La más que centenaria Policía Local de Valdés: un retrato generoso por su apasionante historia gráfica
El agente José Manuel Fernández recopila imágenes históricas y pone orden a la cronología tras rescatar múltiples documentos

Policías locales en Luarca, vestidos de gala. / R. A. S.

Detrás de esta mirada a los 165 años de historia de la Policía Local de Luarca, cumpleaños que cumplió en 2025, hay un trabajo silencioso y generoso.
Es el del agente José Manuel Fernández, quien recopiló, rescató y ordenó la documentación histórica y el material gráfico disperso en archivos, libros de actas y fondos municipales, construyendo un relato riguroso y coherente que, gracias a su empeño, queda ya para la posteridad.
Su labor no solo preserva la memoria de la institución, como quedó claro en el acto de celebración de la efeméride, sino que permite "comprender mejor la evolución de la villa y de quienes velaron por ella a lo largo de generaciones".
Hay instituciones que crecen al ritmo de los pueblos a los que sirven. La Policía Local de Luarca es una de ellas. Su historia, que alcanza ya los 165 años, no es solo la de un cuerpo de seguridad, sino la de una comunidad que fue aprendiendo a organizarse, a cuidarse y a convivir.
Serenos, alguaciles y monteros
En la segunda mitad del siglo XIX, cuando Luarca rondaba los quinientos habitantes, la seguridad descansaba en figuras hoy casi olvidadas: alguaciles, serenos y monteros, siempre según la documentación recopilada y redactada para la ocasión por Fernández.
"Hombres sencillos, con más vocación que medios, que vigilaban calles, montes, fuentes y caminos". Los serenos recorrían la noche con una porra y un silbato, encendiendo farolas y auxiliando a los vecinos, muchas veces sin sueldo fijo, dependiendo de lo que la ciudadanía pudiera aportarles. No extraña, por tanto, que las renuncias fueran frecuentes.
En 1860, sigue el relato, se sientan las bases de la Guardia Municipal. "Cuatro agentes figuran en el acta de constitución, con funciones y salarios aún por regular". l camino no fue sencillo: hubo intentos de ampliar la plantilla que fracasaron al conocerse las retribuciones, y otros que salieron adelante gracias a la incorporación de antiguos licenciados del ejército. En 1864, la plantilla alcanzaba ya los seis agentes, con un sueldo de seis reales diarios.

Una foto de la Policía Municipal valdesana con traje blanco. / R. A. S.
La villa crecía y con ella los problemas cotidianos. Las caballerías que acudían a los mercados colapsaban las calles, generando conflictos entre propietarios y vecinos. Su "estacionamiento" impedía el paso a personas y ganado y, en no pocas ocasiones, derivaba en altercados. Estas situaciones fueron una de las causas que impulsaron la creación y consolidación de la Guardia Municipal.
El nacimiento de las normas municipales
Las normas municipales se hicieron cada vez más necesarias. Ya en 1786 se aprobaban ordenanzas que regulaban desde la limpieza de los espacios públicos hasta la prohibición de tender ropas o cueros en el puente de la villa, bajo pena de multa. Los alguaciles ejercían funciones de auténtica policía administrativa, imponiendo sanciones y velando por el cumplimiento de la normativa vigente.

Un policía local durante un festejo, en Luarca. / R. A. S.
En 1909 aparecen los primeros problemas de tráfico, "debido a la velocidad de los vehículos", y ese mismo año se establece la obligatoriedad de solicitar licencias para obras, que serían vigiladas por la Guardia Municipal. En 1914, la plantilla estaba formada por siete guardias municipales, un alguacil y un sereno, en una villa que rondaba ya el millar de habitantes.
El último sereno, hasta 1978
Durante décadas convivieron Guardia Municipal, alguaciles y serenos. Estos últimos se mantuvieron en Luarca hasta principios de los años setenta del siglo pasado, cuando una ley estatal decretó su desaparición, pasando a integrarse como auxiliares de la Policía Local. El último sereno de la villa, Alfonso Martínez, se jubiló en 1978, cerrando así una etapa entrañable y muy presente en la memoria colectiva. Una imborrable huella fue la que dejaron José Luis Dafonte, nombrado jefe de la polícía local en los años cincuenta, y Luis Méndez Llano, "Laurido", quienes se jubilaron en 1983.

Un agente supervisando si un coche tenía autorización para aparcar. / R. A. S.
Ya en tiempos más recientes, en 1985, se incorpora como jefe de la Policía Local Roberto Martínez Fernández, procedente de la Policía Local de Avilés, tras superar el correspondiente proceso de oposición. Era el reflejo de una institución "ya plenamente profesionalizada, adaptada a los nuevos tiempos", pero sin perder el vínculo con su origen. Hoy, el cuerpo local dirigido por Carlos Regino García y tiene 11 agentes en activo.
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