La naviega Teresa Blanco, de 59 años, ya tiene terapia para su dolor crónico, ese que la mantiene alejada de una vida “clásica”. Ella pinta por las noches y se olvida “de todo: es mi escape”.

Cuenta que llegar a este punto no fue fácil y ayer, tras la inauguración de una exposición con varias de sus obras en la sala de exposiciones de su tierra natal, se atrevió con un consejo: “Si sientes dolor sea físico o emocional por algo, busca un hobby, eso que te llene”.

Cuenta esta pintora amateur que no vende cuadros pese a las fieles recreaciones que hace de grandes maestros de este arte y no tiene tapujos a la ahora de hablar de un infancia difícil, en la que había que trabajar “y tirar con todo”.

Con 12 años expuso una colección de sus pinturas en el Casino de Navia y el pintor Álvaro Delgado vio su talento. El artista propuso a su familia dejar que la joven se formara en Madrid. “Pero nada de nada”, cuenta. Más tarde, tuvo que dejar el instituto “porque así lo hizo mi hermano y se decidió en casa que yo tenía que seguir por el mismo camino”, dice Teresa Blanco, crítica con aquella situación.

Con 18 años se casó y su matrimonio duró diez años. Empezó a estudiar más tarde y se hizo con tres títulos: auxiliar de enfermería y de psiquiatría y peluquería sin dejar de trabajar en un hotel de Navia ni de criar a sus dos hijas. Se jubiló con 52 años aquejada de fibromialgia, polimialgia, Sjögren y hernias discales con riesgo alto en caso de operar. “Ahora me dedico a la pintura y es una de las cosas que más me liberan”, manifiesta mientras cuenta que vive con dolor crónico que necesita de largas horas para que su cuerpo se pueda movilizar por las mañanas.

Sus obras se pueden ver en el espacio cultural “El Liceo” de Navia durante las próximas semanas. Se trata de pinturas en acrílico. Unas son creaciones propias y otras reproducen con fidelidad obras de autores como Gustav Klimt, Pablo Picasso o Joan Miró. Son “mi inspiración”, dice.