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Luarca luce la sardina más solidaria: con los trabajadores de Ence y con el campo por el acuerdo de Mercosur

El entierro de doña sardina pez se celebra en la carpa instalada en la plaza Alfonso X El Sabio por el temporal, que no aguó la fiesta a los fieles, quienes disfrutaron de 12 botellas de anís y 700 rosquillas (100 sin gluten)

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

Bajo un cielo encapotado y una lluvia que por momentos descargó con furia de tormenta, la villa marinera de Luarca volvió a demostrar este Miércoles de Ceniza que no hay galerna capaz de doblegar la devoción por su sardina más prestosa y bailarina.

Ni el viento ni el agua pudieron con los fieles, que se refugiaron en la carpa instalada en la plaza del ayuntamiento de Valdés, convertida en corazón del entierro y abrigo frente al temporal. "Es el entierro más prestoso al que puedes ir", contó una fiel a la fiesta, Covadonga Rodríguez, quien, vestida de luto, despedía angustiada el final del carnaval.

La protagonista (la sardina), el muñeco diseñado y confeccionado por Lidia Rico, reinó intacta. Este año, sabedora de que no iba a ser quemada como manda la tradición, «decidió homenajearse: comió rosquillas, bebió anís y hasta llevó en su cesta una palmera rellena de crema con sabor a fresa», contó Rico. Si no había hoguera, habría banquete.

Rosa Suárez, con el anís.

Rosa Suárez, con el anís. / Ana M. Serrano

El Ayuntamiento de Valdés repartió 700 rosquillas, 100 sin gluten, y corrieron 12 litros de anís mientras la charanga El Compango ponía música a una jornada pasada por agua en el exterior de la carpa, pero rebosante de calor humano.

El albacea, otro protagonista

El momento más esperado llegó con la lectura del testamento de doña sardina pez. Su albacea, autor del texto, Fernando Paredano, acudió a la cita haciendo un esfuerzo notable, con el documento redactado y listo pese a estar ingresado días en el Hospital Universitario Central de Asturias, por un probhlema en una pierna, donde comenzó a escribirlo.

Andrea Magdaleno, Clara García y Carlos Fernández, con el anís y las rosquillas.

Andrea Magdaleno, Clara García y Carlos Fernández, con el anís y las rosquillas. / Ana M. Serrano

Arrancó el texto con una confesión que despertó risas cómplices entre los asistentes, aludiendo a su estancia hospitalaria y a los excesos carnavaleros. La crítica marinera no tardó en asomar, señalando las decisiones tomadas lejos del muelle: "Andan revueltos los mares / por Asturias y el Cantábrico / mucho se legisla en los despachos / y poco se cuenta con los patrones". Y en un giro internacional que arrancó carcajadas, el testamento puso el foco en las ansias expansionistas de Donald Trump:

"Salionos el trump respondón / que no-i basta con lo que tien / y quier comprar entonces / todo Canadá / anexionarse Groenlandia / y el caribe piratear". Tampoco faltó el dardo a los acuerdos internacionales: firmamos en Bruselas / el acuerdo de Nercosur / que ve-i tráenos riquezas / del otro lado del mar / carnes, frutas y cereales / a unos precios irrisorios / que intentan convencer / al cliente y consumidor / que van a ahorrar dineros / y que todo es / más bueno, bonito y barato / bueno sí / inflado de antibióticos y anabolizantes (...) pero alguien tendrá un dedo de frente / para pensar en consecuencias y avatares / o habrá que seguir /sacando los tractores a la calle.

Reparto de rosquillas entre los presentes.

Reparto de rosquillas entre los presentes. / Ana M. Serrano

No faltó tampoco la referencia a la lucha laboral más cercana, la de los trabajadores de Ence, que se convirtió en un himno improvisado de solidaridad: «Volvemos a los tiempos de maricasaña / al empresario no-i parez suficiente / lo mucho que gana / y quier ganar lo mismo / con la mitad de la xente.

La carpa estalló en aplausos. No hubo quema, pero sí sátira, identidad y retranca. La sardina fue guardada primorosamente. Hasta el próximo carnaval. Empieza la Cuaresma.

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