Lo primero que deja claro José Félix González, más conocido por "Pepe de Pacho", a cualquiera que se acerca a Piñera (Castropol) a visitar su curioso museo de maquetas es que él no es un maquetista, sino un carpintero de ribera. Las alrededor de ciento cuarenta miniaturas de barcos que atesora fueron fabricadas de igual modo que haría una embarcación real en su carpintería de Berbesa. Ahora, la historia de su oficio y de sus maquetas está a salvo gracias al libro escrito por su cuñado, el profesor jubilado Ignacio Vares, bajo el título "José Félix González. La pasión de una vida".

Cuenta Vares, natural de El Franco y afincado en Castropol, que la idea de recopilar la historia de las maquetas de Pepe surgió con la intención de hacer un regalo familiar. Dedicó muchas horas a entrevistar a su cuñado, al que define como "gran comunicador", con una "memoria prodigiosa" y un "apasionado" de los barcos. Todo el material sirvió no solo para dar forma al libro, autoeditado, sino también para crear una web del museo de maquetas, que elaboró su hija Aida Vares. El Ayuntamiento de Castropol se ha fijado ahora en la publicación, de la que espera lanzar una edición especial a principios de 2023. El regidor castropolense, Francisco Javier Vinjoy, explica que el gobierno local está muy interesado en todo lo relacionado con la construcción de embarcaciones, pues lo considera "un sello de identidad" del concejo. "Es de los pocos municipios del mundo donde se construyen embarcaciones de acero, fibra y madera por diferentes empresas", defiende.

"Pepe de Pacho", hace años, trabajando.

El protagonista del libro es uno de los dos hijos del afamado carpintero de ribera Marcelino González, "Pacho". Fue el fundador de Astilleros Pacho, que hoy gestiona su nieto, Martín González. El astillero abrió en 1944 en la playa de Salías y, casi una década después, en 1953, se trasladó a Berbesa, donde sigue funcionando convertido en la última carpintería de ribera en activo en Asturias.

El primero en incorporarse al negocio familiar fue su hijo mayor, Carlos, recientemente fallecido, y, en 1960, lo hizo Pepe. Empezó con 14 años como aprendiz y ejerció el oficio durante cincuenta años, dedicando largas jornadas de más de diez horas diarias. Aunque su primera maqueta la hizo en 1977, no fue hasta su jubilación, en 1996, cuando empezó a fabricar maquetas de manera continuada hasta la actualidad. Calcula que al año puede elaborar entre cuatro y cinco.

Apunta Vares que lo suyo "no es un hobby, es la pasión de una vida". Ya jubilado sigue haciendo lo que siempre hizo, aunque a pequeña escala y su producción es continua. De hecho, acaba de empezar su último trabajo, una embarcación con mucha carga sentimental. Se trata de una lancha de ocho metros de eslora que su padre intercambió con un hombre de Rinlo (Ribadeo). Se llamaba "A Negra" por su color, pero la rebautizaron como "Pepe Carlos", en alusión a los hijos de Pacho. "Me acuerdo de verla de neno y con esos recuerdos estoy trabajando. A ver lo que me sale", relata el artesano.

El astillero de Berbesa.

Remo, vela y motor

El libro comienza repasando la historia vital y profesional de Pepe para sumergirse después en sus maquetas, de las que se hace una exhaustiva descripción. En la publicación están incluidas unas noventa, catalogadas en embarcaciones de remo, a vela y a motor. Entre ellas no faltan los botes de vela latina típicos del Eo. La mayoría de los barcos son trabajos realizados en el taller de "Los Pachos", pero hay algunos modelos extraídos de revistas o directamente de los planos originales. "No son maquetas típicas, él hace todo como si fuera real y además usa todo tipo de materiales, muchos reciclados", indica Vares, también aficionado a la navegación y a la pesca.

Una de las maquetas más espectaculares de la colección es la del velero de cabotaje "El Industrial", construido en el antiguo astillero de A Lieira y de cuya botadura, todo un acontecimiento para la época, se va a cumplir un siglo. "Pepe elige el modelo y a partir de ahí va construyendo cada una de las piezas en castaño, pinotea o iroco y luego las monta con precisión de miniaturista, resultando cada una obras de arte únicas", señala Vares en el trabajo que salva del olvido la memoria de uno de los últimos artesanos de ribera de la ría del Eo.