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El puerto de Tapia pierde una de sus mejores vistas: otro restaurante histórico que cierra

“La terraza fue un gran reclamo”, dicen Balbino Ron y Tani Méndez, que se jubilan y cierran el popular bar Casa del Mar

Balbino Ron y Tani Méndez, en la terraza del bar, justo encima del puerto tapiego. | T. Cascudo

Se podría decir que Tapia se queda sin una de sus terrazas más espectaculares. No es exageración, ya que las vistas del puerto que el bar restaurante Casa del Mar ofrece a sus clientes no dejan a nadie indiferente. Sus dueños, Balbino Ron y Tani Méndez, cerraron por vacaciones a principios de mes, pero no volverán a abrir las puertas de un negocio que pusieron en marcha en 1990.

“Lo llevamos siempre nosotros, lo inauguramos y ahora lo cerramos”, señala Ron con cierta nostalgia. Teme que nunca más se abra este equipamiento, que gestionaron durante tres décadas gracias a una concesión administrativa de la Tesorería General de la Seguridad Social. La entidad es dueña de este inmueble, con unas vistas privilegiadas del puerto, en el que también su ubica el cuartel de la Guardia Civil, el Hogar del Jubilado y la oficina del Instituto Social de la Marina. De hecho, en 2013 se vieron obligados a cerrar durante algo más de un año por el cambio de competencias del inmueble, que pasó del Principado al Estado. Sin embargo, la “buena voluntad” de los responsables hizo que pudieran reabrir. Además, en 2015 acometieron una importante remodelación en el negocio.

Los actuales gestores desconocen los planes de la Tesorería para este espacio, pero saben que, de salir a concurso de nuevo, habría varios interesados. “Hay que trabajar mucho, pero es un local que funciona”, añade Tani Méndez. El matrimonio está muy agradecido por la confianza de vecinos y visitantes en estos años: “Sin ellos no podríamos haber llegado hasta aquí. Damos las gracias a los asiduos y también a los veraneantes que cada año volvían a visitarnos. Tenemos clientes de cuando abrimos que venían con sus hijos y ahora esos hijos traen a su propia familia y eso es de agradecer”.

Los clientes acudían a la Casa del Mar atraídos por la buena cocina, donde mandaban los productos frescos de la tierra como el pulpo o el bonito, pero también por las vistas. La terraza del bar es espectacular, aunque fría en días de Nordeste, por eso, los habituales hacían cola por lograr las mesas interiores pegadas a la ventana. “La terraza y las vistas fueron un gran reclamo. Hubo colas y cabreos por estas mesas y gente que las reservaba con mucha antelación”, cuenta el matrimonio, que contó en estos años con la ayuda de su hijo Bruno.

En estos últimos meses los cabreos de la gente han ido ligados a las duras normas impuestas por el covid-19, que estos hosteleros cumplieron a “rajatabla”. “Tuvimos muchos problemas para hacer que la gente las respetara y, por eso, ganamos clientes, pero también los perdimos”, cuentan.

Ellos han visto evolucionar Tapia “de aquellos inviernos en los que no había nadie, a trabajar muy bien los fines de semana del invierno”. Aunque la mejor época siempre ha sido el verano, cuando han llegado a ser hasta nueve personas trabajando. “El balance es bueno, cada año nos fuimos superando”, dicen. Ahora dedicarán su tiempo libre a pasear, leer y disfrutar de la vida, pero tienen claro que echarán en falta el contacto con la gente desde su privilegiada atalaya del puerto: “Lo echaremos de menos, el bar es como nuestra casa”.

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