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Almuña vuelve al pasado para dar lo mejor de sí (y los visitantes aplauden la hazaña)

Centenares de personas disfrutan del Festival del Esfoyón, una oportunidad única para ver el trabajo artesanal de tiempos pretéritos

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Almuña (Valdés)

Todas las corradas del barrio de San Lorenzo de Almuña tienen actividad. En unas se cuece sopa de ajo. En otras se asan castañas. Algunas ofrecen sidra dulce y no faltan los torreznos y los tortos. La gente «disfruta».

Almuña está de fiesta gracias a la asociación «Almuña, ahora y siempre», un grupo de vecinos que se animó a organizar el Festival del Esfoyón y el Amagüestu, una cita que ya es una de las más señaladas del calendario otoñal del concejo.

Las calles se cortan al tráfico y, poco a poco, la iluminación y la decoración van conquistando a los visitantes. Mamen Rodríguez y María del Carmen García son de Luarca «y esta vez no faltamos». Es la primera vez que recorren Almuña «para ver qué nos quieren contar», dice la segunda. Al entrar, ya hay pista: «Aquí se vuelve al pasado», reza un cartel.

Poco a poco, se invita a los asistentes a «conocer cómo se hacían antes las cosas», dicen las mujeres. «Nos gusta mucho porque nos recuerda lo de antes y porque está bien que alguien se acuerde de todo esto».

Hay personas fabricando madreñas, como Gil Fernández, de Rellanos. «Esto ya no lo hace nadie a mano», lamenta mientras aporta la solución. «Hay que ponerse y aprender».

Una jornada "muy especial"

Son muchas las personas que se paran a admirar lo que se hace y se ofrece en los puestos. Masu Pérez es una vecina que colabora en la propuesta y con su aportación hace posible la fiesta.

Lo dice con una sonrisa. «Hay mucho trabajo, pero esto es algo muy especial», dice. Lo es porque la gente «responde», porque de verdad «se siente que lo que haces interesa». A ella le toca ser castañera por un día. Hay 100 kilos para asar en directo. Se venden y la cola es larga.

Jesús Fernández da vueltas al torno mientras el fuego, que es fuego de verdad, permite asar las castañas. «En media hora, listas», advierte.

No hace frío cerca del lugar donde se cocina el preciado fruto del otoño, pero tampoco en el barrio «y eso anima mucho las visitas». Es Catia Menéndez, una de las almas de la fiesta, quien lo dice.

Sara Pérez y la pequeña Marina Grillo, con las sopas de ajo.

Sara Pérez y la pequeña Marina Grillo, con las sopas de ajo. / Ana M. Serrano

Trabajan todo el año para que la fiesta sea posible y, además, logre el éxito. «Hay mucha tarea, no solo es lo que se ve», dice con una sonrisa. El colectivo logra unir al pueblo con un fin y ese, quizás, es el objetivo más loable.

«Por lo que vemos, lo vamos consiguiendo», añade. Por lo demás, cuenta que hay seis personas en la junta directiva que están atentos a todo. A saber: Raquel Menéndez, Ricardo Cernuda, Ramón Crespo y Joel Fernández. «Nos da mucha satisfacción ver que la gente disfruta; todo está diseñado para eso», advierte Catia Menéndez.

Este año destacó la iluminación y, como todas las ediciones desde hace cuatro años, se presentó una novedad: para esta edición, enchorizar con la máquina de embutidos.

Los frixuelos, un éxito

Alfredo Fernández se encarga de ‘enriestrar ‘el maíz. Es de Ranón y muestra esta habilidad con las manos mientras muchos menores prestan atención a las panoyas. Cerca están las cocineras de los frixuelos.

«Esto garantiza el éxito», dice Angelina Martínez mientras da una vuelta a la pieza típica asturiana. Solo se ofrece de forma gratuita la sidra dulce y los torreznos. El resto requiere de pago porque hay que hacer frente al coste de la materia prima. «Pero eso a la gente hoy no le importa; cada año hay más», sostiene la cocinera.

Donde trabaja hay cuatro bombonas, todas a pleno funcionamiento. Para la ocasión se han reservado 40 litros de leche, «así que una se puede imaginar cuántos frixuelos vamos a comer aquí... serán muchos».

No faltan los cestos hechos a mano ni la habilidad en directo del herrero. También hay desnatadora y no falta la música de las gaitas. En el pueblo abunda, por un día, y será el único del año, lo artesano y los puestos vinculados por una u otra razón a esta palabra.

Un grupo de personas en uno de los puestos.

Un grupo de personas en uno de los puestos. / Ana M. Serrano

Catia Menéndez está «agradecida» porque los artesanos «son fieles a Almuña». Por el barrio abundan las familias y, sobre todo, los menores de edad.

«Está bien ver las cosas que se hacen con las manos, ver cómo vivíamos antes, ahora que todo está tan cambiado tan rápido», dice Rosa López mientras degusta un torto.

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