Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Con Albo se pierde la última conservera histórica de Tapia, un sector que dio empleo y libertad económica a la mujer

Conservas Pérez Casariego fue la primera firma, que abrió en el siglo XIX, y las más pujantes fueron Terín y la de Hijos de Carlo Albo, la que más años duró en la villa

Con Albo se pierde la última conservera histórica de Tapia, un sector que dio empleo y libertad económica a la mujer

Con Albo se pierde la última conservera histórica de Tapia, un sector que dio empleo y libertad económica a la mujer / LNE

Tapia de Casariego

La noticia de que Albo abandonará su fábrica de Tapia y trasladará su producción de platos precocinados a su gran planta logística de Salvatierra de Miño, en Pontevedra, ha provocado una enorme tristeza en la villa. Por el cierre en sí y por lo que supone la marcha de la última de las conserveras históricas de concejo, un sector pujante que dio empleo a cientos de familias.

"Estoy muy disgustado, es una noticia que no es buena para nadie, es una pérdida enorme para Tapia y para Asturias", señala el investigador tapiego, Diego Fernández Méndez. Firma uno de los pocos trabajos que recopilan la huella de la conserva en Tapia y, por eso, no duda en señalar el papel capital que tuvo este sector dedicado a la conserva del pescado. Con todo, intenta no ser catastrofista y deja claro que no se puede hablar de fin de una época porque aún opera en Tapia la conservera El Viejo Pescador, si bien su fundación es más reciente. El tapiego Emiliano Álvarez la abrió a principios del siglo XXI y, en 2017, pasó a manos de los actuales propietarios, que han modernizado la marca.

Un grupo de trabajadoras de una de las conserveras tapiegas.

Un grupo de trabajadoras de una de las conserveras tapiegas. / R. T. C.

Mucho movimiento

"El de la conserva fue un sector importantísimo. Yo aún viví de pequeño el movimiento que generaba. No imaginas el tráfico que había de personas y comercial, pues venía gente a trabajar de todas partes. Y hay un aspecto muy importante y que quizás merecería un estudio en detalle y es que las conserveras hicieron libre a la mujer porque le dieron independencia económica", apunta Diego Fernández Méndez, que precisa en su estudio que fue el empresario y armador local Fernando Pérez Casariego el primero en abrir, a mediados del siglo XIX, una conservera en Tapia. Según recoge el historiador Manuel Ramón Rodríguez, en 1948, Asturias contaba con 105 fábricas de conserva, escabeche y salazón que elaboraban unas 6.000 toneladas de pescado. Tapia no es ajena a este boom de la conserva con un total de diecisiete fábricas históricas contabilizadas.

El primer documento conservado de Conservas Pérez Casariego está datado en 1872, aunque Méndez apunta a que su fundación es previa, en la plaza de Campogrande. Toda su producción, añade, se exportaba a Iberoamérica y estuvo activa hasta 1901. Ese mismo año se fundó Conservas y Salazones N. Salvarrey "La Castreña" y en 1928 se abrió Conservas y Salazones Dolores Bravo e Hijos en la Avenida de Galicia. Abrió con cincuenta operarias dedicadas inicialmente al bonito. Aunque cambió de propietarios durante algunos años, la fábrica estuvo operativa hasta finales de los setenta del siglo XX.

Imagen de un grupo de trabajadores a las puertas de Albo.

Imagen de un grupo de trabajadores a las puertas de Albo. / R. T. C.

Albo llega en 1935

Conservas y Salazones Suárez y González "La Marina" abrió en 1934; en 1940 lo hizo Conservas Luis González Lamadrid; en 1946, llegó Conservas Enrique Pérez Hidalgo y, en 1950, hizo lo propio Salazones Luis Abella Abella. Salazones Ángel Pola "El Zalamero", Conservas y Salazones Venecia, Conservas y Salazones Álvarez-Cascos y Conservas Giuseppe Ajello fueron abriendo en los años previos a la llegada de Albo, que recaló en Tapia en 1935. También operaron en Tapia las firmas Conservas Perán, Conservas Elfe, Conservas Terín, Salazones El Colaso y Conservas Salvatore y Domenico Palazzollo. Aunque Terín, que abrió en 1961, fue durante décadas la principal de la villa y la empresa más importante del municipio por número de empleados y producción, cerró sus puertas en 1968, por lo que solo Albo llegó al siglo XXI. Tomando como referencia su primera actividad comercial en la villa, en 1935, Albo tuvo presencia en Tapia durante 91 años.

Un grupo de trabajadoras de una de las fábricas en una imagen antigua.

Un grupo de trabajadoras de una de las fábricas en una imagen antigua. / R. T. C.

Albo alquiló primero una nave de la conservera Álvarez-Cascos hasta que se decidió a levantar un moderno edificio en San Martín, que inauguró en 1941. Aunque cambió la fachada, la ubicación es la misma en la que sigue actualmente. Según la información recabada por Diego Méndez, en mayo de 1941 se contratan las primeras operarias, con un salario diario de entre 4 y 4,80 pesetas. Hasta 1960 se elaboran conservas de pescado, "con una producción mensual de entre tres y cuatro toneladas de bonito, aunque también trabajaba la anchoa y el chicharrón".

La fachada histórica de Albo, en Tapia.

La fachada histórica de Albo, en Tapia. / R. T. C.

Reformas y calidad

Fue en 1960 cuando la fábrica "sufre una profunda reforma" transformándose en centro para elaborar platos preparados, desde fabada a callos. En los años ochenta del pasado siglo la planta vuelve a mejorarse y siempre, reconocen sus empleados, se hizo un producto "de una enorme calidad". Cuenta Paco García, uno de sus históricos encargados, que en sus buenos tiempos "la fábrica fue muy potente y por ella pasaron más de cuatrocientas familias".

Cuando García comenzó a trabajar en Albo, en el año 1944, había 60 trabajadores, una cifra muy alejada de los nueve contratados en la actualidad. Otro momento crucial de la firma Hijos de Carlos Albo fue su compra en 2016 por parte del grupo chino Shangahai Kaichuang, su actual propietario. "Yo viví el cambio a los platos precocinados y eso salvó la fábrica, pero en el momento en que llega un grupo chino que solo compra la marca y la producción, ya me temía algo así", señala García, que defiende el buen hacer de la factoría tapiega y el buen estado que aún presenta la planta del barrio de San Martín.

El presidente de Amigos de la Historia de Tapia, Isidro Fernández, coincide con el resto de opiniones en trasladar que con Albo se cierra una época: "En Tapia hubo muchas conserveras y una industria potente y con la marcha de Albo desaprece, se cierra una época".

Tracking Pixel Contents