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La Malva ya atesora el recuerdo del botánico José Antonio Fernández Prieto

La asociación “Yumper” descubre una placa de homenaje al científico, cuyos estudios apuntalaron la creación del parque natural de Somiedo

Antón Fernández Ceballos, hijo del homenajeado, descubre la placa junto a su madre, María Ceballos de Horno. | S. Arias

Somiedo recordará para siempre al catedrático de Botánica de la Universidad de Oviedo, José Antonio Fernández Prieto, fallecido en 2019, con una placa en la cueva de La Malva, en la ruta “La Escrita”, que pone de relieve su legado científico, con amplios y rigurosos estudios sobre la flora y vegetación de la Cordillera Cantábrica y descubrimientos de nuevas especies. Y siempre con una dedicación especial al concejo suroccidental que sirvió, además, para apuntalar las bases científicas para la creación del parque natural en 1988.

Posteriormente, como director del Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio (Indurot), participó activamente para que Somiedo se convirtiera en Reserva de la Biosfera de la UNESCO en el año 2000.

Ese papel clave en la protección del territorio somedano lo puso de relevancia su amigo Jorge Marquínez, actual director general de Biodiversidad, Bosques y Desertificación del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, quien destacó que, además de las “importantes aportaciones al conocimiento de la zona”, siempre entendió la historia e idiosincrasia de este concejo de alta montaña que tanto recorrió y estudió a lo largo de su vida. “Prieto era un estímulo, una persona con una pasión extraordinaria por el conocimiento y aquello me estimulaba un montón. Era radical, intolerante a la cobardía y a la estupidez humana”, reflexionó Marquínez.

“Era una persona con una pasión extraordinaria por el conocimiento”, según su amigo, Jorge Marquínez

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El acto, organizado por la asociación cultural para la Defensa de los Valores Humanos “Yumper”, con el respaldo de la familia y el Ayuntamiento somedano, fue muy sencillo y emotivo en la cueva de La Malva, en una mañana soleada de otoño en la que se leyeron varios poemas que dieron un punto muy especial a la jornada. Además, en un sitio muy querido para Prieto. “Le encantaba porque estaba lleno de algunas de sus plantas preferidas. Recuerdo cuando lo exploramos. Subíamos entre zarzas y llegamos aquí arriba pinchados y llenos de garrapatas”, rememoró Víctor Vázquez, amigo y presidente del colectivo ”Yumper”, que hizo de maestro de ceremonias.

Todos los presentes reconocieron que dos años después de su muerte aun recuerdan a Prieto a diario por su personalidad y su legado. Lo que, para su discípulo Álvaro Bueno, “indica el valor de su persona”. En ese sentido, destacó que Prieto era un profesor que transmitía la pasión a sus alumnos, con un aprendizaje clásico, es decir, con mucho trabajo de campo y viajes “interminables en coche”. “Tenía fortaleza, firmeza y otra virtud importante, la generosidad, porque no se callaba nada e implicaba a todos los que le rodeábamos”. Por eso animó a todos a disfrutar del legado científico que dejó Prieto, quien dio “un paso de gigante” en el conocimiento de la flora y vegetación cantábrica.

Esos estudios botánicos realizados por Prieto “son una contribución fundamental a Somiedo”, señaló el alcalde, Belarmino Fernández Fervienza, quien destacó la importancia de los descubrimientos de nuevas especies que hizo el botánico en el parque natural. Por ello, afirmó, “es un honor para Somiedo que una persona como Prieto sea recordada así”. Por su parte, Víctor Vázquez agradeció la rapidez de respuesta del Consistorio, que, en menos de 48 horas, había gestionado la instalación de la placa.

Víctor Vázquez, Belarmino Fernández, Álvaro Bueno y Jorge Marquínez, ayer, en el acto. | S. Arias

Y la cueva de La Malva, donde cuenta la tradición que parían las mujeres vaqueiras en las subidas y bajadas a las brañas de verano, forma parte de uno de los caminos milenarios de Asturias, la ruta “La Escrita”, del siglo IX, que baja desde Santa María del Puerto y llega a Pravia. Allí, para siempre, estará ya el recuerdo de Prieto. Para que los numerosos montañeros y senderistas que recorren la vía conozcan la labor botánica del catedrático.

La placa, con su rostro labrado y el reconocimiento de su legado científico, fue descubierta por su mujer, María Ceballos de Horno, y uno de sus tres hijos, Antón, aunque también Alfonso y María estuvieron presentes. Un gesto que la familia agradeció enormemente a los presentes, “porque es muy bonito y sentido”, afirmó María Ceballos. Así, como dijo Víctor Vázquez, en el futuro sus nietos podrán venir con sus amigos y enseñarles quién fue su abuelo y todo lo que descubrió para la Ciencia.

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