Mantener vivo el pasado minero de Cangas del Narcea es el objetivo que se han marcado un grupo de prejubilados de la minería que se niegan a aceptar que la mayor industria que tuvo el concejo caiga en el olvido. Han conseguido dar el primer paso, que es abrir una pequeña sala de exposición de material minero en la capital del concejo, pero el proyecto que tienen en mente es mucho más ambicioso y pasa por conseguir crear una ruta interpretada por una de las zonas mineras del municipio y lograr crear un museo en una bocamina.

Todo surgió en torno a 2017, cuando el cangués Benito Sierra, hijo de minero y creador audiovisual, comenzó a trabajar en su documental "Huellas mineras", presentado recientemente, lo que le hizo estrechar lazos con un grupo de mineros y que de sus días de rodaje y de investigación surgiese la idea colectiva de querer hacer algo para potenciar la cultura minera.

"El patrimonio industrial no está muy valorado en España ni en Asturias, y menos todavía en Cangas", lamenta Benito Sierra, que defiende la importancia de que no se olvide por cultura y tradición. "No es algo que haya que analizar desde el punto de vista de la belleza, sino de mantener nuestras raíces", añade.

Bajo esa premisa comenzaron a recopilar material minero, la gran mayoría donado por el empresario minero del pueblo de Carballo David Menéndez, quien también les cedió una bocamina en esa misma zona para poder desarrollar su futuro proyecto de museo. Por el camino también se hicieron con piezas etnográficas cedidas por Manolo Serrano, que mantenía expuestas en su bar. Todos esos objetos son los que se pueden ver hoy en día en el pequeño local municipal situado bajo el parque de la Estatua del Minero.

En una parte recrearon una zona de trabajo en la mina a tamaño real donde se pueden ver las herramientas que se utilizaban : martillo de barrenar, taladros o incluso las petacas conocidas como rescatadores, donde los mineros contaban con una mascarilla y oxígeno que les proporcionaba media hora de vida en caso de accidente. En el pequeño museo también hay dos maquetas del interior de una mina que permiten conocer un poco más de cómo es el trabajo de extraer carbón.

Zona de Carballo

Su inauguración fue a finales de octubre y se puede visitar alguna mañana cuando Tito Cabanal, uno de los impulsores de la idea, abre sus puertas, aunque la intención que tienen es contar con la colaboración del Ayuntamiento para que una persona pudiera mantenerlo abierto con unos horarios fijos.

"Lo que estamos haciendo es desinteresadamente, para mantener la memoria minera de las personas que trabajaron aquí, porque en Cangas hubo mucha industria y a día de hoy parece que no hubo nada, solo quedan las escombreras", incide Tito Cabanal, que junto con sus compañeros de proyecto mira a la cuenca minera en el centro de Asturias o la vecina provincia de León con cierta envidia de los esfuerzos que allí se hacen para preservar su esencia minera.

La segunda parte de su proyecto esperan verlo completado el año que viene. Se trata de la ruta de senderismo circular de 14 kilómetros por la zona minera de Carballo. Se ha incorporado al plan de sostenibilidad turística elaborado por el Ayuntamiento cangués, que permitirá destinar fondos para su señalización y la colocación de paneles informativos que ayuden a interpretar el paisaje moldeado por el paso de una decena de empresas mineras. Se calcula que hay unas 60 bocaminas, aunque tan solo se adecuarán y señalizarán seis situadas a pie de la ruta, que se podrá hacer caminando, en bicicleta e incluso se podría adaptar para el paso de vehículos todoterreno.

"En otras zonas mineras tienen grandes restos industriales, nosotros lo que tenemos es el paisaje, porque aquí las minas están en las montañas", destaca Pipo Aumente, como característica diferenciadora de esta propuesta turística minera.

Para poder seguir trabajando en estos proyectos, han decidido crear la Asociación Memoria Minera de Cangas del Narcea.