2021 se cumple el ochenta aniversario de su inauguración y bendición, acontecimiento que la parroquia tapiega celebra organizando por primera vez visitas guiadas a esta privilegiada atalaya, a 32 metros de altura.

Una de las imágenes de dron que encargó la parroquia para promocionar las visitas. | Foto Juanma

Fue el cura quien descubrió el aniversario hojeando viejos documentos y planteó organizar estas visitas en grupos reducidos. La acogida está siendo inmejorable: en el mes de julio han participado trescientas personas. Continuarán durante el mes de agosto e, incluso, podrían prolongarlo a septiembre si hay demanda. “Todos los que suben quieren volver. Además, sirve a muchos para vencer los miedos y la impresión que da llegar aquí. Para ellos es la aventura del verano”, dice el cura, convencido de que el Santón se ha ganado por derecho propio el cariño de los vecinos. “Es una imagen que identifica a Tapia, una especie de logotipo”, subraya el párroco, que ejerce de guía junto a otros cuatro voluntarios de la parroquia. Entre ellos, Francisco Sanjurjo que acompaña a LA NUEVA ESPAÑA por este recorrido. Ambos cuentan infinidad de detalles de la construcción de la torre, de la historia de las campanas o del pararrayos que esconde el Santón.

Francisco Sanjurjo observa cómo toca las campanas el párroco. | T. Cascudo

Cuenta el cura que la visita tiene tres objetivos: dar a conocer la torre, explicar el por qué y la historia del Corazón de Jesús tapiego y, por último, que los visitantes disfruten de unas vistas que no dejan indiferente a nadie. Fernández inicia el itinerario fuera del templo, dando unas pinceladas sobre el origen de la iglesia, cuya primera piedra se colocó el 19 de septiembre de 1896, pero no se dio por rematada hasta medio siglo después. Considera que aunque hoy no llamen la atención sus dimensiones, en su época debió de “parecer una catedral”.

En 1935, el recordado párroco Bonifacio Amago (1926-1964) tuvo la idea de embellecer la torre con una imagen de Jesús. Encargó la pieza, de cemento y refuerzos de hierro, a la empresa “El Arte Cristiano”, de Olot (Gerona), sin saber que se convertiría en un referente de la villa tapiega, un punto que se ve desde muchos kilómetros de distancia. Fernández dice que no se sabe por qué quiso coronar la iglesia con esta imagen pero supone que, siguiendo los consejos del papa Pío XI, buscó “proteger a los tapiegos con una imagen que abraza al pueblo” en unos años muy convulsos.

La imagen, hueca por dentro, llegó a Tapia en tres piezas y se desconocen los detalles de su ensamblaje o cómo se alzó a lo alto del campanario. Sí se sabe que costó 6.100 pesetas, sufragadas en su mayor parte por el párroco, salvo las últimas mil que se pagaron en colecta. Se colocó en el campanario en 1940, pero estuvo unos meses en pruebas, hasta mayo de 1941, cuando se terminó de pagar y se hizo el acto de inauguración. Queda para la historia la frase de Amago refiriéndose al Santón como “el mejor de los tapiegos”.