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Pablo Álvarez, jubilado de la fábrica naviega, y José Suárez, trabajador con 40 años cotizados, ven así el ERE de Ence: "Es injusto"

"Para los que tenemos más de cincuenta años esta situación es complicada, porque será difícil encontrar otro trabajo", señalan los afectados

Pablo Álvarez y José Suárez en la movilización de este viernes.

Pablo Álvarez y José Suárez en la movilización de este viernes. / T. Cascudo

Navia

El Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que pesa sobre la plantilla de Ence deja al descubierto infinidad de historias personales. Muchos las cuentan sin identificarse, pues temen represalias, otros, los que están más cerca de la jubilación, no dudan en dar la cara. Junto a todos están muchos jubilados de la fábrica naviega, que no dejan en la estacada a los que fueron sus compañeros. Todos comparten lucha y el sentimiento de que lo que plantea la empresa "es injusto y desproporcionado".

Pablo Álvarez se jubiló en Ence el 1 de septiembre de 2015, sin embargo, este viernes estuvo al pie del cañón para apoyar a los que fueron sus compañeros de fatigas durante mucho tiempo. "Esta es la lucha de toda la vida, en mi época también tuvimos otra parecida. Lo importante es la unión y, de momento, se mantiene bien", señala este hombre que, pese a la incesante lluvia, se presentó en el piquete instalado a la entrada de la fábrica en la primera jornada de huelga indefinida.

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Comité Empresa Ence/ Tania Cascudo

Allí también estuvo el vecino de Coaña José Suárez, de 60 años. Suma 47 años cotizados, los últimos 14 en Ence y ve negro el futuro. "Lo veo un poco trágico porque con casi 61 años que te despidan de una manera injusta de una fábrica que va muy bien y produce mucho dinero, además de pasta de papel, no se entiende. La dirección está siendo injusta porque están ganando muchísimo dinero", apunta, al tiempo que repasa las obras acometidas con subvenciones públicas y que no llegaron a fructificar como el famoso ramal para sacar por tren la producción hasta El Musel.

"Me tiran al mercado laboral con 61 años"

A su lado otro compañero de 61 años que prefiere no dar su nombre resume su situación: "Con 61 años, no tengo suficiente cotización, me tiran al mercado laboral y lo tendré prácticamente imposible para trabajar, con dos hijas estudiando en la Universidad. Se sabe por estadísticas que nunca conseguirás trabajo a esta edad".

Entre los jóvenes tampoco se ve mejor el panorama. Es el caso de un tapiego que lleva en la factoría desde 2008: "Hay mucha incertidumbre porque no sabes a quién le puede tocar la lotería. Lo bueno es esta unión. Llevan tiempo tratando de dividirnos y se consiguió lo contrario. Estamos muy convencidos de lo que tenemos que hacer". En el corrillo de trabajadores en el que está se comenta que "es todo tan sinsentido que no queda otra solución que estar aquí y nadie está por gusto, son muchas horas de pie, hace frío... pero estamos convencidos".

Sin justificación

"Es que no tienen justificación. Hay ajustes lógicos y benévolos con la plantilla, pero este no lo es", apunta una trabajadora. Muy cerca, el delegado de USO en la planta, el ovetense Ignacio Álvarez, apunta que "la gente está muy unida, fuerte y decidida". Él trabaja en la fábrica desde 2010 y tiene una vida hecha en el Occidente: "Me traje a la mujer y vivimos en Tapia. No me quiero marchar porque estamos encantados aquí, por eso el ERE es un desastre".

Atechados de la lluvia incesante que este viernes cayó en Navia, otro grupo de trabajadores de más de 50 años analizan el incierto futuro. "La cosa está complicada", apuntan. Todos coinciden en dudar de la planta de celulosa modificada para envases que ahora plantea la empresa para recolocar a cuarenta de los trabajadores afectados por el ERE: "Es una planta que no existe ¿la ves por algún lado? Eso es humo".

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