Cabras, potros y yeguas están siendo los animales más afectados por los ataques de oso en Besullo, en Cangas del Narcea. Los vecinos denuncian que prácticamente cada semana desde abril se encuentran con algún daño en sus cabañas ganaderas provocado por el oso en su mayoría y en algunos casos también por la acción del lobo. Una situación que ya consideran insostenible y piden que se les dé una solución.

“Lo único que queremos es que si hay un ejemplar de oso problemático en la zona, lo trasladen o lo espanten de las proximidades del pueblo, pero aquí nadie vino a preocuparse por lo que está pasando”, asegura David Marcos, de ganadería Manunca, que en lo que va de año suma una veintena de pérdidas, la mayoría de oso y otras de lobo, certificadas por la guardería, pero entre ellas también tiene animales que no ha podido encontrar y por los que, por tanto, no recibirá compensación.

Su última pérdida se produjo esta misma semana. Fue una potra de 15 meses que estaba lista para ser vendida. Por ella cobraría unos 900 euros; ahora la compensación que recibirá tras darle muerte el oso es de 378 euros.

“Voy a recurrir la valoración de los animales, porque ahora mismo los caballos se están pagando muy bien y los baremos de la Consejería están muy bajos”, lamenta. También hace un mes perdió un par de cabritos y dos cabras resultaron heridas en una finca dentro del pueblo, cerrada con malla ovejera, siendo el ataque certificado como obra del oso. “Se acerca al pueblo a atacar, nosotros vemos uno grande por la zona y creemos que puede ser el problemático, yo incluso lo vi correr detrás de las yeguas a las seis de la tarde”, explica.

Restos de uno de los animales atacados

David Marcos señala que su situación no es una excepción en la zona, sino que entre sus vecinos hay más afectados por los ataques de la fauna salvaje al ganado. En las últimas semanas, el oso también mató una oveja cerca del pueblo y una yegua que estaba en una finca próxima a la localidad.

En el caso de los ataques que se producen en el monte, además de lo que le supone al ganadero la pérdida del animal, le tiene que sumar el tiempo que debe dedicar a buscar sus restos para demostrar que sufrió un ataque, un trabajo que puede durar días y que en muchas ocasiones ni siquiera da resultado y vuelven a casa con las manos vacías.

Ante esta situación, David Marcos reclama que se busque una solución y tiene claro que si es necesario llevará a las puertas de la Consejería los restos de sus animales para hacer visible el problema.