"Todos lo sabían": rompe su silencio el trabajador que sobrevivió en 2022 a un accidente en la mina de Cerredo y fulmina la versión oficial sobre la explosión en la que murieron cinco mineros
"Si todos hubiesen dicho la verdad hace tres años no tendríamos ahora cinco muertos", asegura un exempleado de Combayl
Enrique Ramón transportaba carbón ilegal y la empresa trató de callarle; habla por primera vez de lo sucedido con LA NUEVA ESPAÑA

Enrique Ramón Martínez entra en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA para dar su testimonio sobre la mina de Cerredo. / Luisma Murias

"Si hace tres años todos hubiesen dicho la verdad sobre la mina de Cerredo, quizás no habrían muerto cinco paisanos en marzo". Lo dice Enrique Ramón Martínez, de 55 años. El 25 de agosto de 2022 sobrevivió a un accidente en la explotación, cuando quedó sin frenos el camión en el que bajaba carbón que la empresa Combayl había extraído sin permiso del sexto piso. Su compañero perdió la vida. Enrique sufrió la amputación de una pierna y años de dolor y rabia, luchando por recuperarse, sometido a seis operaciones y comprobando cómo la empresa intentaba escurrir el bulto e incluso intentaba responsabilizarle a él de lo sucedido, apoyándose en el testimonio falso de un excompañero. Todo por ocultar que se estaba extrayendo antracita de manera ilegal y sin permiso.
"Todo el mundo sabía que allí se sacaba carbón", insiste. Es una realidad tan obvia que no entiende cómo la administración del Principado no se percató antes. Pero tras su accidente y una investigación de la dirección de Minas, la administración volvió a dar permiso al mismo empresario minero, el leonés Jesús Rodríguez Morán, con el subterfugio de un cambio de empresa, traspasando la mina a Blue Solving, sociedad administrada por su hijo.
Tres años después, el pasado 31 de marzo, cinco mineros murieron en la misma mina cuando extraían carbón de manera ilegal sin permiso. La historia se repetía, pese a que hubo una ocasión para evitarlo. Enrique Ramón rompe tres años de silencio, dispuesto a contar su historia: un testimonio que sepulta la versión oficial, que denuncia un patrón de silencios y de negligencias. Se han omitido nombres de trabajadores que fallecieron este año en la explosión de grisú de la planta tercera. Lo primero que hace es trasladar sus condolencias a las familias de las víctimas. Aquí va su relato. Él habla.
Noviembre de 2021, El comienzo
"Empecé a trabajar el 2 de noviembre de 2021, de maquinista, con una pala y un camión, que es en lo que llevo desde los 21 años. El trabajo, en principio, era recoger antiguas pilas de carbón que habían quedado en la explotación, acopios que eran casi estériles. Había que cribar y mezclar; primero con los carbones que había allí, luego con carbón que se traía de la explotación que el mismo empresario, Jesús Rodríguez Morán [conocido como Chus Mirantes] tenía en Tormaleo (Ibias) [explotada por Carbones La Vega]. Básicamente eran acopios que quedaban, pero una o dos veces se trajo un viaje de «menudo» del interior de la mina de Tormaleo".
Se mezclaba carbón para reducir cenizas y venderlo
"Le añadían grafito en polvo que traían del País Vasco y que bajaba la ceniza de la mezcla. Luego eso iba a tres sitios: a la empresa García-Munté, en Avilés; a una nave que tenía Carbones La Vega en Tabaza, y a otras instalaciones que tenía la empresa en Garaño [León]. A Garaño iba el grano, el carbón en piedra, porque allí tenían unas instalaciones a modo de lavaderos".
¿Quién mandaba?
"Lo que había que hacer se hablaba con Jesús [Rodríguez Morán]. Luego supe que la empresa, Combayl, estaba a nombre de su mujer, pero el tema de trabajo se trataba con Jesús. Cuestiones como pedir gasóleo, los horarios o las horas extra, con el ingeniero".

Acopio de madera para posteo ante la bocamina del sexto piso. / LNE
Marzo de 2021, preparación para extraer carbón ilegal
"En marzo o abril ya llegó madera para postear. En el sexto piso empezaron a trabajar dos mineros que fallecieron luego en el accidente de marzo de 2025. En abril hicieron tareas preparatorias, como la chimenea. Estarían tres o cuatro semanas. En ese tiempo algo de carbón salía ya. Y en mayo vino otro chaval, otro de los que falleció este año. Empezaron a picar y en julio se sacaba carbón a tope".
Se daba por hecho que Minas daría permiso
"Claro que sabíamos que se sacaba carbón. Desde el principio. Era lo que la empresa tenía claro que se iba a hacer: explotar el sexto piso y con el convencimiento de que Minas lo acabaría autorizando. El propio Jesús me dijo un día que tendría el permiso a mediados de agosto, pero algo pasó porque luego llegó muy enfadado diciendo que, joder, ahora le habían dicho que hasta primeros de septiembre no se lo daban. De hecho, en aquel tiempo los inspectores del Principado subieron al sexto piso a inspeccionarlo. Lo reconocieron en la comisión de investigación parlamentaria. ¿Para qué subían entonces? Ese era el sitio más fácil en que empezar a sacar. Los dos mineros que empezaron a trabajar limpiaron la galería en poco tiempo, levantaron algún hundimiento y ya dieron la chimenea. Como te dije, al poco llegó más gente y se pusieron ya a sacar carbón".
En la empresa estaban convencidos de que el Principado les daría permiso en pocas semanas
Finales de abril de 2022, la visita del agente de Medio Natural que casi descubre el pastel
"Sí, un día [José Manuel] Carral [agente de medio natural], llegó allí. Yo estaba por la plaza con la pala y me vino a preguntar: ‘¿Está el jefe por ahí?’. Yo le dije: ‘No, no, aquí no hay ningún jefe’. Y él me dice: ‘Es que están andando con máquinas y camiones por las pistas de arriba y está prohibido’. Me dijo que el permiso de ocupación estaba caducado, y me pidió el teléfono del ingeniero. Entonces aún no se estaba sacando carbón, pero se preparaba todo. Había movimiento de camiones porque se subía material: un grupo electrógeno para cargar la batería de la máquina que sacaba vagones, un bombo grandísimo para el compresor para los martillos de picador, contenedores… Sé que Carral envió un informe, pero no se le hizo caso".
Junio de 2022, se extrae carbón de noche
"Dos de los que fallecieron en marzo de este año empezaron trabajando de noche. Durante dos semanas o así pararon, porque se decía que un vecino de Laciana había amenazado con denunciar porque uno de ellos estaba prejubilado. Pero volvieron. Se incorporó el chaval que te dije, que también murió este año. Al final igual había diez tíos en dos relevos. En esos meses ya salía todos los días un viaje de carbón, ponle unas 20 toneladas. Yo subía a cargarlo, con el camión con el que sufrí el accidente, pero muchas veces estaba averiado y entonces venía un camión de Carbones La Vega de la mina de Ibias. El carbón, al principio, comenzó a bajarse de noche, para que no se viese movimiento, pero al mes o así se bajaba de día sin problema".
¿Dónde iba el carbón ilegal?
"Al principio, el carbón que se sacaba en el sexto lo metíamos en una nave y se cargaba para Garaño, sin cribar. Pero Sander [Richard Daniel Sander, que falleció en el accidente que sufrió Enrique Martínez] y yo reparamos la criba y entonces ya se bajaba el carbón y se cribaba. El menudo que salía del sexto piso era muy bueno, muy bajo en cenizas. Y como te dije, el menudo se enviaba a Avilés o Tabaza, que luego se vendía a Arcelor, según decían. Y el grano, para Garaño. Decían que iba para calefacciones, que es donde estaba la pasta".
'Vienen los inspectores, esconderos por ahí', nos decían.
Inspecciones con preaviso
"Los inspectores del Principado vinieron como mínimo en tres ocasiones, que yo recuerde. La primera nos dijeron el día antes: ‘Oye, mañana sobre las once vienen los de Minas. Esconderos por ahí por los talleres, que no nos paren maquinaria, poneros a barrer o lo que sea’. En la primera inspección subieron al sexto piso, pero aún no se sacaba carbón. En la segunda, nos movimos con más libertad y subieron al sexto, o eso decían. La tercera vez fue poco antes del accidente. Entonces ya se sacaba carbón a tope, pero ese día se quedaron en el primer piso, hablaron con el ingeniero y cambiaron papeles. Nada más".
Todos lo sabían
"Claro que se sabía. El compañero que ahora pienso que casi me deja morir, y ya te lo contaré luego, decía en los bares que estaba picando carbón en la capa Bienvenida, esto es, en el sexto".

El carbón ilegal se extraía en Cerredo desde mayo de 2022, revelan vecinos y mineros / LNE
25 de agosto de 2022, el accidente
"Aquí te hablo del camión, que era el que usábamos para cargar el carbón que ya se sacaba del sexto piso y bajarlo a la criba. Ese camión se averiaba cada poco. Era chatarra. El informe pericial le detectó 26 deficiencias, pero lo usábamos. Esta parte es la más dolorosa para mí, porque hubo muchas mentiras y en el juicio todo quedo claro. El camión estuvo en reparación. Después de repararlo, lo probó el mecánico; así lo declaré a la Guardia Civil. Yo le pregunté: ‘¿Sirve para trabajar?’. Me dijo: ‘Sí, sí, lo único que está bajo de líquido hidráulico’. Y yo hice lo que cualquier día en los que ese camión funcionaba. Le dije a Sander si quería venir, porque él me dijo que la empresa le había dicho que tenía autorización para usar la maquinaria, porque querían que aprendiese, ya que yo iba a entrar a trabajar dentro de la mina en el sexto piso. Sander era un chaval muy trabajador, muy activo y tenía buena relación con él. Eran las tres de la tarde y subimos a cargar el carbón del día, como hacíamos normalmente. Cuando llegamos arriba, salía el turno que estaba picando y sacaba el carbón en vagonetas. Entre ellos estaba el que debió socorrerme en el accidente, luego te hablaré de él. Pero quédate con que estaba ahí. Yo cargué con la pala, como siempre. Cerré todo y salí para abajo. Todo perfecto. Hasta que al llegar a la curva por encima del tercer piso se paró el motor".
La muerte, en unos segundos
"El camión, con el motor parado, se fue sin frenos. No funcionaba nada, cargado y en pendiente. Empezó a coger una velocidad tremenda. Entonces Sander decidió saltar en marcha. [Este trabajador falleció al impactar con el suelo]. Yo aún seguí intentando arrancarlo, pero nada, y la velocidad aumentaba, así que decidí tirarme también. Pero yo me bajé hasta el estribo para saltar desde menos altura. Reventé la pierna contra el suelo y perdí el conocimiento. Fíjate cómo será que hice llamadas que no recuerdo. Lo que hice después lo sé porque me lo contaron".
Mi mujer y mi hijo me lo dijeron: "Te estaban dejando morir". Viendo lo que se declaró a la Guardia Civil, lo creo.
Las llamadas
"Por el teléfono sé que la primera llamada la hice a ese compañero que te dije que vi saliendo de la mina, pero no me lo cogió. La segunda, al guaje, al hijo de Jesús Rodríguez Morán [quien posteriormente quedaría como administrador de Blue Solving, la empresa a la que se traspasó la mina aparentando que se trataba de otra sociedad distinta aunque fuese de la misma familia]. Yo solo pedía: ‘Auxilio, auxilio’. Y por las declaraciones a la Guardia Civil sé que llamó al compañero que vi al salir de la mina y le dijo: ‘Ve a ver, que Enrique ha tenido un accidente’. Pero pasaron veintipico minutos y no llegaba nadie. Será el instinto de supervivencia o lo que sea, pero llamé a mi mujer. Le dije lo que me había pasado y que no venía nadie a ayudarme. Esto que te digo ahora, porque yo no lo sabía, me lo contó mi mujer esta misma semana: que yo ya le decía que no aparecía nadie a ayudarme. Mi mujer cogió el coche y fue hasta allí y llegó antes que la ambulancia. Ese compañero del que te hablé llamó al 112. La conversación está en las diligencias: dijo que no sabía qué había pasado, que había dos paisanos tirados en el suelo, que no sabía por qué, que no veía ningún vehículo. ¡Y había un camión de diez metros a la vista! ¡Y había hablado con él cuando salía de la mina! Te dije que me vienen imágenes: me viene esa, él metido entre los árboles hablando por teléfono. Pero nadie me socorría".
La pesadilla fue al despertar
"Abrí los ojos en el Hospital Universitario de León. Cuando salí de la uvi, en la habitación, mi mujer y mi hijo me dijeron: ‘Te estaban dejando morir’. Yo no daba crédito, no puede ser. Pero cuando ves las declaraciones a la Guardia Civil, las conversaciones por teléfono con el 112… que un tío con el que trabajas, que durante casi medio año estuvimos los dos solos, diga que no te conocía, ¿qué explicación le das a eso? Nadie vino a verme al hospital. Y la sensación es que toda la ayuda se fue retrasando al máximo".
La empresa le echa la culpa
"En septiembre de 2022, estando en el hospital, llegó una carta certificada de la mutua diciendo que se desentendía del accidente. Un despropósito total. Entonces empezamos a buscar un abogado, porque nada era normal. Y menos mal que mi hijo, cuando llamó al 112 el día del accidente dio datos: que éramos unos trabajadores de la mina, que estábamos en el horario laboral. De hecho, fue su llamada la que movilizó a los servicios de emergencia, porque la llamada del compañero no decía nada. Le preguntaban del 112: ‘¿Hay alguna moto?’. Y él: ‘No’. ‘¿Algún tractor o algo?’. Y él: ‘No’. ‘¿No ve ningún vehículo?’. Coño, hay un dúmper que mide de largo no sé cuanto. Sabía perfectamente quién era yo y lo que yo estaba haciendo, que era bajar carbón. Pues esa persona ha sobrevivido al accidente de 2025; ahora será testigo. ¿Qué fiabilidad tiene lo que diga?".
Comprar el silencio
"Estando en el hospital, vino un ingeniero de Combayl a hablar con mi mujer, en la cafetería. Le decía que estuviésemos tranquilos, que la empresa estaría de nuestro lado. Y mi mujer: ‘Esto no es normal, la mutua le echa la culpa’. Él dijo que era cosa de la mutua, pero eso es mentira. La empresa envió un informe a la mutua diciendo que todo había sido una imprudencia, que estaba fuera de horario. Cogieron un parte que yo había firmado en blanco para el mecánico de ocasiones anteriores y pusieron que yo reconocía que no podía coger el camión. Todo eso se demostró falso en el juicio que certifica que el accidente fue".
Un sindicalista llamó a una conocida para animarnos a arreglarlo por detrás
Sin apoyo sindical
"Yo no estaba afiliado a ningún sindicato, pero se supone que un sindicalista está para defender a un obrero. Pues te lo digo: un sindicalista del SOMA le envió un mensaje de voz a alguien de mi entorno para decirle que lo mejor era que lo arreglásemos por detrás. Aquí tienes el mensaje. ¿Qué clase de sindicalista es ese? ¿Arreglarlo por detrás? Las cosas las arregla la justicia".
[El sindicato SOMA ha iniciado un procedimiento de "información interna" para averiguar quién envió el citado mensaje, en qué circunstancias y qué papel desempeñaba en la organización, de cara a abrir un expediente de expulsión].
La batalla judicial
"Me ven y se esconden, o agachan la cabeza. Pero es que mintieron todos. En el juicio salí llorando al escuchar tantas mentiras. Entiendo que haya abogados que tengan que defender su posición, que es su trabajo. ¿Pero hace falta hacer daño así, contando burradas y mentiras? Cuando dejamos claro a la empresa que iríamos hasta el final, para que se supiese la verdad, lo siguiente que hicieron fue demandarme por imprudencia temeraria. Y decir tres mentiras que quedaron demostradas. Que estaba fuera de horario laboral y está claro que no. Que me prohibieron coger el camión y era mentira. Y difundieron un parte de trabajo que fue manipulado".
Años difíciles
"Perdí una pierna, pero no solo eso; no fue una simple amputación. Seis veces en quirófano, la última para una operación de ocho horas, con una intervención el año pasado. La recuperación que iba a ser para tres meses me llevó ocho, hasta poder poner una prótesis, y también eso dio complicaciones. Y luego, el tema judicial. He ganado en la parte laboral, y se ha reconocido que fue un accidente de trabajo. Aún queda la parte penal. Todo esto pasa factura, porque escuchas muchas mentiras de gente que al final no gana nada en eso, de trabajadores que mañana pueden ir a la puta calle y se embarran en esto. Quien avaló las mentiras de la empresa fue el mismo que dijo al 112 que no me conocía. Ahora será testigo del accidente de marzo de 2025, porque estaba en la mina y sobrevivió: ¿Quién creerá su testimonio?".
Marzo de 2025, la noticia del accidente con cinco muertos
"El 31 de marzo de este año íbamos de camino a Degaña y alguien llamó, que pasaba algo con la mina y grave, que iban helicópteros. Y, te soy sincero, no me sorprendió. Todo el mundo sabía que se estaba sacando otra vez carbón, porque hasta a mí me lo decían. Y eso que por recomendación de los psicólogos yo trataba de desconectar de todo. Luego fui sabiendo detalles, y que quienes habían muerto era la misma gente que trabajaba en el sexto piso cuando mi accidente sacando carbón sin permiso: tres de los fallecidos y dos de los heridos".
Lo conté todo a la dirección de Minas. ¿Y nadie veía esto?
¿Se habría evitado?
"Si todo el mundo en 2022 hubiese contado la verdad... si no hubiesen mentido a la Guardia Civil, a lo mejor esto no habría vuelto a pasar. Si se hubiese vigilado mejor o inspeccionado… Es que estos en 2022 explotaban ilegalmente lo más probable es que lo vuelvan a hacer. A lo mejor, sí, seguirían trabajando, pero haciendo aquello para lo que había permiso, no picando carbón, ¿entiendes? El accidente de marzo de este año era evitable al cien por ciento. Al mes siguiente de mi accidente le conté con pelos y señales a la Guardia Civil lo que pasaba, la actividad que había, los nombres de quienes trabajaban en el interior de la sexta planta sacando carbón. Y a la dirección general de Minas, en noviembre o así, les conté todo, porque no tenía nada que inventarme. ¿Y nadie veía eso? ¿Y que la empresa que sacaba carbón sin licencia volvería a hacerlo? Escuché en la comisión de la Junta que en Tormaleo está autorizado un carbón premium que solo puede venderse a Arcelor: ¡si se decía que iban los carboneros a cargar y particulares con tractores y remolques de coche! Se formaban colas para cargar carbón, de gente de Cangas del Narcea, de Laciana. Y en las fiestas se sorteaban vales. Es en ese carbón para calefacciones donde se saca dinero, a 500 euros la tonelada. Así es que cuando venían a pagarte las horas extra llegaban con una mochila llena de billetes de 50 euros. Pero te vuelvo a lo mismo. Es que se mataron cinco tíos. Se nos está escapando eso en discusiones de políticos o de papeles. Se mataron cinco paisanos que no tenían que haberse matado porque no tenían que estar ahí. Y por negligencia de mucha gente. Yo viví ese silencio sobre lo que pasa. Cuando pase el tiempo, todos se darán cuenta de que callar no lleva a nada. Entiendo a la gente que trabaja, que tiene que comer y mantener una familia y pagar unas letras. Pero quien hace algo ilegal es la empresa; quienes tienen que evitarlo son quienes deben vigilar. Se mataron cinco paisanos. Cinco".
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