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Resurrección demográfica en Vegadeo, gracias a la inmigración sudamericana: "Aquí hay trabajo y casas baratas"

El concejo del Occidente se convierte en referente del auge de la población en zonas rurales

Las hondureñas Bárbara Martínez y Selina Posada, en su tienda de Vegadeo.

Las hondureñas Bárbara Martínez y Selina Posada, en su tienda de Vegadeo.

Sara Bernardo

Sara Bernardo

Vegadeo

El Instituto Nacional de Estadística publicó esta semana el censo de 2025, un documento que permite tomar el pulso demográfico al país municipio a municipio y que, en el caso de Asturias, arroja conclusiones muy nítidas. Aunque la región continúa inmersa en un proceso de envejecimiento y reducción de la natalidad, los datos muestran un significativo incremento del número de habitantes impulsado por la fuerte llegada de población extranjera. Este crecimiento, aunque moderado, rompe con una tendencia de décadas y revela dinámicas nuevas, especialmente visibles en algunos municipios del occidente. Es el caso de Vegadeo, donde la colonia sudamericana ha frenado la sangría demográfica después de décadas.

Según las cifras, Asturias suma ya 67.677 vecinos foráneos. Su llegada no solo contribuye a sostener o incluso a aumentar la población en zonas que llevaban años perdiendo habitantes, sino que supone un auténtico revulsivo económico y social. Y uno de los ejemplos más claros es Vegadeo. En el concejo limítrofe con Galicia, por cada 100 habitantes, casi 11 (un 10,75%), son ciudadanos extranjeros. Su llegada ha dinamizado el comercio, ha favorecido la apertura de negocios y, sobre todo, ha reforzado el cuidado y la atención a una sociedad cada vez más envejecida.

Por la plaza del Ayuntamiento de Vegadeo caminan juntas Inés Amor González y Perla de Jesús, rumbo a comprar el pan. Perla, con gesto atento, ayuda a su amiga a cruzar la plaza y carga con la bolsa de la compra. Llegó hace algo más de dos años desde Paraguay, en busca de oportunidades y estabilidad. "Al principio empecé de interna en otra casa, pero cuando la mujer falleció, me contrató Inés", cuenta con una sonrisa tímida. Su historia forma parte de la de los 422 extranjeros afincados en Vegadeo, que tiene 3.930 vecinos (45 más en un año), tras abandonar sus países de origen. La mayoría llegó gracias a la mediación de familiares, amigos o conocidos.

Arriba, la venezolana Kelly Valbuena, en una cafetería de Vegadeo.  Debajo, Claudia Cáceres, de Paraguay, en la caja de un supermercado.  |

La venezolana Kelly Valbuena, en una cafetería de Vegadeo. / LNE

Ese es el caso de la mujer que cobra detrás del mostrador de uno de los supermercados de Vegadeo. Con gesto afable, Claudia Cáceres, también paraguaya, resume su trayectoria mientras atiende a los clientes. "Llegué a Vegadeo hace 15 años", relata. Viajó a Asturias gracias a su hermano, que había llegado antes. "Él no sabía muy bien qué pueblo escoger, pero aquí tenía una novia, así que primero se vino él y luego le seguí yo", indica, entre risas. Con el paso del tiempo, encadenó varios trabajos como empleada interna, hasta que hace decidió cambiar de rumbo: comenzó a trabajar en el supermercado, donde ahora se encuentra plenamente integrada. "Estoy muy contenta, fue una gran decisión venirme. Aquí he hecho mi vida", reconoce.

La historia de Kelly Valbuena, venezolana, también refleja este proceso de arraigo progresivo. Lleva en Vegadeo desde 2022. Su pareja emigró desde Venezuela poco antes de la pandemia; se instaló primero en Sevilla, pero gracias a un amigo se trasladó más tarde a Vegadeo. Ella lo siguió con cierta incertidumbre. "Tardé un poco en adaptarme porque necesitaba conseguir los papeles para empezar a trabajar e involucrarme en la vida del pueblo", confiesa, mientras prepara un café para un cliente en un bar. Con paciencia y esfuerzo, logró regularizar su situación laboral y sentirse parte de la comunidad. "Ahora ya soy casi una más", bromea.

Resurrección demográfica en Vegadeo

Claudia Cáceres, de Paraguay, en la caja de un supermercado. / LNE

Las historias de procedentes de distintos rincones del mundo se entrelazan en este pequeño municipio del Occidente asturiano, que poco a poco ha ido convirtiéndose en un refugio y a la vez en un lugar de oportunidades. Bárbara Martínez viajó en 2017 desde Honduras hasta Barcelona con su hijo para reunirse con su marido. "Era imposible conseguir un piso", destaca. La situación dio un giro cuando recibió la llamada de su amiga de toda la vida, Selina Posadas, quien también había emigrado desde Honduras pero, en su caso, había desembarcado directamente en Vegadeo. "Aquí los alquileres eran muy asequibles y a los tres días conseguí trabajo como interna", relata Posadas, agradecida al recordar aquellos primeros pasos.

A raíz de la recomendación de su amiga, Martínez decidió trasladarse con su familia al Principado. "En aquellos años no había tanto extranjero y pudimos encontrar trabajo y una casa de forma muy rápida", explica. Tras años trabajando como cuidadora, Selina Posadas logró ahorrar lo suficiente para montar su propia tienda de alimentación. Un pequeño negocio en el que trabajan juntas y que lleva por nombre "TienCatracha", en homenaje a sus raíces hondureñas, pues "catracho" es el nombre popular con el que se conoce a los habitantes de Honduras.

"Es un pueblo que sentimos como nuestro", coinciden ambas, reflejando en sus sonrisas una mezcla de gratitud, pertenencia y nostalgia por la tierra que dejaron atrás. Sus historias muestran cómo Vegadeo se ha transformado en un ejemplo palpable revitalización demográfica, gracias a quienes lo han elegido para empezar una nueva vida.

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