Una casa en Castropol para repensar el modelo educativo: Así es La Casa de la Maestra, en Vilavedelle

Este espacio formativo complementa a un proyecto más ambicioso que quiere reabrir escuelas rurales en centros de innovación

Sonsoles Castellano posa en Viladevelle junto a la Casa de la maestra.

Sonsoles Castellano posa en Viladevelle junto a la Casa de la maestra. / T. Cascudo

La castropolense Luz Murias fundó, en 1958 y con el apoyo de su hermana Luisa, el colegio San Patricio, en Madrid. Su objetivo era conseguir un colegio que tuviera lo que ella no había encontrado para la educación de sus hijos, un lugar en el que el arte, la música y los idiomas tuvieran un espacio destacado. Casi setenta años después, su nieta Sonsoles Castellano ha hecho el camino inverso y quiere que Castropol sea pionero en la creación de pequeños centros de innovación educativa. El complemento a este ambicioso proyecto es “La Casa de la maestra”, una casona de turismo rural que acaba de abrir sus puertas en el núcleo de Vilavedelle con una singular vocación formativa de maestros. “Es un centro de formación para docentes que, en periodo de vacaciones, se convertirá en centro de turismo rural”, señala la promotora de tan singular espacio.

Sonsoles Castellano trabajó durante cuarenta años el colegio que fundó su abuela junto a su hermana, su yerno Gabriel y su sobrino Jaime. Ahora, trabaja como coordinadora de colegios bilingües del grupo Inspired y, además, es secretaria del patronato de la Fundación San Patricio, entidad sin ánimo de lucro que da soporte al proyecto “Ruter”. Esta iniciativa busca reabrir las pequeñas escuelas rurales ubicadas en edificios singulares con una misión inspiradora: crear micro centros de innovación educativa en los que se apueste por una formación global de profesores y alumnos.

Sesión de trabajo en La Casa de la Maestra.

Sesión de trabajo en La Casa de la Maestra. / R. T. C.

Castellano sueña con que el primer “Ruter” se pueda abrir en la escuela Lolita Pérez, fundada en 1921 en Vilavedelle y que actualmente no tiene usos educativos. Muy cerca de este enclave está “La Casa de la maestra”, su proyecto más personal, que nace con el doble uso de centro de formación docente y casa de turismo rural. El espacio se inauguró hace unos días con el curso “La trampa de la autoestima”, impartido por el psicólogo y pedagogo Antonio Galindo.

Un grupo de diez docentes procedentes de Madrid asistieron a esta propuesta que buscaba enseñarles a vivir y aceptar el presente y aceptarse a ellos mismos, como punto de partida para transformar su forma de educar. “Mi objetivo es enseñar a educar desde esta perspectiva, más que desde la motivación o la autoestima, que creo que son conceptos manidos y que pueden conducir al fracaso. Debemos educar desde el conocimiento de la realidad de uno mismo para entender a los demás. No quiere decir que no sea partidaria del esfuerzo, sí lo soy, pero del esfuerzo que nace de la aceptación, no de la imposición”, señala Sonsoles Castellano, convencida de que para lograr este propósito debe cambiarse tanto la escala de los centros como los tiempos, huyendo de los horarios rígidos para las diferentes asignaturas.

Vista general de La Casa de la Maestra, en el corazón de Vilavedelle.

Vista general de La Casa de la Maestra, en el corazón de Vilavedelle. / T. Cascudo

 “El espacio escolar tiene que ser otro, que los alumnos vayan a adquirir conocimiento porque sientan la necesidad de saber; solo así se logrará el conocimiento profundo. Para conseguirlo, hay que conocer las motivaciones del alumno y eso es lo que debe hacer el maestro, facilitar que descubra sus potencialidades”, apunta Castellano. Está convencida de que los diez primeros maestros que han pasado por “La Casa de la Maestra” llevan la semilla de esta nueva forma de educar y comenzarán la transformación de sus centros y entornos cercanos. “Partimos de la psicología de la aceptación y no de la de la superación. No tienes que cambiar porque no puedes, debes conocerte, entenderte y, a partir de ahí, ser capaz de entender a los demás”, añade.

Sabe que el reto es difícil, pero también que es posible. Tiene el ejemplo de su abuela y su tía, que fundaron en 1958 una pequeña escuela en un chalé de la calle Serrano, que hoy se ha transformado en un proyecto con cuatro centros en el que se forman 2.600 alumnos. Tras dedicar casi toda su vida al colegio San Patricio, al filo de su jubilación, Castellano está convencida de que hay que repensar la educación y se plantea el objetivo de hacerlo desde el entorno rural. Su proyecto bebe de los postulados de las Misiones Pedagógicas y de la Institución Libre de Enseñanza que, a principios del siglo XX, buscaron educar de manera diferente. En su periplo por España, las Misiones llegaron también a su querido Castropol.  “Planteamos una transformación de la educación desde el medio rural, como hicieron las Misiones Pedagógicas. Los paisanos en agosto del 35 se reunieron y se organizaron. Dijeron que querían aprender a leer y a escribir y desde ahí es donde se educa”, añade Castellano.

Sonsoles Castellano en el jardín de La Casa de la Maestra.

Sonsoles Castellano en el jardín de La Casa de la Maestra. / T. Cascudo

Su proyecto “Ruter” busca financiación para ponerse en marcha y, mientras tanto, “La Casa de la maestra” siembra una nueva forma de entender la educación. Durante el curso escolar se organizarán encuentros formativos de fin de semana con los que espera llamar la atención de maestros de diferentes puntos del país. Confía Castellano en que algunos de estos docentes sientan interés por integrarse en los “Ruter”, donde se impartirá formación no reglada con el fin de “conectar a los usuarios con posibilidades y soluciones de aprendizaje”. En definitiva, un lugar en el que alumnos desencantados del sistema educativo convencional puedan encontrar su vocación y un camino que les inspire a formarse y, de paso, hacerlo dando vida a las antiguas rurales que languidecen en muchos pueblos.