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José Manuel Alba, un valdesano de 72 años con un vida entre camelias: "Son una joya inexplicable"

"La afición de las camelias se coge sola porque es una planta que enamora. Ves una bonita y la siguiente más y más y más", dice al valdesano, uno de los "históricos" del certamen de la camelia de Luarca

José Manuel Alba con camelias de su jardín.

José Manuel Alba con camelias de su jardín. / Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

La exposición de la camelia organizada por el Ayuntamiento de Valdés cerró este domingo sus puertas tras varios días de intenso trajín, con centenares de visitantes recorriendo los expositores y deteniéndose, cámara en mano, ante cada flor. Entre ellos, como desde el primer certamen, estaba José Manuel Alba, valdesano, 72 años, y un enamorado confeso de esta "joya inexplicable" que florece en pleno invierno.

Alba no ha faltado a ninguna edición. Primero como responsable de los jardines de la histórica Fonte Baixa ,cuando muchos aún los conocían como los jardines de Panrico,y después como particular y como integrante de la Asociación de Vecinos del Rayo de Paredes. "Nosotros llevamos participando once años en el certamen y yo nunca falté a ninguno", cuenta con orgullo.

Su historia con las camelias comenzó hace 26 años, cuando empezó a trabajar en aquellos jardines hoy conocidos como Fonte-Baxa. "La afición hubo que cogerla por obligación, por el trabajo", recuerda con una sonrisa. Fue el encargado, el que cuidaba las plantas, el que guiaba visitas. Durante la última década antes de jubilarse, hace ahora siete años, él y su mujer se hicieron cargo prácticamente de todo. "Dentro de la modestia que era una familia, tratamos de que nunca se perdiera la atracción que es el bosque y de que el lugar siguiera destacando".

Pero lo que empezó como profesión se convirtió pronto en pasión. "La afición de las camelias se coge sola", afirma. ¿Por qué? "Porque es una planta que enamora. Ves una bonita y la siguiente más y más y más… Hay más de 30.000 variedades en el mundo. Nunca las abarcarás todas".

En su casa de Paredes, donde pasa largas temporadas aunque mantiene vínculos con Luarca y con Avilés, cultiva alrededor de cincuenta variedades. "Es pequeña la colección", dice con modestia. Cincuenta camelias que cuida con mimo y que este año ha traído a la exposición, todas en flor pese a un invierno complicado de vientos, tormentas, sequías y excesos de agua.

"Lo más bonito que puedes encontrar"

Para Alba, no hay otra planta comparable. "Igual que hay quien colecciona arces o rododendros, a mí lo que me apasiona es esta visión", señala rodeado de pétalos blancos, rosas y rojos. "Es de lo más bonito que puedes encontrar".

Eso sí, no idealiza el camino. "El secreto es tener a veces muchos disgustos", confiesa. Plagas, pérdidas, ejemplares que no prosperan… "Pero en compensación las satisfacciones son mucho más altas. Ver florecer estas cosas así…", dice mientras acaricia una de las flores.

En cuanto a cuidados, lo tiene claro: poca poda ("soy enemigo terrible de podar, la camelia envejece antes y crece menos") y abono natural."“Yo recomiendo y empleo exclusivamente estiércol de caballo. El de vaca agrede a la planta; el de caballo, no" explica con la seguridad de quien ha aprendido a base de ensayo y error.

También advierte a los aficionados: la camelia es delicada. "Se planta en un sitio y no se cambia jamás. Y el agujero hay que hacerlo un día antes, dejar que la tierra se oxigene y plantarla al siguiente. Si sufre estrés, suele morir".

Observar, leer y compartir

Nacido en Brieves y con raíces familiares en la zona, José Manuel encontró en Paredes su refugio verde junto a su mujer. Allí, entre camelias que a veces sorprenden con flores distintas en una misma planta ("la naturaleza", aclara, sin injertos), pasa horas observando, leyendo, compartiendo experiencias con otros apasionados.

Para él la camelia no solo se cultiva: "se vive". Y en cada edición de esta exposición, cuando el invierno parece rendirse ante el color y la delicadeza de sus pétalos, José Manuel Alba vuelve a confirmar que aquella afición "por obligación" se transformó, para siempre, en una historia de amor botánico.

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