Se cumple una década del gran incendio de El Franco: así recuerdan los vecinos aquellas horas de terror
"Fue un infierno, nunca habíamos visto algo así", recuerdan los habitantes, que lucharon junto a los efectivos de emergencias para lograr salvar las casas

En imágenes: Así se recuerda el gran incendio de El Franco en la zona cero de la catástrofe /
La casa arrasada de Manuel Méndez, conocido como Manolín de Riobón, fue una de las imágenes más dolorosas del incendio que en diciembre de 2015 arrasó 2.500 hectáreas del concejo de El Franco. Una lengua de fuego de diez kilómetros que nació en Boal y llegó al mar de Viavélez en cuestión de horas, empujada por rachas de viento de 100 kilómetros por hora. Una década después, nadie se olvida. Sin embargo, el territorio ha logrado recomponerse, como demuestra la vivienda reconstruida de Manolo, que suma 86 años y espera no volver a vivir algo igual.
"Las pasé negras. A la casa no le quedaron más que las cuatro paredes, bajó el techo entero", recuerda Méndez, que también perdió a su perro "Manín" en la catástrofe. "Fue un infierno aquello. No había forma de apagarlo. Yo nunca había visto un incendio así y ojalá que no lo vuelva a ver", cuenta, mientras relata que salvó su vida porque cogió su coche y se metió en una zona de campo a esperar ayuda. Horas después, le rescató la Guardia Civil y le llevó a lugar seguro. El fuego también devoró sus cuarenta hectáreas de monte y con la venta de la madera quemada pudo reconstruir su vida y, en 2020, regresó a su casa de nuevo.
Ayudas
La alcaldesa de El Franco, Cecilia Pérez, cuenta que Manolo fue uno de los beneficiados por las ayudas que llegaron para la reconstrucción de El Franco. Hubo fondos públicos del Principado, pero también se repartieron entre los afectados que pudieron acreditar sus pérdidas los 35.000 euros recaudados en cuestión de semanas gracias a la solidaridad vecinal.
La primera edil explica que lo más triste es que la historia vivida en El Franco sigue repitiéndose sin soluciones mágicas. "Es algo que me preocupa», señala, consciente de que hay muchos factores que influyen, desde el cambio climático a la gestión forestal. De lo poco positivo que salió del incendio, están, señala, las concentraciones parcelarias de Grandamarina y La Braña. La primera concentró 205 hectáreas y está lista, la segunda, muy compleja, encara su recta final. "En La Braña llevamos treinta años, mucho antes del incendio, tratando de solucionar el problema jurídico de los montes. Por fin se logra, pero detrás hay mucho trabajo que no ve nadie", apunta. Acaba de adjudicarse la red de caminos, la última parte del trabajo para concentrar más de 700 hectáreas.
"Impresionante"
Los afectados como Emilio Sánchez ansían el fin de la actuación para poder repoblar sus montes. Él perdió unas nueve hectáreas y fue de los primeros de El Franco en ver las llamas desde su pueblo de A Cabana, en la parroquia de La Braña. "Al principio veíamos humo, pero hacia las cuatro de la tarde apareció el fuego. Fue impresionante. Incendios hubo, pero no como ese", relata este hombre de 70 años. Cuando vio que la cosa se ponía complicada se marchó con su hermano a La Braña y allí aguardó hasta el día siguiente. Salvó la casa porque había cambiado el tejado hacía poco y el nuevo no prendió, pero las llamas mudaron todo a negro.
Contra ellas lucharon no solo los efectivos de emergencias, "que no daban abasto", sino los vecinos armados con cubas y tractores. Uno de ellos fue Gonzalo Fernández, de 49 años. Bajó con un compañero hasta A Cabana y alucinó con la lengua de fuego: "Pensamos que no era tan gorda, pero vimos el percal e intentamos salvar las casas". A eso se dedicaron durante toda la tarde y noche de aquel 19 de diciembre. "Con cubas y paciencia cortamos el fuego, para que no pasara al otro lado del pueblo", apunta.
Gonzalo Fernández y Emilio Sánchez dan cuenta del peligro vivido y de lo poco que pasó para lo grave que fue. No hubo víctimas mortales, aunque sí se perdieron algunas viviendas y cuadras y, sobre todo, mucho monte que tardará años en recuperarse. Los vecinos, relatan, tuvieron que vender la madera muy por debajo de su precio y perder la hucha de una vida. "La gente que tenía cubas iba a donde le parecía que había peligro, pero había mucho viento y mucha sequía y el fuego iba muy rápido. Los vecinos de San Julián vinieron a ayudar a La Braña y cuando llegaron ya tenían el fuego en su pueblo. No fue un día fácil", relatan. La zona cero del fuego vuelve a estar verde, pero nadie se olvida de aquellos días de auténtico pánico en El Franco.