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Carolina Pérez, la enfermera tapiega que ayuda a las familias asturianas a mejorar el sueño de sus bebés

"Cuando llega el recién nacido, la vida ya no puede ser igual a la que tenían antes", señala esta profesional de la salud

Carolina Pérez junto a sus hijos Valentina y Bosco.

Carolina Pérez junto a sus hijos Valentina y Bosco. / LNE

Tapia de Casariego

“Hace cuatro años me convertí en mamá con la llegada de Valentina, una rubia inquieta que vino a revolucionar nuestro mundo, pero, sobre todo, nuestras noches. Nadie nos había preparado para lo difícil que podía llegar a ser el sueño de un bebé”. Así cuenta la tapiega Carolina Pérez el impacto que la maternidad tuvo en su vida: no solo se convirtió en madre, sino que esta enfermera de 39 años descubrió el mundo del sueño infantil. Se certificó como asesora de sueño y ahora quiere ayudar a otras familias que, como la suya, se sienten agotadas y frustradas por el mal descanso de sus bebés y la escasa ayuda para encontrar una solución.

La formación como asesora de sueño le permitió afrontar con “más herramientas y serenidad” su segunda maternidad, la de su hijo Bosco. De la experiencia con Bosco y Valentina nace su asesoría personalizada de sueño infantil respetuoso, de ahí que su marca lleve el nombre de Carolina Valenbos por las primeras letras de sus niños. En marzo se lanzó a esta aventura, que compatibiliza con su trabajo como enfermera en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) y sus sensaciones son buenas por la acogida de las familias con las que ha trabajado. “Me llaman desesperadas y agotadas y terminan el proceso encantadas, por eso, estoy muy contenta”, apunta.

“Noches horribles”

Cuando mi hija Valentina nació en 2021 yo lo pasé fatal porque no dormía nada y pasaba noches horribles. Buscaba consejo en el pediatra y la matrona, pero siempre encontraba la misma respuesta, que paciencia, que los bebés son así… El caso es que cada vez me sentía peor”, relata. A través de un amigo conoció la figura de las asesoras del sueño y contactó con una profesional de Madrid, que literalmente transformó su maternidad. “Me pareció algo mágico y empecé a leer y a formarme en el sueño infantil”, explica.

La figura de las asesoras del sueño es habitual en Estados Unidos o Inglaterra, pero aún es incipiente en España, por eso no existe aún una formación reglada. “Es clave entender la fisiología del sueño, pero también saber descartar otras patologías y derivar a otros profesionales cuando es necesario”, señala, subrayando la importancia de la formación constante. En su caso, actualmente está haciendo un curso universitario en sueño pediátrico para profesionales de la salud. Esta especialista en sueño deja claro que su trabajo no es con el bebé, sino con las familias y el éxito depende de la confianza que tengan en la profesional y en el proceso.

Cuestionario de inicio

Lo primero que hace Carolina Pérez es enviar un largo cuestionario para conocer cómo es la vida de la familia porque la clave está en crear el ambiente y las rutinas necesarias para favorecer el sueño. “Lo primero que tienen que saber es que cuando llega el bebé, la vida ya no puede ser igual a la que tenían antes. Los niños tienen unos ritmos biológicos que hay que entender y respetar y las familias deben adaptarse a sus necesidades fisiológicas”, precisa. Tras recibir el cuestionario, la especialista estudia el caso y elabora una hoja de ruta, acompañando a las familias en el proceso.

Tenemos una primera videollamada de hora y media en la que les hablo de lo que necesita el niño en función de la edad y de cómo cuidar el ambiente que hay en casa para que el momento de dormir no sea una lucha. Lo que se busca es trabajar la autonomía en el sueño, pero teniendo en cuenta que no dormimos a los niños, duermen ellos, nosotros los acompañamos y les ayudamos para obtener la relajación necesaria para dormir”, señala la tapiega, que incide en el hecho de que no hay que enseñar a dormir, solo a relajarse. En este sentido indica que, por ejemplo, para un bebé de nueve meses es normal tener entre tres y cuatro despertares y que lo importante es cómo actuar antes y durante esos despertares para que los niños no sean tan dependientes del adulto, no se sientan inseguros y puedan volver a dormirse.

Proceso evolutivo

La tapiega explica que hay que tener en cuenta que cada niño es un mundo y necesita su tiempo, pero, siguiendo las pautas, el éxito está prácticamente asegurado. “Funciona siempre, pero hay que tener las expectativas claras y saber que el sueño es un proceso madurativo y evolutivo y va cambiando a medida que el niño crece. Lo que buscamos es que gane autonomía”, añade, consciente de que existe mucha desinformación al respecto, lo que genera frustración en las familias. Por eso, además de las asesorías personalizadas ofrece talleres y formaciones a modo de educación para la salud en los que explica a los padres qué hay detrás del sueño de sus hijos y les ofrece herramientas para poder sobrellevarlo mejor. “Lo que más me preocupa es la falta de información y que no se le dé al sueño la importancia que tiene, especialmente en la infancia. El sueño es salud y tiene un gran impacto en el desarrollo infantil”, concluye.

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