Aurorita, la asturiana que lleva 40 años trabajando con enfermos de cáncer como voluntaria: "Cuidar no es una heroicidad, es una obligación moral"
La naviega, afincada desde hace décadas en Luarca, recibió un merecido reconocimiento en el HUCA por su silenciosa labor en la Asociación Española Contra el Cáncer

María Aurora Pérez Suárez, «Aurorita», en Luarca. / A. M. S.

No lo sabía, no lo sospechaba, ni siquiera lo imaginaba. Aquella llamada (un taxi enviado con urgencia, una excusa improvisada, "vente ahora, María Aurora") era solo el principio de una jornada que acabaría convertida en abrazo colectivo. Y fue en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), durante la pasada gala del voluntariado, donde alguien decidió que ya era hora de decir gracias en voz alta.
Y el nombre que resonó con fuerza fue el de la naviega María Aurora Pérez Suárez, "Aurorita", afincada la mayor parte de su vida en Luarca.
A sus 76 años, después de cuatro décadas colaborando con la Asociación Española Contra el Cáncer, esta vecina de Vigo, en Puerto de Vega, llegó al acto sin saber que iba a ser protagonista. Pensaba, como tantas otras veces, que iba a ayudar, a acompañar, a estar. Lo que no sabía es que esa vez le tocaba recibir.
Sentada en primera fila, "algo perdida", como ella misma recuerda ahora y confiesa, escuchaba sin escuchar del todo, hasta que pronunciaron su nombre. Entonces sí: la sorpresa. Subió al escenario sintiendo la compañía de su marido, Óscar Álvarez, y con esa naturalidad que solo tienen las personas que nunca hicieron nada para lucirse. "Llevo cuarenta años trabajando para el cáncer", acertó a decir. Y no pudo seguir mucho más, porque el aplauso se lo impidió.
La historia de María Aurora y su hospitalidad no empieza con un diagnóstico cercano ni con una tragedia personal ligada directamente al cáncer. Empieza, simplemente, con una forma de ser. Con una educación marcada por el ejemplo de su madre, viuda con 21 años cuando ella contaba siete meses. La mujer se vio obligada a volver a la casa de sus padres y "sacar adelante a su hija y a sus tres hermanos sordomudos".
En aquella infancia, Aurorita aprendió algo: que cuidar "nunca fue una heroicidad, sino una obligación moral". "Yo creo que lo que nos dicen las madres siempre queda; yo solo hago lo que me enseñaron", cuenta sin darse protagonismo una mañana de invierno en la Luarca que dejó para volver a casa, precisamente de su madre, con un objetivo: "Cuidarla cuando toca, porque es mi deber".
Volviendo a su paso por la Asociación Contra el Cáncer, desde Luarca primero (donde vivió hasta hace relativamente poco), y ahora colaborando desde Vigo, Aurorita organizó mesas, rifas, meriendas, colectas de agosto ("en las que se recauda tanto"), huchas contadas una a una en casa, con precisión casi quirúrgica. Reunió grupos, cosió cojines para mujeres operadas de cáncer de mama y acompañó a personas que no tenían a nadie más. Cuenta que compró comida y medicinas, y que puso dinero de su bolsillo cuando hizo falta. Siempre lo hizo sin ruido. Siempre sin pedir nada. "Me sale de aquí", repite y se lleva la mano al pecho.
Por eso, en el homenaje que le rindieron en Oviedo no se reconocía solo una trayectoria, sino una manera de entender el voluntariado: "Estar cuando nadie mira, sostener cuando todo pesa, acompañar incluso cuando no hay solución, sin ser protagonista", dice la mitad naviega, mitad valdesana, quien no habla de orgullo.
Ella prefiere utilizar otras palabras. Sus preferidas: "responsabilidad" y "humanidad". Simplemente, "hago lo que creo que es correcto y necesario, y no lo hago para que me digan: ‘Ay, mira lo que hizo’", apunta. "Y solo sé que en Luarca me quieren mucho", continúa.
En su larga trayectoria como voluntaria y persona solidaria con los enfermos de cáncer solo tuvo un disgusto reseñable. Cuando alguien le preguntó cuánta gente estaba presente cuando se recaudaba el dinero de las actividades. Eso la hundió un poco. Cuenta con toda la naturalidad que acudió a Salud Mental porque aquella duda la superó en aquel momento. "El profesional que me atendió me dijo: ‘No hace falta que siga; sé que todo lo que cuenta es verdad’". Porque si algo hizo Aurorita fue siempre ayudar y todo lo recaudado en todos estos años tuvo un destino claro, sin filtros ni desvíos: la Asociación Española Contra el Cáncer.
Hoy ya no puede seguir al mismo ritmo por cuestiones de edad, pero también por el ritmo de su vida. "Toca", repite, cuidar de su madre (que aún vive). Aún así, su compromiso sigue intacto: "Voy a seguir con lo que pueda", enuncia. Y eso, viniendo de ella, es conocido que es mucho.
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