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¿Y ahora qué? Lo que sienten los trabajadores de Ence tras cerrar un acuerdo con la empresa

"Estamos más tranquilos trabajando, hay un clima de calma… A algunos nos sorprende", dice una trabajadora

Camión (al fondo) accediendo a la planta de Ence-Navia, el jueves.

Camión (al fondo) accediendo a la planta de Ence-Navia, el jueves. / Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Navia

Navia amanece con el ruido habitual de la factoría y un silencio distinto entre la plantilla de la planta de Ence. Hace apenas unos días, la palabra que más se repetía aquí era "ERE". Hoy, tras el acuerdo alcanzado entre la dirección y el comité, que reduce drásticamente el ajuste y evita despidos forzosos, la huelga ha quedado desconvocada y el ambiente ha cambiado.

El pacto sustituye los 96 despidos planteados inicialmente por un plan basado en prejubilaciones, salidas voluntarias y la recolocación de trabajadores en una futura planta, con el respaldo mayoritario de la plantilla (más del 84 por ciento de los votos).

Este reportaje trata de informar sobre los trabajadores. ¿Cómo se sienten? ¿Cómo han pasado estas últimas semanas? ¿Hay confianza en el acuerdo? A las puertas de la fábrica, la mayoría de operarios prefiere no hablar. Algunos esquivan el micrófono con un gesto rápido; otros bajan la voz antes de responder. Y son muchos los que evitan el contacto con la periodista que trata de preguntar: basta manejar bien la comunicación no verbal para esquivar un saludo.

—"Así vamos…", dice un trabajador sin detenerse, sentado al volante de su turismo.

"A ver qué pasa ahora", añade otro, mirando de reojo a la entrada.

Durante semanas, la preocupación fue real y estresante. Muchos empleados observaban de cerca "que nos podía tocar". "Es cuando empiezas a pensar en la hipoteca, en los hijos...", dice la mayoría. Es decir, en una vida establecida y en una comarca que si ofrece algo contado son puestos de trabajos. Especialmente los muy especializados. Ese miedo todavía se percibe en el tono contenido con el que responde la plantilla.

Un empleado con décadas en la planta accede a hablar. De nuevo, sin dar su nombre: "Ya pasó la incertidumbre. Estamos contentos", dice. No hay euforia desbordada, pero sí alivio. La palabra que más se repite hoy es "tranquilidad".

Prudencia tras la tensión

El comité de empresa ya había mostrado "satisfacción" porque el acuerdo garantiza la voluntariedad y evita despidos traumáticos. Esa sensación se percibe en la plantilla, aunque con cautela. "Tenemos confianza en que se cumple todo lo que se firmó", comenta otro operario tras salir del turno. "Estamos más tranquilos trabajando, hay un clima de calma… y a algunos nos sorprende", reconoce una compañera del primero, sabedora de que la herida del conflicto aún está reciente.

Lo que surge en las conversaciones es la próxima fecha señalada. La biofábrica iniciará su parada anual el próximo nueve de marzo. Si todo va como esperan los trabajadores, acabará el 20 del mismo mes. En ese tiempo, la planta se pone a punto y es habitual que Navia sume temporalmente más habitantes. Antes de llegar a ese punto "nosotros ya estamos trabajando en ese trabajo tan especial", detalla una empleada.

Es decir, la normalidad volverá poco a poco al complejo de Navia. No hay grandes celebraciones (el acuerdo a favor del ERE no fue unánime), pero sí respiraciones más largas. Un trabajador explica, por ejemplo, la situación de uno de los departamentos, el centro de control. Si antes eran cinco (más uno que se incorpora en periodo vacacional), ahora pasarán a ser tres. Dos de ellos se prejubilan.

Trasiego en la entrada a la biofábrica, que iniciará su parada el nueve de marzo.

Trasiego en la entrada a la biofábrica, que iniciará su parada el nueve de marzo. / Ana M. Serrano

Uno, tenía problemas de salud. Otra "compañera", no quería ser despedida sin más porque su cotización no sumaba muchos puntos. "Es decir, que se quedaría con poco paro, ahora la prejubilación es una salida digna", dice uno de los empleados de Ence.

En este lugar, el control de acceso, pesan los camiones y controlan la alarma y el acceso de los trabajadores. Hace poco es instaló una autobáscula, que hay que supervisar, "pero somos un área que se puede mecanizar", añade. Eso quiere decir que mientras estuvo el ERE encima de la mesa, "no dormíamos". "Son muchas las preocupaciones y la incertidumbre", añade el trabajador, quien, con diez años en la empresa, asegura que es duro ver que "al final, te puede ver en la calle".

Cartel contra el ERE que se presentó al inicio, en la entrada a la planta.

Cartel contra el ERE que se presentó al inicio, en la entrada a la planta. / Ana M. Serrano

Ahora, la vista está puesta en las 40 recolocaciones en una nueva instalación de celulosa moldeada. La postura de la empresa al presentar el primer ERE fue clara: los números no cuadran y el deseo es implantar más Inteligencia Artificial.

De momento, los trabajadores han detenido este avance. "En general estamos muy agradecidos a todas las partes", dice una empleada de la biofábrica antes de decir adiós a la planta hasta el próximo día laboral.

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