Javier Martínez, alumno de Cudillero becado para conocer el origen de la Universidad en Europa: "Hay que estudiar, pero también divertirse"

El estudiante asegura que dos profesores, uno de Química y otro de Historia, encendieron su motivación: "Antes de ellos, estudiaba poco"

Javier Martínez en el patio del instituto Selgas de Cudillero.

Javier Martínez en el patio del instituto Selgas de Cudillero. / A. M. S.

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

A Javier Martínez Martínez (18 años cumplidos el pasado febrero) sus conocidos le suelen poner etiquetas: "Sociable y capaz". Sin embargo, si se pregunta a este alumno de Bachillerato del Instituto de Enseñanza Secundaria Selgas de Cudillero cómo se define, opta por algo más que un calificativo. "Creo que hago lo que tengo que hacer; me tocó estudiar bien y como tengo una capacidad me toca exprimirla, es mi responsabilidad para con el mundo", dice.

Si se rasca más en su historia, Javier Martínez, becado con las Becas Europa XIX, se conoce que no fue buen estudiante. "Simplemente aprobaba, pero yo no estudiaba mucho", recuerda. En tercero de Educación Secundaria Obligatoria algo hizo "clip" en su cabeza. Fue él y algo más. Javier Martínez se detiene en este punto de la entrevista para hablar de otras personas, dos docentes, que le motivaron hasta el punto de empezar a mostrar más interés por sus estudios. Se trata de Marcos Menéndez, profesor de Química y Gabino Alonso, profesor de Historia. ¿Por qué? "Marcos nos contó la historia de los cohetes reutilizables y eso me impactó; y Gabino Alonso siempre nos hacía preguntas en clase relacionadas con el tema que estábamos dando y con la actualidad; una pasada", recuerda.

Estos días el joven está de descanso y sus profesores del instituto, orgullosos de la trayectoria de un alumno "que no se mide por sus notas si no por su compromiso social", dice la dirección. Terminada la EBAU con un 9,85 sobre 10 y con un 13,85 sobre 14 si se tiene en cuenta su Bachillerato, ahora piensa en la aventura del viaje que le propone Becas Europa XIX y en su carrera universitaria. Hasta el pasado domingo tenía claro que estudiaría ingeniería aeronáutica, pero ahora duda entre esta titulación y el doble grado de Matemáticas y Física, para lo que sí tiene nota. "Ya ves, ese es mi problema ahora mismo, parece de risa", dice con esa forma de relacionarse, divertida, que la caracteriza.

Vecino de Muros del Nalón, vive con sus abuelos maternos por decisión propia y confiesa que allí encuentra "algo tan básico como silencio" para concentrarse y estudiar. "Sé que soy un privilegiado porque no todo el mundo tiene mis condiciones", opina. Su madre es profesora de Tecnología en el mismo instituto que Javier Martínez deja atrás y su padre tiene una carpintería en Muros del Nalón. El joven es el segundo de dos hijos. Entre sus reflexiones, hay muchas que dejan fuera los estereotipos. "Yo estudio y me divierto; creo que es muy importante el apoyo de la familia y por eso me siento un privilegiado", dice.

También señala que estudiar no debe robar todo el tiempo ni ser el centro de la existencia durante la juventud. "No, no, no. Nada de eso, hay que divertirse y nadie puede perderse un cumpleaños por estudiar; eso yo ahora lo tengo claro", confiesa. Es amante de la bicicleta de montaña y no tiene como referencia el móvil. Precisamente el día que se hace esta entrevista optó por dejar su teléfono inteligente en casa. "No tengo coche, así que si hay una emergencia por algo, sé que no me van a llamar a mí", dice. Vivir con sus abuelos de 90 y 86 años le ha hecho más responsable y en paz.

Javier Martínez en el exterior del instituto Selgas de Cudillero.

Javier Martínez en el exterior del instituto Selgas de Cudillero. / A. M. S.

Cuida de la vejez a su manera y cada día pregunta a sus abuelos si puede ayudar en algo en la casa familiar. Si tiene un recuerdo de la vivienda que habita es la sala donde estudia, en pleno silencio "por estar en un pueblo", con el único ruido de gotas de agua en el velux cuando llueve. "Tengo amigos que tienen que estudiar con auriculares por distintos ruidos que hay en el entorno", señala al tiempo que confiesa que no se le cae la casa encima. Sale, disfruta con sus amigos ("esos que te salvan la vida cuando tienes exámenes porque hablas con ellos y te echas un rato de risas") y cree que el grupo con el que se graduó es especial "porque nos llevamos muy bien". "¡Top!", exclama dejando claro que su grupo también tiene jerga.

En un momento de la entrevista se acerca el profesor de Historia y habla de las cualidades de Javier. "Tiene conciencia social", dice Gabino Alonso sin darse el mérito de haber sido parte, quizás de esa conciencia. "Él sabe, por ejemplo, que la clase es un hecho social; es el alumno que los profesores queremos tener en clase porque ayuda", añade el docente.

Javier Martínez lee todo lo que puede. Las circunstancias van cambiando y él se adapta. Asegura que no siempre fue un gran lector pero sí que se encontró, por fortuna, en casa con la colección de Julio Verne. Ahora lee "El proceso de Kafka" en inglés, un regalo de su madre, que acompañó a otros estudiantes del instituto a Praga en su viaje de estudios.

Su nueva aventura empezará el día de San Pedro, justo después del sermón de L'Amuravela. Está convocado junto a otros 49 estudiantes para pasar 20 días por Europa para descubrir "de primera mano el origen de la Universidad, la importancia de su compromiso con la sociedad, la determinación de su ética profesional, la necesidad de su integridad como futuros líderes profesionales, además de profundizar en Europa como continente", según reza el proyecto de la Universidad Francisco de Victoria y el Banco Santander. Participará en conferencias, grupos de debate, encuentros con personalidades, actividades culturales y formación en habilidades, entre otras sesiones, según los organizadores. Una experiencia más.