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Alba Noriega, la amante del fútbol que se formó con 14 años para ser árbitro: "En mi primer partido lo pasé mal"

La naviega compagina ahora el Bachillerato con el arbitraje en el fútbol base asturiano, donde lleva tres temporadas defendiendo el respeto y el compañerismo desde el centro del campo

Alba Noriega en el instituto de Navia.

Alba Noriega en el instituto de Navia. / Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Navia

Su seguridad al expresarse habla de su determinación. Alba Noriega es fan del fútbol y no quiso dejar pasar la oportunidad de convertirse en árbitra. Recibe a este diario entre clase y clase, en el instituto Galileo Galilei de Navia. No piensa perder un minuto de su formación y por eso la entrevista es corta. Viste deportiva, aunque para su lamento en Bachillerato no hay educación física, y habla de todas las bondades de un deporte en el que cree porque es, más que nada, "compañerismo".

Alba Loriega cuenta su historia con la naturalidad de quien tiene claro el camino que ha elegido. Nació en Cataluña, pasó parte de su infancia en Burgos y desde primero de la ESO vive en Navia, a donde llegó alrededor de 2020. Ese ir y venir de lugares no le pesa: al contrario, la ha hecho sentirse cómoda en un entorno, Navia y el Occidente asturiano, que define "como acogedor y muy volcado con el deporte".

Su historia como árbitra comienza pronto. Con apenas 14 años, y todavía con los estudios como principal obligación, descubrió que podía formarse para esta profesión antes de cumplir la mayoría de edad. Lo vio en internet, preguntó por correo y no dudó cuando le confirmaron que el curso se impartiría de forma online para la zona del occidente asturiano. "Clases por videollamada, dos veces por semana, una veintena de personas conectadas y, antes de debutar, una sesión presencial en Oviedo", cuenta. Así empezó todo. De curso, era la más joven. Tal vez en su momento fue una de las árbitras más jovenes de España de Deporte base. "No es muy habitual", dice. Sin embarga, ella, que como deporte eligió en su día atletismo, lo tenía claro.

Mediar con categorías base

Su primer partido llegó en categorías de base, benjamín y prebenjamín. Muchos nervios. "Lo pasé mal", reconoce sin dramatismos, pero también con la convicción de quien sabe que aprender forma parte del proceso. Tres temporadas después, arbitra tres o cuatro partidos cada fin de semana por campos de Tapia, Luarca, Jarrio o Puerto Vega, como ejemplo. "Ya casi no hay nervios", dice, solo concentración y una seguridad que se nota tanto dentro como fuera del campo.

En un mundo donde la figura del árbitro suele estar en el centro de la crítica y ser masculino, Alba Noriega habla de respeto y de suerte. En el Occidente asturiano se ha sentido "arropada por entrenadores, familias y compañeros". "Me enseñan más de lo que se quejan", expresa. Su forma de arbitrar en fútbol base prioriza dejar jugar y educar: "Explicar, calmar, recordar a los jugadores que están ahí para divertirse, ese es mi lema", advierte. Para ella, pitar no es imponer, sino "acompañar".

Un padre futbolero

El fútbol le viene de casa. Su padre era futbolero y desde pequeña jugaba en el parque con amigos. Nunca llegó a practicarlo de forma federada, pero encontró en el arbitraje su lugar natural. Un espacio donde se mezclan pasión, responsabilidad y aprendizaje personal. Controlar emociones, hablar en público y tomar decisiones se convirtiró en rutina. Es sabedora de que estas habilidades "me servirán para toda la vida".

Compagina los estudios de segundo de Bachillerato con el arbitraje, organizándose "al día" y estudiando incluso entre partido y partido (porque a veces son muy seguidos en largas jornadas de sábado o domingo) cuando sabe que debe. El dinero que gana lo guarda para el futuro, "quizá para una carrera relacionada con la salud o la ingeniería". No lo tiene del todo claro, pero sí sabe que quiere seguir arbitrando y ver hasta dónde puede llegar. ¿Primera división? Sonríe: "Ojalá".

Alba Loriega, en las afueras de su centro de estudios.

Alba Noriega, en el patio de su centro de estudios. / Ana M. Serrano

Alba Loriega no duda en señalar que el fútbol es un deporte "más". "Si tanta gente lo practica es porque realmente divierte, no creo que sea por nada más", dice con ilusión de una adolescente que tiene claras las ventajas de la práctica deportiva. Cumple un sueño y está feliz de poder hacerlo gracias a su tesón y su trabajo. Tiene una hermana mayor, de 19 años, y sus padres están muy orgullosos. El camino de Alba Loriega, su presente, es el mejor aval para su futuro.

El lema, uno: "Respetarse"

"Es importante tener una buena actitud en el campo; yo, por ejemplo, no me tomo a mal que otro entrenador me diga algo que no cree que sea correcto, siempre y cuando sea algo constructivo", dice. En todo caso, no tuvo que lamentar escenas violentas y contra lo que se cree y circula por las redes sociales, opina que el arbitraje no se diseñó para dar sermones al público.

"El lema es uno: respetarse mutuamente". Además, entiende incluso algunos desaires "porque hay mucho sentimiento" en torno a un equipo o un club. Eso sí, no lo justifica. "La clave está en regularte; yo ahora sé que hacer cuando estoy nerviosa", dice. Entre partido y partido y clase y clase, sigue, dice "haciándolo lo mejor que sé". Y con esa sentencia, se queda.

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