No hace falta vivir en una tierra donde se produzca sidra para ser sidrero. Es la máxima que defiende Navia, villa que ayer celebró con gran éxito de participación el vigésimo festival dedicado a la bebida asturiana por excelencia.

La asociación Sidreros Naviegos se encarga de los pormenores de un encuentro «familiar» para algunos y «especial por ser el primero de las fiestas patronales» para otros, pero, sobre todo, «asturiano porque con él tratamos de reivindicar la sidra y su cultura», afirma el presidente del colectivo, Rubén Fernández. A su juicio, el certamen ya consolidado es «lo máximo».

A las seis de la tarde la explanada de la Dársena olía a sidra y a fiesta. Las madrileñas con raíces en Navia Sara Pérez, María Rojo, Lucía Álvarez y Beatriz Fernández no escondían las botellas que tenían preparadas para la ocasión. «Solo bebo sidra hoy en Navia», confesó la última. Hacerlo en el festival naviego tiene «algo especial» porque es una cita familiar «donde no somos ni muchos como en la jira ni pocos, somos los justos, los de siempre», añadió Beatriz Fernández.

Por la izquierda, Eduardo Álvarez, Francisco Córdoba, Angelines Pérez y Fátima Córdoba. ANA SERRANO

En el encuentro se dieron cita personas de todas las edades. No faltaron familias enteras como la dirigida por los bisabuelos Angelines Pérez y Francisco Córdoba. La primera, naviega de toda la vida. El segundo, madrileño pero afincando desde hace casi setenta años en Navia. Ambos aseguraron disfrutar de la jornada porque es un excusa para reunir a la familia y, además, este año «era esperadísima». En la Dársena bebieron sidra y comieron empanada casera con hijos, nietos y bisnietos. En total, diecinueve personas. «Si nos gusta beber y comer, tenemos que estar aquí y estamos aquí», señaló sonriente el yerno, Eduardo Álvarez, quien como parte del atuendo sidrero llevó un collar para portar el vaso.

La bebida asturiana por excelencia no faltó en ningún rincón de la Dársena. Hubo grupos que la trajeron de casa, pero la organización también ofreció la posibilidad de beber hasta que se acabaran las reservas por tres euros el precio del ticket, con el que se compraba un vaso, un pañuelo, una pulsera y el pase para la cata en la que participaron sidrerías de toda Asturias. Se repartieron 1.980 botellas. Para Rubén Fernández, todo se hace para mostrar la cultura sidrera del Occidente. «Se dice que aquí no bebemos sidra, sin embargo hacemos este festival y eso será por algo», afirmó.

Por la izquierda, María Rojo, Sara Pérez, Beatriz Fernández y Lucía Álvarez, en el festival de Navia. ANA SERRANO

 Desde hace algunos años, la organización también se pone como meta promocionar la música asturiana. Varios grupos de folk animaron la tarde desde el escenario instalado de la Dársena, cerca de donde se escanció la sidra gracias al esfuerzo de cuarenta personas. Todo ello resistiendo a la amenaza de lluvia.