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La niña Alexia, el gato "Calabaza" y el valor de hablar con el corazón desde Vegadeo

La veigueña firma con cuatro años su primer libro, que habla de la soledad de los menores

Alexia Lanza con su tía Mar Álvarez, el gato "Calabaza" y el libro.

Alexia Lanza con su tía Mar Álvarez, el gato "Calabaza" y el libro. / A. M. S.

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Vegadeo

Alexia Lanza tiene solo cuatro años, pero en su corta vida ya ha aprendido algo que a muchos adultos les cuesta: que hablar cura, aunque sea con un gato. Vive en Vegadeo con sus padres. Su madre es de Armeirín, en el municipio de Castropol. Su padre, de Savariz, en Coaña. Va al colegio del pueblo, donde todos la conocen por su curiosidad y su forma de preguntar "¿por qué?" a todo. Alexia no se conforma con respuestas simples: quiere entender el mundo que la rodea y tal vez por ello acaba de firmar con tan corta edad su primer libro, "El gato Calabaza y la niña que tenía un tesoro".

Una niña despierta en un mundo que va muy deprisa

Su tía, Mar Álvarez, la define con una sonrisa: "Es muy lista, muy reflexiva, una mente inquieta. Desde pequeña siempre quiere que le razones las cosas". Mar vive también en Vegadeo, aunque trabaja como auxiliar en Villanueva de Oscos. Estos meses está de baja por una operación de hombro, lo que le ha permitido pasar más tiempo con su sobrina.

Los padres de Alexia "trabajan mucho", confiesa su tía. Su madre, Lucía Álvarez, es gerente de una empresa dedicada a la organización de eventos. "Pasan largas jornadas fuera de casa", dice. Desde que nació, la pequeña ha pasado mucho tiempo en casa de su abuela. Allí, entre recuerdos familiares y alguna pérdida reciente, como la de su bisabuela y su carismático abuelo, ha aprendido a convivir con las ausencias.

"Nos pasamos el día trabajando y quienes les faltamos somos nosotros"

Lucía Álvarez suele repetir una frase que duele por su verdad: "Trabajamos para que no les falte de nada, pero quienes les faltamos somos nosotros". Y esa es la realidad que Alexia Lanza, con su inteligencia precoz y su corazón de niña, empezó a expresar: "Se sentía sola". Casualidades de la vida, en la casa de campo de la familia materna, la gata "Merlina", la de siempre, tuvo una camada. Entre los cachorros, uno llamó la atención de Alexia: era naranja, redondito y cariñoso. Lo llamó "Calabaza".

"Pasábamos mucho tiempo con él (en referencia al gato)", recuerda su tía. "Yo le preguntaba estaba triste, porque le notaba algo, pero no quería contarme nada, así que le propuse que se lo contara a 'Calabaza'". Y así lo hizo.

La niña empezó a confiarle al pequeño gato sus pensamientos, sus miedos y su tristeza por no ver tanto a sus padres. Le hablaba con naturalidad, "con la pureza de quien encuentra consuelo" en la escucha de un animal.

Un cuento a mano, como los de antes

La tía de la protagonista, amante de la lectura, animó a su sobrina a escribir esta historia que contó a "Calabaza". A mano, en un cuaderno, fueron creando juntas un pequeño cuento, lleno de dibujos torpes y frases sinceras. "Ella me preguntaba: ‘¿Qué pusiste aquí?", cuenta Mar Álvarez. "Y yo le decía que era nuestra historia. La suya y la de 'Calabaza'".

Su tía asegura que la historia, publicada en la plataforma Amazon, refleja algo más grande: cómo los niños de hoy aprenden a gestionar la soledad y la ausencia en una sociedad que corre demasiado deprisa y tal vez prioriza lo urgente ante lo importante. Mar reflexiona: "Al final, los niños usan las armas que tienen: el llanto, el juego, la imaginación. Y, a veces, hablar con un gato es la mejor manera de no sentirse solo".

Dedicado a sus padres y a su profesora Irene

Sin ánimo de hacer spoiler, el cuento termina con un mensaje lleno de ternura: los padres de Alexia "siempre quisieron estar más tiempo con ella, pero deben mantener el hogar y eso también era una forma de amor". "Yo creo que ahora sabe que aunque muchas veces se quede con los abuelos, nunca le faltó fue el cariño, ni la certeza de que su familia está siempre con ella", dice su tía.

El libro, "que nos sorprende porque tiene muy buena acogida", está dedicado a sus padres y a una profesora que supo ver y valorar toda su creatividad, Irene.

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