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La Autovía Vaqueira, camino del olvido

Los retrasos en la vía de La Espina y la prioridad a su continuidad hacia León relegan la conexión de la A-63 con la Transcantábrica en Valdés

Obras de la autovía Salas-La Espina.

La Autovía Vaqueira va rumbo al olvido. El proyecto para conectar el "fondo de saco" de la A-63 en La Espina (Salas) con la Transcantábrica (A-8) a la altura de Canero (Valdés) ha quedado relegado en los planes del Ministerio de Transportes. La prioridad en Madrid está clara: terminar los tramos en construcción de la A-63 (Oviedo-La Espina) en el concejo salense. Mientras, el Principado de Asturias ha encargado un estudio de alternativas viarias para unir La Espina con Valdeprado, en León, dando una salida al Suroccidente hacia la Meseta. El trazado hacia Valdés se ve relegado y sin visos de hacerse realidad como no sea muy a largo plazo.

"Lo que urge es terminar la Autovía Oviedo-La Espina con las dos calzadas", señala el alcalde de Salas, Sergio Hidalgo, muy crítico con el trato que da el Gobierno de España a las vías de comunicación de la comarca.

Mientras la Autovía Vaqueira se difumina, las obras de la A-63 acumulan años de retraso. La infraestructura sale de la capital asturiana y concluye en Cornellana. Desde ahí y hasta Casazorrina (Salas), el tráfico circula por la N-634 mientras, en paralelo, se desarrollan los trabajos en un tramo de autovía de seis kilómetros y cuya apertura se prevé para el año 2023. "Tal y como está la cosa, la impresión que me da es que no van a llegar a tiempo, porque tuvieron que ampliar el presupuesto y modificar el proyecto para hacer una escollera enorme en Villazón a fin de evitar que la autovía se les venga abajo", apunta Hidalgo.

Todo ello sin olvidar que para concluir las labores en este tramo es preciso retirar el conocido como "argayón" de Casazorrina que, en abril de 2021, sepultó la caja de la autovía y la carretera N-634, dejando bloqueado el paso hacia Salas, Tineo y Allande. Fue necesario construir un paso alternativo para sortear el impresionante desprendimiento que aplazó las fechas previstas de apertura de la autovía.

Así, desde el 15 de julio del año pasado, las labores se centran en contener y reforzar la ladera, quedando todavía pendiente retirar las toneladas de tierra y rocas que cayeron e impidieron continuar con la obra en este punto kilométrico.

Después, de Casazorrina a La Espina, con doce kilómetros de tramo, el avance es irregular. Solo está en funcionamiento la primera calzada, abierta a la circulación en doble sentido. Durante el último año estuvo cerrada debido a la demolición del puente de La Barrosa por deficiencias técnicas a cuenta de la entrada de agua en los cargaderos a los diez años de la construcción. La situación obligó a rehacer la infraestructura, retrasando, una vez más, el cronograma de la A-63.

En la actualidad, está previsto que en torno al próximo mes de septiembre se abra la segunda calzada. Pero solo entrarán en funcionamiento 4,9 kilómetros hasta el viaducto El Regueirón. "Después, hasta La Espina no hay ni proyecto, ni previsión de licitarlo ni absolutamente nada. Me temo, y espero equivocarme, que los dos carriles van a tardar en llegar a La Espina. Vamos a luchar sin descanso por ellos", advierte el regidor salense.

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