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Multitudinaria despedida en Tineo del hostelero de Casa Emburria, Manel Arias: “Es muy injusto, estaba como un roble”

“Estamos destrozados”, coinciden los allegados a la familia por el inesperado y repentino fallecimiento del hostelero de El Crucero, de 71 años, jubilado desde hace ocho meses

El sacerdote, Jonathan Solano, recibe las cenizas a la entrada de la iglesia.

El sacerdote, Jonathan Solano, recibe las cenizas a la entrada de la iglesia. / D. Álvarez

Tineo

Centenares de personas despidieron en Tineo al hostelero José Manuel Arias García, “Manel”, al frente, junto a su mujer Ángela Pérez, del reconocido restaurante Casa Emburria de El Crucero (Tineo), al que habían bajado la persiana a finales del pasado mes de mayo por jubilación. Desde que las puertas de la capilla ardiente se abrieron el lunes por la tarde hasta su funeral, celebrado en la iglesia parroquial de la localidad tinetense de Santa Eulalia, fueron incontables las personas de diferentes ámbitos que se acercaron a arropar a la familia con la incredulidad de estar despidiendo a una persona a la que todos recuerdan “llena de vitalidad”.

La repentina marcha de Manel Arias, de 71 años, debido a un infarto que sufrió la madrugada del lunes en su casa, conmocionó a todo el concejo y a todos los que lo conocían. Durante la despedida las muestras de dolor eran constantes y entre los asistentes no se paraba de repetir lo injusta que era la muerte del hostelero.

El día acompañó a la tristeza generalizada que causó esta defunción con el cielo cubierto, la lluvia y el frío, que acentuaron aún más el sentimiento de desamparo que mostraron los allegados del hostelero fallecido, por un revés tan inesperado.

Por la izquierda, el hijo del fallecido Alejandro Arias con la urna y su mujer Ángela Pérez, a la salida del funeral.

Por la izquierda, el hijo del fallecido Alejandro Arias con la urna y su mujer Ángela Pérez, a la salida del funeral. / D. Álvarez

“Estamos destrozados”, reconocía Blanca Menéndez, la cuarta generación al frente de Casa Lula, el otro restaurante referente de El Crucero junto a Casa Emburria. Sin palabras para expresar lo que sentían en estos momentos, aseguraba que para Casa Lula la pérdida de Manel Arias es un duro golpe, porque siempre fueron más que vecinos: “No éramos familia, pero hay mucha unión entre las dos familias”.

La guisandera insiste además en lo inesperado del fallecimiento y recalca que “Manel estaba como un roble, tenía mucha energía y alegría y hacía muchas actividades”. Precisamente, del club de guisanderas, al que pertenecen tanto las cocineras de Casa Lula como Casa Emburria, fueron muchas las que se acercaron a Tineo a arropar a su compañera Ángela Pérez en estos momentos tan difíciles. También el sector de la hostelería de buena parte de la región estuvo ampliamente representado, así como empresarios de distintos de sectores.

"Es muy injusto"

“Como hostelero era el mejor, sin duda”, reconoce Davinia Bueno, que tiene un bar en Tineo, pero que antes regentó uno en El Crucero justo enfrente de Casa Emburria y al lado de Casa Lula. “Cuando estuve en El Crucero ambas casas me acogieron muy bien, para mí son parte de mi vida, son gente a la que se le quiere, se portan bien con todo el mundo”, detalla esta hostelera, que ve “muy injusto” que la muerte le haya llegado a Manel Arias tan temprano, precisamente, cuando comenzaba a disfrutar de la jubilación.

Un merecido descanso que llegó a finales de mayo, cuando el matrimonio decidió cerrar las puertas de su emblemático restaurante, del que llevaban al frente desde 1984, cuando se casaron. Mientras Ángela Pérez estaba al frente de los fogones para elaborar los platos tradicionales, que atraían a clientes de todas partes sin importar los kilómetros que tuvieran que recorrer para saborearlos, Manel estaba tras la barra y con el servicio en el comedor. Un trabajo que desempeñó durante 17 años mano a mano junto al tinetense David Rodríguez, que aseguraba a la puerta de la iglesia no creerse todavía que estaba despidiendo a Manel Arias, con quien había compartido un café el domingo en Cangas del Narcea. “Éramos como hermanos, fueron muchas horas juntos trabajando, pero también disfrutando, tenemos muchas anécdotas juntos, para mí son como mi familia”, reconoce, mientras todavía lo visualiza como lo vio horas antes de su fallecimiento: “Fuerte, ágil, muy activo, siempre haciendo cosas y disfrutando de sus hobbies”.

Aficionado al motor y a los caballos

Una de las aficiones de las que disfrutaba era de los caballos, tenía una pequeña ganadería y acudía a concursos con sus ejemplares. La preparación de los mismos se la confiaba al cangués Manuel Iglesias, del centro de doma La Perla, que asegura que desde que le llevó su primer caballo al centro hace unos 15 años se fraguó una amistad. Su mujer, Tania Rodríguez, cuenta que, a raíz de esa amistad, el hostelero tinetense no dudó en prestarle su ayuda cuando decidió emprender en hostelería hace 10 años en el centro de Cangas del Narcea. “Me ayudó mucho y me dio buenos consejos, en hostelería ellos son unos cracks, pero luego era tan sencillo, tan familiar y trataba a todo el mundo por igual, sin importar de dónde venía”, subraya Rodríguez.

El motor fue otra de sus pasiones. Durante años presidió la Escudería Tineo Auto Club, donde le reconocen haber sido su “alma y motor” además de hacerlo crecer y convertirlo “en una familia”. Además, convirtió a Casa Emburria en un punto de encuentro para los aficionados.

La misa funeral por el hostelero estuvo oficiada por el sacerdote de la parroquia de Tineo Jonathan Solano, que además estuvo acompañado por el párroco de La Espina (Salas), Arturo García, que tenía una relación de amistad con el fallecido.

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