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La dulce historia de Andrea y Luis en Vegadeo: dejaron su vida en Madrid para reabrir un obrador de pastelería en la capital veigueña

La pareja dejó su vida en la capital madrileña y encontró su lugar en el Occidente, donde hace un mes abrieron la pastelería Orígenes

Andrea y Luis posan en su obrador de Vegadeo.

Andrea y Luis posan en su obrador de Vegadeo. / T. Cascudo

Vegadeo

Andrea C. Bravo y su marido, Luis Santiago García, dejaron el asfalto de Leganés para mudarse al pueblo y abrir en Asturias un obrador de pastelería. En Vegadeo han encontrado su lugar y la acogida de la clientela no ha podido ser mejor. "La gente nos da las gracias por estar y nos preguntan si tenemos intención de quedarnos. Yo les digo que espero quedarme aquí muchos años, no cambio la tranquilidad con la que vivimos aquí por nuestra vida en Madrid", señala la pastelera, que, aunque nació en la comunidad madrileña, siempre tuvo claro que no era su lugar en el mundo.

La madrileña, de 36 años, estudió Veterinaria, pero se enamoró de la pastelería. Empezó de manera autodidacta cuando se independizó, después se formó y durante nueve años trabajó en diferentes pastelerías de Madrid. Esa experiencia le sirvió para tener claro su concepto: apostar por el producto de máxima calidad, artesano, pero con un toque de pastelería moderna. "Poco a poco me fui dando cuenta de que quería montar algo propio, donde hacer un producto lo más natural posible y de manera artesana", relata mientras da forma a unos pasteles circulares.

Andrea C. Bravo muestra una bandeja de pasteles recién hechos.

Andrea C. Bravo muestra una bandeja de pasteles recién hechos. / T. Cascudo

Viaje por el "Prestige"

Su marido conoció Asturias en 2002 con motivo de la tragedia natural causada por el petrolero "Prestige" frente a las costas gallegas. Subió al Norte a colaborar con las tareas de limpieza de las costas y se enganchó. Fue él quien le descubrió a su mujer la región y, desde hace años, eligen Asturias para veranear. "Conocí el Norte gracias a él porque yo durante mi infancia siempre había veraneado en Andalucía, pues mi madre es malagueña. Me enamoré de la zona, fue un flechazo. Con el tiempo tomamos la decisión de dejarlo todo en Madrid porque no estábamos a gusto en la ciudad", relata la pastelera.

Tras mucho buscar, apareció una casa que les encajaba en la zona, en concreto en Castropol. Y, al poco de visitarla, se enteraron de que había un obrador de pastelería en alquiler en Vegadeo. Les encajó como anillo al dedo y se lanzaron. "Se puede decir que el obrador nos trajo a Vegadeo. Lo vimos y nos pareció increíble", relata la pastelera, feliz con la decisión y la acogida que están recibiendo. "Dentro de nada haremos nuestro primer mes abiertos y el balance es muy positivo. La gente nos trata con mucho cariño y estamos encantados. Recomiendo totalmente el cambio", señala.

Andrea y Luis en su obrador.

Andrea y Luis en su obrador. / T. Cascudo

Luchar por un sueño

Ella lleva las riendas de la pastelería, aunque cuenta con el apoyo de su marido. Para Santiago el cambio fue mayor, ya que trabajaba en el gremio de la seguridad. "A ella esto la apasiona, para mí es un trabajo, pero no me disgusta. La verdad es que sientes que estás haciendo algo, te sientes útil y cada día aprendes algo diferente", señala, dispuesto a luchar por este sueño compartido.

En esta primera etapa van probando diferentes propuestas y viendo lo que más encaja al público veigueño. "Ofrecemos un tipo de pastel artesano, pero con un enfoque moderno, entonces a veces la gente llega buscando un pastel de concepto tradicional. Sin embargo, se animan a probar y así vamos viendo lo que gusta. Hay productos que ya sabemos que son fijos y otros los vamos quitando y poniendo otros nuevos", relatan. Es el caso de la tartaleta de manzana, una propuesta que sorprende por su toque a mazapán.

"Orígenes" es el nombre de este negocio familiar que llega para quedarse. El nombre, dicen, es un guiño a sus raíces a todo aquello que les ha hecho ser quien son. "Estamos aquí gracias a nuestras experiencias y a nuestra familia y amigos. Si mi marido no hubiera ido a limpiar cuando el Prestige, igual no habría conocido el Norte y, si yo no lo hubiera conocido a él, no estaría aquí. Queremos dar gracias porque estamos aquí por todo eso", relata la profesional.

Exterior del negocio, en la villa veigueña.

Exterior del negocio, en la villa veigueña. / T. Cascudo

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