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Emotivo adiós a las aulas del Pedro Penzol

María Elena Fernández-Campoamor, un referente en la etapa de Infantil del centro de Puerto de Vega, se jubila tras 37 años en la docencia

María Elena Fernández-Campoamor, con su guitarra, en el colegio Pedro Penzol. | A. M. Serrano

Se jubiló la maestra de infantil del colegio público Pedro Penzol de Puerto de Vega, María Elena Fernández-Campoamor, y lo hizo muy "agradecida". "Agradecida a los equipos con los que me tocó trabajar, al pueblo en general, a las familias y, en especial, a todos mis alumnos", dice con una sonrisa primero, con lágrimas de emoción después y todo con mucho sentimiento.

La veterana de la enseñanza en Puerto de Vega es conocida por trabajar desde hace 37 años con el sistema de proyectos en la etapa infantil –formar en competencias en los estudiantes a través del desarrollo de iniciativas en grupos– y por involucrar a la escuela con el pueblo y las familias. Dice adiós a su larga "y feliz" etapa laboral con 60 veranos recién cumplidos y dice por qué. Porque puede hacerlo tras casi cuatro décadas trabajando y porque tres hernias "no me dejan hacer físicamente lo que necesitan los niños de edades tempranas".

María Elena Fernández-Campoamor estudió Magisterio por vocación gracias al esfuerzo familiar. Procede de una familia "humilde", en la que "no siempre se llegaba a todo", pero sus padres siempre se esforzaron por algo: "De herencia te dejamos esto, tus estudios". Se esforzó también la ahora maestra jubilada por aprobar la carrera pronto, ponerse sin perder tiempo a preparar las oposición y lograr un puesto de trabajo en un colegio del Occidente asturiano. Recuerda sus años de universitaria, cuando "no salía ni apenas disfrutaba de la vida de estudiante en Oviedo porque prefería ahorrar y guardar el dinero para volver a casa de visita".

Siempre fue muy familiar y cuenta con alegría que tuvo una hermana cuando ella contaba 10 años. Ya entonces disfrutaba de cuidar a su hermana menor. Los destinos laborales llevaron a María Elena a muchos rincones de la comarca y de otros puntos. Ella los enumera de memoria: al colegio Ramón Muñoz de Luarca, al colegio de Carbayín Bajo, en Siero, a una pequeña escuela rural de Candás, a Llaranes de Avilés, a Trabada de Villayón, a Villapedre, Andés, Vegadeo y, finalmente, a Puerto de Vega, su pueblo natal. En esta localidad naviega desarrolló el resto de su carrera y recuerda con especial emoción los inicios de aquella etapa.

Se encontró en Puerto de Vega con profesionales que deseaban educar "como yo" en la primera infancia: "Vicky y Pilar, dos referentes para mí". Con ellas empezó a trabajar por proyectos, enseñando conceptos de distintas materias al hilo de un tema central. Sus enseñanzas y su metodología pronto empezaron a conocerse y en un mundo, el de entonces, sin internet, el boca a boca funcionaba. "Trabajábamos sin libros, hoy estamos obligados por ley a hacer proyectos, pero entonces era una novedad y nadie lo hacía. Nosotras creíamos en ello, sabíamos que era un buen planteamiento para formar personas para la vida", destaca.

La salud, el medioambiente, la convivencia y los valores fueron temáticas que abordaron con estudiantes de entre tres y seis años hace ya décadas. El centro de profesores del Noroccidente valoró la experiencias de las docentes y organizó unas jornadas (corría el año 2003), para que el grupo de profesoras expusiera su metodología. Sus trabajos quedaron reflejados en revistas dedicadas a Educación e hicieron del colegio de Puerto de Vega una escuela Unesco. Hace décadas en este colegio rural asturiano el mandilón no era azul para niños y rosa para niños, "las brujas no eran siempre malas ni los príncipes buenos, las princesas no necesariamente eran bellas".

Y en el camino hubo muchas sorpresas y anécdotas. La maestra involucró a los menores en el cuidado ambiental y recuerda con gusto el día que el entonces presidente de la entonces Confederación Hidrográfica del Norte autorizó la limpieza del río Chocolate. Antes, los niños habían ayudado en la redacción de una carta dirigida al organismo donde contaban el mal estado en que se encontraban las aguas del cauce. "Son recuerdos y experiencias que te quedan para siempre", confiesa María Elena, al tiempo que recuerda el proyecto "Desplastifícate" en el que "Infantil involucró a todo el pueblo". "Fuimos a los restaurante y a las tiendas de Puerto de Vega a preguntar si se unían", dice.

El éxito de participación asombró a la docente. Se creó conciencia sobre el uso desproporcionado del plástico y en el colegio, por ejemplo, empezaron a llegar desayunos sin envoltorios de papel de aluminio ni servilletas de papel.

La salud fue otro de sus frentes. "Es bueno saber cuidarse y cuidar", dice María Elena y recuerda el proyecto "Qué bien sentirse bien", galardonado a nivel nacional en 2009 como "Acción Magistral" de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. "Siempre encontré apoyo en la dirección del colegio y en las familias; también en el pueblo y en la asociación Glayus, que es maravillosa", señala la docente.

Volverá al colegio, pero solo para apoyar alguna actividad. Eso sí, "siempre lo haré con la guitarra", la que la ha acompañado en su tiempo como docente. ¿Hubo malos momentos? "Sí, como en todo; pero yo prefiero recordar lo bueno", asegura. "Si realmente se cree en una idea, como yo creí en el método de los proyectos y la apertura de la escuela a la sociedad, hay que perseverar", concluye.

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