Elvira López López, vecina de Tol (Castropol), cumplió ayer sus 100 años. Lo hizo presumiendo de bastante buena salud y de seguir siendo una mujer independiente a pesar de tener a su espalda un siglo de vida. “Todavía salgo a andar a la calle acompañada por la muleta”, aseveraba orgullosa.

El secreto de mantenerse tan bien cumplidos los 100 años lo desconoce, lo único que sabe es que “me tocó trabajar toda la vida, será por eso”, plantea. Un trabajo que seguro que le supuso mucho sacrificio pero que también le dio una gran recompensa, contar con dos familias que a día de hoy siguen a su lado cuidándola y acompañándola.

Tiene dos familias porque además de la suya de sangre, Elvira López dedicó toda su vida a cuidar de una familia afincada en su propio concejo primero, pero con la que luego recorrió parte de España. Ella provenía de una familia humilde de Tol. Sus padres eran los caseros del notario de Castropol y también se dedicaban al campo. Así que a ella, formando parte de una familia numerosa como eran las de la época, le tocó con tan solo 15 años entrar a trabajar para la familia, primero al servicio del notario y su mujer y después continuaría con la hija del matrimonio, a quien ayudó en las labores del hogar y, sobre todo, en el cuidado de sus cinco hijos, necesitando uno de ellos más atención por tener una discapacidad.

“Nos crió como si fuéramos sus hijos y nuestros hijos son como sus nietos, se llevan muy bien”, reconoce Segismundo Parga, que recuerda como Elvira siempre estuvo al lado de la familia recorriendo con ella media España desde Castropol a Alicante, las islas Canarias o Madrid, hasta que finalmente regresaron a Castropol.

“Para mí es una segunda madre, siempre fue un miembro más de la familia”, subraya Segismundo Parga, que recuerda cómo era ella la que se encargaba de cuidarlos, de cocinarles e incluso de llevarles de paseo. Pero no solo los cuidó siendo niños. Ya convertidos en adultos, Elvira López continuó vinculada a la familia “cuidando de mi madre y de mi hermano”, añade, sumando un total de 75 años con ellos.

Ahora vive con su hermana y sobrinas, ya que ella se quedó soltera. Pero recibe a menudo la visita de Segismundo, al que se refiere como “mi neno”, que intenta acercarse desde Ribadeo al menos cada dos días a visitarla.

“Llegó a estar muy mala, temimos perderla pero recuperó y ahora está muy bien, sigue saliendo a caminar, tiene la cabeza muy bien y también come bastante bien”, repasa Parga.

Él también es el encargado de no dejar pasar ni un año sin celebrar su cumpleaños. Así que era imposible no organizar una gran celebración para conmemorar una cifra tan redonda como el centenario. Como siempre lo hizo uniendo a las dos familias de Elvira López, en un restaurante de Tol, donde no faltó la tarta y las velas con el número 100, para recalcar el gran mérito de llegar a tan avanzada edad después de toda una vida dedicada a los demás y de intenso trabajo.

No obstante, la cumpleañera lo recuerda con cariño y subraya lo bueno: “Siempre me sentí parte de la familia, es como si fueran mis niños y aunque ya son señores mayores, sigo con ellos y siempre me invitan a todos los sitios”. En cuanto al cumpleaños reconocía sentirse emocionada al ver la familia reunida para celebrar sus 100 años.

Entre los asistentes a la celebración estaban sus hermanos, sobrinos, los hijos de sus sobrinos e incluso nietos de estos. De hecho, en la foto familiar, Elvira López tiene en su regazo sentado a uno de los más jóvenes de la familia, se trata del nieto de un sobrino, lo que para ella es como si fuera un bisnieto. Además, no faltaron a la cita lo niños, ya adultos, que ella crió acompañados también por sus propias familias, para arroparla en una efeméride tan especial para todos ellos.