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La vivienda del futuro se construye en Cudillero: así son las casas modulares, prefabricadas y más eficientes

La empresa Haux, pionera en su sector, facturará más de quince millones apostando por un modelo que permite reducir tiempos y coste medioambiental

Cudillero

La vivienda del futuro es modular, sostenible y con todas las características de los inmuebles actuales. La construcción industrializada supone un salto cuantitativo y cualitativo en lo que a plazos, eficacia y sostenibilidad se refiere. “De los doce a catorce meses que se tarda en construir una vivienda tradicional, nosotros lo hacemos en cuatro”, explica Alejandro Díaz, presidente de la empresa Haux, con sede en Cudillero y una de las primeras de Asturias en apostar por esta nueva fórmula de producción. La firma es la responsable, por ejemplo, de la ejecución de la primera casa de este tipo que hay en la urbanización sierense de La Fresneda (Siero) y que es un diseño del estudio del llamado "arquitecto de los famosos", Joaquín Torres.

La ventaja no solo es el tiempo, indica, “sino la certeza económica de que el presupuesto final no va a sufrir variaciones. Construimos en unos plazos muy rápidos por lo que no nos afecta la variación de precios que pueda sufrir la materia prima. En el primer mes acopiamos todo aquello que vayamos a necesitar”. La compañía no solo entrega los módulos fabricados, sino en que en muchos casos van ya incluso montados por dentro: “Algunos llevan hasta las televisiones puestas”.

El único requisito para poder construir un edificio modular es “disponer de unos accesos adecuados para el transporte. “En un primer paso analizamos dónde se va a ubicar el producto final para poder estudiar el acceso y la modulación que nos permite. A partir de ahí se hace un estudio de ingeniería logística para poder hacer el transporte”, explica Díaz.

El diseño también puede modificarse a petición del cliente. Desde tejados planos hasta con teja, cualquier tipo de acabado exterior... La empresa tiene capacidad para hacer hasta construcciones de hasta ocho plantas. “Se podría hacer hasta una casona asturiana”, asegura.

El proceso apenas genera residuos; el entorno laboral es mucho más seguro, puesto que no trabajan a más de cuatro metros de altura; y las viviendas son mucho más eficientes gracias a los materiales que se utilizan. El precio, además, no varía demasiado de la construcción tradicional, “si se tienen en cuenta todos los componentes como la calidad constructiva, la reducción de tiempos, la certeza económica… No existe ningún campo que no esté controlado”.

Este nuevo proceso de construcción ha venido en los últimos años registrando un importante incremento. La empresa cerrará este año con más de 15 millones de facturación. En la actualidad están desarrollando una producción de veintiocho viviendas para Cudillero y un instituto de tres plantas y más de tres mil metros cuadrados para Barcelona; además están negociando la construcción de un posible hospital y de edificios hoteleros.

“Es un modelo que viene llevándose ya a cabo en Estados Unidos y en el norte de Europa, y que viene para quedarse también en nuestro país. Nosotros desde aquí, desde Cudillero, estamos tratando de impulsarlo”, asegura Díaz. En su caso, “tenemos que rechazar proyectos porque no disponemos de la capacidad suficiente para realizar tanto trabajo”, reconoce.

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