Leiva recuerda sus veranos adolescentes en Los Oscos: "Era una gozada, no había nada ni nadie"
El cantante cuenta en una entrevista radiofónica que aprendió en Bustapena a tocar "Always on the run", de Lenny Kravitz

Leiva durante su último concierto en Gijón. / Ángel González

“My mama said
That your life is a gift
And my mama said
There's much weight you will lift
And my mama said
Leave those bad boys alone
And my mama said
Be home before the dawn…”
Suena Lenny Kravitz y la letra funciona como un hilo invisible que lleva directo al recuerdo. A una adolescencia sin prisa, a veranos que parecían no terminar nunca. Es entonces cuando el cantante madrileño Leiva (1980) mira hacia atrás y sitúa esa canción, precisamente esa, en un lugar muy concreto de Asturias. Sí, de Asturias: Villanueva de Oscos.
El cantante madrileño contó en el programa de radio El Faro de la Cadena Ser que aprendió a tocar ese tema de Lenny Kravitz en Bustapena, una "pequeña aldea" de Los Oscos, durante unos veranos con sus padres y sus hermanos que define como "infinitos", tal y como contó en una reciente entrevista radiofónica. Tenía trece o catorce años y pasaba allí largas temporadas en un entorno casi vacío, aislado del mundo. "Íbamos a una aldea y solo había una casa", recordó a Mara Torres, de la Cadera Ser. En ella vivían objetores de conciencia "y una mujer que ordeñaba vacas". No había más. Ni gente, ni ruido, ni, tal vez, horarios.
Fue en ese escenario donde apareció una figura clave en su memoria: un objetor de conciencia, de estética hippie, contó en la entrevista, que vivía en una casa pequeña en mitad de la nada. Aquel hombre fue quien le enseñó a tocar la guitarra "Always on the ground",. Con él aprendió a tocar aquella canción de Lenny Kravitz, una lección musical que también fue, sin saberlo entonces, una lección para la vida.
¿Se busca objetor?
"No le volví a ver", confesó Leiva a la periodista, pero el recuerdo permanece intacto. Para aquel adolescente, ese objetor era "un tío guapo, como un rock star en ese momento", una figura fascinante que encarnaba la libertad absoluta y llevaba una palestina.
En Bustapena no había distracciones: solo tiempo, paisaje y una guitarra sonando entre prados, además de silencio, alguna vaca y mucha tranquilidad. El cantante, una vez más, como hizo en su último concierto en Asturias, volvió a la que llama "pequeña aldea", un lugar que, según los datos recientes cuenta con 23 habitantes. Ya lo dijo en 2009 a este diario: "Asturias es como una segunda casa".
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