Cuenta el disidente venezolano Lorent Saleh, premio Sájarov del Parlamento Europeo en 2017, que a la gente le sorprende que sonría tanto tras el horror sufrido en su país. No son visibles en su rostro, de mirada luminosa y amplia sonrisa, los cuatro años de prisión y tortura en la conocida como La Tumba, la sede, en pleno Caracas, del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Sin embargo, confiesa que le costó mucho no solo perdonar, sino permitirse rehacer su vida, algo que ha logrado en el concejo lucense de Ribadeo, muy cerca de Asturias, donde compatibiliza su labor internacional en defensa de los derechos humanos con la puesta en marcha de un espacio cultural en un edificio fundado, hace un siglo, por un grupo de emigrantes ribadenses afincados en Cuba.

"No sentirme culpable por ser feliz o no sentirme un traidor por descansar o por reír me llevó dos años de trabajo con mi psiquiatra, mi psicólogo y mis guías. Ribadeo ha jugado un papel clave aquí", confiesa en compañía de su mujer, María Gabriela Medina, y sus tres hijos, todos nacidos en España. Pisó suelo español en 2018, pero no fue hasta su llegada a Ribadeo, hace dos años, cuando decidió pintar una línea roja, su "hasta aquí". Sigue creyendo en la necesidad de luchar y seguirá trabajando en defensa de los derechos humanos allá donde sea llamado, pero quiere preservar su espacio personal, ese lugar a orillas del Cantábrico donde ha logrado la felicidad y quiere ver crecer a sus hijos junto a su mujer con la que ha formado "un equipo" sólido.

Saleh en la biblioteca del Círculo Habanero de A Devesa. T. Cascudo

Preguntado por el por qué uno decide entregar parte de su vida a la lucha común responde que es un tema de sensibilidad y conocimiento. "Si estás expuesto a información y conocimiento, si entiendes lo que está pasando y ves, como en 2007, que la dictadura avanza y se está destruyendo tu país tienes tres opciones: o te haces parte del sistema, nada te importa y te dedicas a hacer dinero, o te vas o, tercera vía, intentas cambiar las cosas", relata. Lo intentó a un precio muy alto, pues, como preso político en La Tumba, creyó que nunca más vería la luz del sol. Aún así, está convencido de que todo mereció la pena: "Nada que valga la pena se consigue fácil. Duele, cuesta, pero sigo vivo y esas cosas te permiten sonreír a pesar de la locura. Miro allí y veo el sol que viví años sin ver".

Llegó a Madrid en 2018 tras ser liberado de La Tumba gracias a la mediación del Estado español, al que agradece no solo las gestiones realizadas con el gobierno de Caracas sino la oportunidad de conocer la vida en democracia. "En España me siento seguro desde el primer momento, algo que jamás había sentido. No solo estuvieron pendientes de mi durante mi prisión, sino que me liberaron de una forma inimaginable, me han apoyado diplomáticamente en todas mis gestiones como defensor de los derechos humanos y gracias a España viví la democracia", señala, agradecido, por poder expresarse en libertad sin que se penalicen sus opiniones. No comparte muchas de las posturas del gobierno español pero dice que "jamás" ha sentido presión o control por expresarlas. Y es en este punto donde critica la "importación", hace unos días, de Miguel Rodríguez Torres, quien fue ministro con Hugo Chávez e impulsor de la policía política venezolana.

"No es un pobrecito preso político; él tiene una trayectoria como asesino. En el año 92 participó en un golpe militar y eso es bueno que lo sepan los seguidores del PSOE, de Podemos o del Bloque Nacionalista. Cuando Chávez llega al poder, Rodríguez Torres ocupa la dirección de la inteligencia de un gobierno de militares, corruptos, y fue el que diseñó el aparato represor de Chávez y de Nicolás Maduro. Él creó La Tumba y todo ese aparato investigado por crímenes de lesa humanidad", cuenta con indignación Saleh, quien denuncia que uno de los últimos grandes logros de este ex militar, que estaba ahora encarcelado acusado de sedición, fue detenerle en septiembre de 2014. Considera una "injusticia" que este hombre llegue a España y que sus delitos queden impunes.

Saleh, impulsor en su país de la ONG Operación Libertad, fue detenido en 2014, en Colombia, por su supuesta "participación en la comisión de delitos contra el orden constitucional en el marco de graves acciones dirigidas a generar violencia, desestabilización y alteración de la paz". Cuatro años después fue excarcelado, sin haber sido juzgado, en el marco de un plan de reconciliación del gobierno de Nicolás Maduro y su pena es no poder regresar a su país. "Extraño mucho mi tierra, sus colores y sabores, pero también me siento herido porque hay muchas diferencias entre la Venezuela de gloria que conoció mi madre y la nuestra", señala Saleh. Considera que "Venezuela está muy mal, está peor que nunca", pero opina que al "cambiar el tablero geopolítico" lo que allí pasa ha dejado de tener importancia mediática. "La guerra en Ucrania influye en todo y Venezuela sigue siendo el país con mayor reservas de hidrocarburo del planeta. Cuando hacen falta recursos, los tiranos no son tan malos", lamenta.

Con todo, Venezuela es ahora uno más de los puntos calientes del mundo donde se vulneran los derechos humanos y en los que trabaja este activista venezolano. Junto a su mujer, formada en Estudios Liberales en Venezuela, creó el "Saleh Institute" que trabaja, en colaboración con el Parlamento Europeo, en varias causas. "Mi trabajo ahora es más universal e intento no venezonalizar mi labor", añade. Uno de los proyectos entre manos del Saleh Institute es la "misión Ucrania" con la que tratan de documentar los crímenes que se están cometiendo así como señalar a sus responsables.

Saleh forma parte de la Comunidad Sájarov que está integrada por los premiados con este prestigioso reconocimiento y los diputados del Parlamento Europeo y se dedica a denunciar e investigar la violación de los derechos humanos en el planeta. "Es un trabajo muy bonito, pero también frustrante porque no se consiguen avances tan rápido como uno quisiera", señala. En este sentido, advierte de la importancia de estar alerta a lo que ocurre a nivel internacional: "Hoy en día en este país, disfrutamos de mucha libertad, democracia y seguridad, pero nada de eso se puede dar por sentado porque es muy volátil. Les digo a los jóvenes que revisen la historia y se pregunten por qué vivimos en democracia y desde cuándo. No hay que irse muy lejos para ver injusticias".

Entre viaje y viaje desarrolla su proyecto personal en Ribadeo, disfrutando de ver la salida del sol cada día y dando vida al Círculo Habanero de A Devesa, una aventura con la que tanto él como su mujer están muy ilusionados.