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Vanesa Lorences, la asturiana que hace en Belmonte jabones y ungüentos siguiendo las recetas del pueblo vaqueiro: "Son remedios que usaban en mi familia y que yo reformulé con rigor"

Su proyecto de cosmética "La Vaqueira" es uno de los doce finalistas al concurso "Premios +50 Emprende", que distingue a emprendedores de más de 50 años

Vanesa Lorences con sus productos en Bello.

Vanesa Lorences con sus productos en Bello. / La Vaqueira

Bello (Belmonte de Miranda)

Vanesa Lorences Lomas se emociona al recordar a sus abuelos Mario y Gloria, vaqueiros de El Puerto de Somiedo. Está segura de que se habrían sentido orgullosos de saber que su nieta recogió todos sus conocimientos sobre el poder curativo de las plantas para crear una marca de cosmética natural inspirada en los vaqueiros de alzada y en su forma de vida, profundamente conectada al territorio. Ahora su proyecto, "La Vaqueira", es uno de los doce finalistas a los "Premios +50 Emprende", una iniciativa de la Fundación Endesa para premiar el emprendimiento sénior que este año ha contado con 600 participantes de todo el país.

"Ya con llegar hasta aquí me parece un sueño, también una responsabilidad", señala Lorences, la única finalista asturiana. Atiende a LA NUEVA ESPAÑA desde el pueblo donde vive y formula sus productos naturales, Bello (Belmonte de Miranda). El único inconveniente de este rincón del paraíso natural es la falta de cobertura: "Bello está pegado a la ladera donde está la antena, así que la primera señal está fuera del pueblo", dice entre bromas. Aun así, defiende esta localidad belmontina como un buen lugar para emprender.

Inicios en el turismo rural

Lorences nació en Oviedo y se crio en Gijón, aunque tiene profundas raíces en Somiedo, de donde es oriunda su familia paterna. Por eso, con 20 años no dudó en mirar al pueblo y unirse al emprendimiento de su padre, Agapito, que tenía un alojamiento rural en Caunedo. Allí compaginó la gestión del alojamiento turístico con su faceta de ceramista. Sin embargo, por el camino surgió la oportunidad de comprar una casa en Bello, un lugar muy cerca de Modreiros, una braña que inicialmente pertenecía a esta localidad belmontina y que fue comprada por los vaqueiros en el año 1900. A Modreiros bajaban sus abuelos vaqueiros a pasar los inviernos tras los veranos en El Puerto. "Y al final acabé yo aquí", relata.

En Somiedo puso Lorences sus primeras colmenas y con la cera empezó a hacer los ungüentos que heredó de sus abuelos. "De muy pequeña mi abuelo me enseñó a identificar las plantas para curar dolencias. Siempre estuve muy vinculada a los remedios naturales y de mayor, vi que tenía la materia prima y conocía el uso de las plantas, así que empecé a hacer ungüentos y jabones", relata. Los productos funcionaban entre quien los probaba y su entorno familiar la animó a emprender.

Hace cinco años se lanzó y el pasado noviembre lanzó su marca al mercado con seis productos iniciales: sérum siempreviva, jabón de propóleo, miel y avellanas, labial MamáRosa (un homenaje a su madre), jabón vaqueiro (de limpieza) y los ungüentos de laurel y flor de San Juan. "Son remedios que usaban en mi familia y que yo reformulo y fabrico con precisión y rigor y cumpliendo con la normativa", apunta la emprendedora belmontina, que defiende que el 80% de los productos que utiliza los saca de su entorno. Además, apunta, "son productos eficaces, pensados para cuidar la piel y la salud de las personas y del planeta". Y añade: "Quiero huir de los productos industriales con disruptores endocrinos y recuperar el valor de lo artesanal, usando ingredientes naturales con una visión contemporánea y de futuro".

Siete meses en un laboratorio

Sobre emprender en la mediana edad, lo tiene claro: "Con 50 años tienes más aguante y paciencia, pero la energía se nota, así que no hay que pensarlo mucho". Contaba con mucho apoyo familiar, pero admite que el camino fue difícil: "Sabía que no sería fácil hacer cosmética natural porque lo primero que hay que hacer es descifrar una normativa compleja a la que hay que adaptarse". Un ejemplo del duro camino fueron los siete meses que estuvieron sus productos en un laboratorio de Madrid para superar las pruebas de estabilidad y análisis microbiológicos.

Antes de llegar al laboratorio tuvo apoyos para desarrollar su proyecto que quiere destacar: el de Rafael Vigil, su tutor en Valnalón, el del grupo de desarrollo Camín Real de la Mesa y el de Andrés Jorge del Moral, técnico de empleo de Cocemfe. También agradece la ayuda "Entama" de EDP. "Ha sido duro, pero también muy positivo y no me arrepiento", señala Lorences de esta experiencia y de los primeros meses de andadura de una marca que vende online y que también está haciendo llegar a tiendas físicas de diferentes puntos de la región.

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