Dolores Noceda, tapiega de 89 años, fue una de las cientos de trabajadoras de la industria conservera de Tapia: "Quitó mucha hambre"
Albo fue la empresa que más años operó en la villa de manera continuada, si bien la mayor fábrica fue la de Conservas Terín, una referencia en la época

En imágenes: Repaso a la industria conservera de Tapia /
Dolores Noceda, tapiega de 89 estupendos años, mira con curiosidad un puñado de fotos antiguas de la industria conservera tapiega. Lola del Pubelo, como la conocen en la villa tapiega, fue una de las cientos de trabajadoras (también algún hombre, aunque siempre fueron mayoría de féminas) que durante años dieron sostén a las diecisiete fábricas contabilizadas en la capital del concejo. Recuerda el frío que pasaban durante la jornada laboral, pero también la labor esencial que cumplieron dando empleo en tiempos difíciles: "La conserva quitó mucha hambre. Fue muy importante, se ganaba poco, pero era lo único que había".
Lola empezó con 14 años a trabajar en la fábrica de Albo y en ella se jubiló hace 28 años. Por eso, lamenta especialmente el cierre de la factoría el pasado 6 de marzo, tras 85 años de presencia continuada en la villa, casi tantos como ella. "Esta ha sido una de las decisiones más complejas que ha afrontado la compañía en los últimos años. Somos conscientes del impacto humano que conlleva y queremos trasladar nuestro respeto y agradecimiento a todas las personas que han trabajado en la planta de Tapia", señaló la dirección de Conservas Albo, propiedad del grupo pesquero chino Shanghai Kaichuang, tras hacerse público el traslado de la producción de Tapia a su gran planta logística de Salvatierra de Miño, en Pontevedra.
Mucho frío
Con este traslado, Albo pone fin a su presencia histórica en Asturias, y cierra también un capítulo de la historia de Tapia. Su marcha es la de la última gran conservera histórica que operaba en la villa. Pero volvamos a Lola Noceda que, sentada en su casa de Tapia, accede a recordar para LA NUEVA ESPAÑA aquellos años de trabajo. Su madre había trabajado en Bravo, otra de las conserveras históricas, pero ella siempre trabajó para Albo. Empezó a principios de la década de los cincuenta del año pasado y recuerda épocas boyantes cuando llegaron a ser hasta sesenta empleadas.
"Hacíamos anchoa, chicharro, bonito... y también me tocó la época más reciente cuando la planta de Tapia empezó a hacer platos precocinados", señala. "De los primeros años recuerdo el frío, apenas teníamos con qué taparnos y había que manipular el pescado en frío, per lo pasábamos bien, también éramos jóvenes", señala con una sonrisa.
A ella también le tocó aquella tarea conocida como "carrexar", que consistía en transportar el pescado desde el muelle hasta las fábricas. "Llevábamos un barreño en la cabeza, me acuerdo que con el bonito ponías dos, uno a cada lado para equilibrar. De ahí a la rula a pesar y después a la fábrica y eso en galochas (madreñas)", relata.
Las fotos que mira Lola con curiosidad, reconociéndose en una de ellas mientras trabajaba la anchoa, son del archivo del investigador Diego Fernández Méndez. Suyo es uno de los pocos trabajos que recopilan la huella de la conserva en Tapia y, sabedor de su importancia, muestra su disgusto por la marcha de Albo. "Es una noticia que no es buena para nadie, es una pérdida enorme para Tapia y para Asturias", señala, al tiempo que hace hincapié en que las latas de precocinados de Albo llevaban inscrito el nombre de Tapia y ahora esa marca desaparecerá.
Tráfico de personas y comercial
"El de la conserva fue un sector importantísimo. Yo aún viví de pequeño el movimiento que generaba. No imaginas el tráfico que había de personas y comercial, pues venía gente a trabajar de todas partes. Y hay un aspecto muy importante y que quizás merecería un estudio en detalle y es que las conserveras hicieron libre a la mujer porque le dieron independencia económica", apunta Diego Fernández Méndez, que precisa en su estudio que fue el empresario y armador local Fernando Pérez Casariego el primero en abrir, a mediados del siglo XIX, una conservera en Tapia. Según recoge el historiador Manuel Ramón Rodríguez, en 1948, Asturias contaba con 105 fábricas de conserva, escabeche y salazón que elaboraban unas 6.000 toneladas de pescado. Tapia no es ajena a este boom de la conserva con un total de diecisiete fábricas históricas contabilizadas.
El primer documento conservado de Conservas Pérez Casariego está datado en 1872, aunque Méndez apunta a que su fundación es previa, en la plaza de Campogrande. Toda su producción, añade, se exportaba a Iberoamérica y estuvo activa hasta 1901. Ese mismo año se fundó Conservas y Salazones N. Salvarrey "La Castreña" y en 1928 se abrió Conservas y Salazones Dolores Bravo e Hijos en la Avenida de Galicia. Pese a que sus propietarios procedían de Cudillero, apostaron por Tapia al consideraron que el muelle tapiego tenía mejores condiciones para la entrada de pesca a lo largo del año. Abrió con cincuenta operarias dedicadas inicialmente al bonito y, aunque cambió de propietarios durante algunos años, la fábrica estuvo operativa hasta finales de los setenta del siglo XX.
La fábrica más moderna del Cantábrico
Conservas y Salazones Suárez y González "La Marina" abrió en 1934; en 1940 lo hizo Conservas Luis González Lamadrid; en 1946, llegó Conservas Enrique Pérez Hidalgo y, en 1950, hizo lo propio Salazones Luis Abella Abella. Salazones Ángel Pola "El Zalamero", Conservas y Salazones Venecia, Conservas y Salazones Álvarez-Cascos y Conservas Giuseppe Ajello fueron abriendo en los años previos a la llegada de Albo, que recaló en Tapia en 1935. También operaron en Tapia las firmas Conservas Perán, Conservas Elfe, Conservas Terín, Salazones El Colaso y Conservas Salvatore y Domenico Palazzollo.
Recoge Diego Méndez en su estudio que Conservas Terín tuvo "la fábrica más moderna de la Cornisa Cantábrica, pues fue dotada de los más importantes adelantos que exstían en la época para el tratamiento de las conservas". Añade el investigador que el bonito envasado por esta fábrica "estaba catalogado como uno de los mejores de España, según estimaciones de las asociaciones de conserveros españoles".
Aunque Terín, que abrió en 1961, fue durante décadas la principal de la villa y la empresa más importante del municipio por número de empleados y producción, cerró sus puertas en 1968, por lo que solo Albo llegó al siglo XXI. Tomando como referencia su primera actividad comercial en la villa, en 1935, Albo tuvo presencia en Tapia durante 91 años.
Hasta sesenta empleados
Albo alquiló primero una nave de la conservera Álvarez-Cascos hasta que se decidió a levantar un moderno edificio en San Martín, que inauguró en 1941. Aunque cambió la fachada, la ubicación es la misma en la que mantuvo su actividad hasta hace unos días. Según la información recabada por Diego Méndez, en mayo de 1941 se contrataron las primeras operarias, con un salario diario de entre 4 y 4,80 pesetas.
Hasta 1960 se elaboraron conservas de pescado y, a partir de ahí, se transform en centro para elaborar platos preparados, desde fabada a callos. En los años ochenta del pasado siglo la planta volvió a mejorarse y siempre, reconocen sus empleados, se hizo un producto "de una enorme calidad". Cuenta Paco García, uno de sus históricos encargados, que en sus buenos tiempos "la fábrica fue muy potente y por ella pasaron más de cuatrocientas familias". Cuando García comenzó a trabajar en Albo, en el año 1944, había 60 trabajadores, una cifra muy alejada de los nueve que trabajaban hasta hace unos días.
Aunque el cierre de Albo deja una enorme huella en Tapia por su simbolismo, no se puede decir que la conserva desaparezca por completo. No en vano, aunque de mucho menor tamaño que las grandes fábricas, sigue operando la conservera El Viejo Pescador. El tapiego Emiliano Álvarez la abrió a principios del siglo XXI y, en 2017, pasó a manos de los actuales propietarios, que han modernizado la marca.
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