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Cudillero despide al cura “paciente y alegre”

Los pixuetos dan el último adiós a José Pérez Barcia, su párroco durante 50 años, en la misma iglesia donde “supo atender a todos”

Funeral por José Pérez Barcia (en el recuadro), ayer, en la iglesia parroquial de San Pedro de Cudillero. | A. M. S.

En el mismo lugar donde tantas veces durante medio siglo ofició misa y escuchó y ayudó a tantos fieles. Allí despidió ayer el pueblo de Cudillero al párroco José Pérez Barcia, fallecido el martes a los 81 años en la Casa Sacerdotal de Oviedo. Familiares, allegados, amigos y compañeros de confesión llenaron la iglesia parroquial de San Pedro para darle el último adiós y para agradecer su sempiternas “cercanía” y “alegría”.

La misa fue oficiada por el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, quien recordó la “gratitud” y el “reconocimiento” que Cudillero ofreció al religioso fallecido. Fue el miembro de la Cofradía Jesús Nazareno y San Pedro Apóstol de Cudillero, José Luis Rodríguez, el encargado dedicar unas palabras al fallecido y representar al pueblo. Lo hizo en el atril, casi al término de la misa, ante un público triste.

“Supo atender a todos; agradecemos su esfuerzo y su ayuda a las familias con problemas de drogas; su cercanía y consuelo a las familias de los marineros que nunca volvieron”, leyó Rodríguez. Recordó también el hacer más campechano del lucense de origen (nació en Vilaseca, en Negreira de Muñiz, aunque pasó la mayor parte de su vida en Asturias), quien apoyó iniciativas culturales y sociales de destacada importancia en el concejo hasta su jubilación, el pasado enero. Entre su logros, enunció la creación del coro mixto, de la cofradía religiosa, de la extensa comunidad parroquial. Tampoco se olvidó de su respaldo a las fiestas locales y su firmeza al dejar que la talla de San Pedro, imagen religiosa, acompañara desde cerca el sermón de L’Amuravela. “Nos enseño a ser buenos con alegría y con paciencia”, destacó el miembro de la Cofradía. Tal vez por todo ello, dijo al final Rodríguez, la despedida en vida no fue “la que muchos desearíamos ni la que se merecía”.

José Pérez Barcia. Ana M. Serrano

Siguió a estas palabras un largo aplauso que hizo a muchos emocionarse. José Pérez Barcia se fue siendo lucense de origen, pero “un pixueto más”, el mejor ejemplo de hijo adoptivo del concejo, título que ostentaba. Su iglesia se quedó pequeña para las centenares de personas que llenaron los bancos, mascarilla mediante. Muchas tuvieron que seguir de pie la misa. “Siempre recordaré su cariño”, afirmaba, al término de la misa, una vecina de Cudillero.

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