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Memorias

Rosa Menéndez, primera mujer en presidir el CSIC: "Mi padre me lo dijo claro: o estudiar o cuidar las vacas; la vacas me gustaban, pero para verlas y acariciarlas"

"Mis dos años en Inglaterra fueron muy enriquecedores tanto a nivel personal como profesional; supusieron un antes y un después"

"Tenía claro que nadie se puede perpetuar en el cargo y asumí mi salida del CSIC, aunque fuese inesperada"

Rosa Menéndez, en  la plaza del Fresno.

Rosa Menéndez, en la plaza del Fresno. / Luisma Murias

Noé Menéndez

Noé Menéndez

Tras una vida dedicada al estudio y a la investigación, Rosa Menéndez disfruta ahora de la jubilosa jubilación. A principios de febrero, tras cumplir 70 años, decidió "pasar a la reserva". Ahora presume del cuidado de las plantas que atesora en su piso en Oviedo y en su casa de Corollos, en Cudillero. Aprovecha para pasar tiempo con su familia y se prepara para afrontar una nueva ilusión: el nacimiento de su primer nieto. Menéndez fue pionera de su tiempo y, gracias a su esfuerzo y dedicación, consiguió ser la primera mujer en presidir el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el principal órgano científico a nivel nacional. Pese a que durante años estuvo en la cúspide de su campo profesional, permanece en ella la amabilidad y la cercanía de alguien que procede del mundo rural. Se sienta a charlar con LA NUEVA ESPAÑA en una terraza de Oviedo para, aprovechando los rayos del sol de una incipiente tarde de marzo, hacer un repaso de su vida.

La infancia. "Nací un 12 de febrero de 1956 en Corollos, una aldea de Cudillero. Está al lado de la playa de la Concha de Artedo. Según mi madre, era un año que cayó una nevada tremenda. Siempre dice que enfriaba los biberones metiéndolos entre nieve. Crecí en un ambiente muy rural, de campo y libertad. Vivíamos con mis abuelos, José y Aurora. Fue algo muy enriquecedor. Me acuerdo mucho de las conversaciones con mi abuelo, que me decía que si había hormigas nalonas o agujeros en el suelo era que el tiempo iba a cambiar. Empecé a estudiar en una escuela rural con niños mayores que yo. Aprendí pronto a leer y a escribir. Con diez años ingresé como interna en el colegio de monjas de Los Cabos, al lado de Pravia. Era un colegio muy grande, yo tenía el número 249. Mi madre se pasó días bordando ese número en toda mi ropa. Mi padre siempre me lo dijo claro: "Rosa, tienes dos opciones, o estudiar o cuidar las vacas". De aquella, que no había coches, la única manera de estudiar era quedarme interna. Las vacas me gustaban, para verlas y acariciarlas, como si fuese un juego".

Sus primeros pasos en el colegio. "En el internado estuve siete años. Tuve una monja, sor Pilar Pastor, que me enseñó muchísimo. Con ella aprendí a redactar, a escribir sin faltas, me enseñó geografía e historia... Era una mujer muy culta. En el colegio estuve los cuatro años del bachiller elemental y otros dos más del bachiller superior. En el bachiller opté por las ciencias, aunque en principio quería estudiar letras. Me prometieron que podría hacer el doble bachillerato, que haciendo ciencias podría estudiar también latín y griego. De hecho, me pasé un verano estudiando latín, me gustaba mucho. Al final la cosa se quedó en que solo hice ciencias. Tuve un profesor, don Santiago Álvarez, que era excelente, tanto en matemáticas como en física y química. En ese aspecto tuve mucha suerte, la mayoría de personas que me dieron clase eran recién licenciados y tenían muchas ganas de trabajar. Además, el internado era tan aburrido que, para entretenerme, estudiaba como una bruta".

Rosa Menéndez, en  la plaza del Fresno. |

Rosa Menéndez, con 2 años. / R. M.

El salto a Oviedo. "Al acabar el bachiller superior me vine a Oviedo, al Instituto Femenino, el Aramo, a hacer el Curso de Orientación Universitaria. En mi familia había cierto miedo, porque pasaba de estar en el internado, donde todo estaba muy tutelado, a dar el paso al instituto. Tengo que decir que saqué matrícula de honor de media. En Los Cabos sacaba seis o siete, pero en Oviedo hice pleno. Mi primera idea para estudiar en la Universidad fueron las Matemáticas, me gustaban mucho. Dudé entre Matemáticas o Química, pero en aquel momento Matemáticas no se podía estudiar en Oviedo, así que opté por Química. Mis padres hubiesen hecho el esfuerzo de mandarme a estudiar fuera, pero hubiese sido más complicado. Lo más fácil era quedarme aquí".

La carrera universitaria. "Acabé la Universidad en 1979. Me especialicé en química orgánica, pero, cuando terminé, lo que más me llamaba era ser profesora. Mi idea era preparar las oposiciones y dar clases en un instituto. Durante mis años como universitaria di muchas clases particulares, para contribuir a la economía familiar. Sin embargo, mi vida tomó otros derroteros cuando a través de una amiga me llegó la posibilidad de hacer la tesina en el Instituto del Carbón, el INCAR. Fui con ella a probar y me acabó enganchando ese mundo. Trabajé en temas de medio ambiente y luego, durante el doctorado, en la caracterización de derivados del carbón, coincidiendo con la crisis energética del petróleo allá por los años setenta. En esa época también hice sustituciones en institutos, para poder pagarme el piso y demás gastos. Estuve en Salinas, en Avilés y en Gijón, en la Universidad Laboral. La enseñanza fue algo que siempre me gustó".

Su experiencia en Newcastle. "Cuando terminé mi tesis doctoral, que la defendí en 1986, fui a hablar con el director del Instituto del Carbón sobre mi futuro. Me dijo que la mejor opción era irme al extranjero, para completar mi formación, cosa no muy habitual en aquellos tiempos. Mi director de tesis, el profesor Jenaro Bermejo, propuso un laboratorio muy reconocido que había en la Universidad de Newcastle upon Tyne y contactó con su jefe, el profesor Harry Marsh. Era la segunda vez en mi vida que cogía un avión y, para más inri, no tenía ni idea de inglés. Sabía francés, pero inglés ni idea. Me acuerdo estar la noche antes de coger el avión estudiándome el curso ‘Follow Me’, para intentar enterarme de algo. Encima, cuando llegué a Londres hubo una tempestad de nieve y no pude coger el avión a Newcastle. Menos mal que había un chico que se iba a Estados Unidos y hablaba inglés, porque tuve que llamar a mi jefe para explicarle que llegaba con un día de retraso. Newcastle fue un sitio donde tuve dos años de gloria. El desembarco fue duro, porque hacía un frío terrible y a las tres de la tarde ya era de noche. Mi tutor era un gran mentor, allí trabajé muchísimo y conocí a mucha gente que, con los años, me vino muy bien. Era un laboratorio donde había científicos y gente de empresas de medio mundo. Cuando volví a Asturias me fue de gran ayuda para montar proyectos europeos coordinados entre distintos países. Durante mi estancia aprendí cómo tratar los productos derivados del carbón, que tan bien conocía, para obtener materiales de carbono, como fibras de carbono. Estando allí también hice la oposición a científico titular del CSIC, que la saque en el 87. Mis dos años en Inglaterra fueron enriquecedores tanto a nivel personal como intelectual, supusieron un antes y un después en mi carrera científica".

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Junto a su profesor en Newcastle Harry Marsh. / R. M.

El regreso a Asturias. "Cuando volví a Asturias empecé llevando el laboratorio de petrografía y arranqué el grupo de materiales compuestos con un primer proyecto del programa nacional de materiales dirigido a la obtención de materiales compuestos, se trataba de convertir las breas obtenidas a partir del carbón en materiales de alto valor añadido. Empecé con un becario y ahora el grupo de investigación, que aún sigue y mantiene el nombre de materiales compuestos, tiene veinte personas. Aparte de investigar en materiales de carbono, en el laboratorio de petrografía también trabajábamos con centrales térmicas y con el sector minero para ver cómo se podía optimizar las mezclas de carbones. Cómo, por ejemplo, se podían quemar de forma que emitiesen menos contaminantes. Tuvimos mucha financiación, éramos muy competitivos a nivel europeo. Fue una época muy productiva, tanto por la colaboración con la industria como por la generación de conocimiento. Yo llegué a un momento donde dejé esa línea de investigación y siguió Ángeles Gómez Borrego, una compañera geóloga muy potente".

Sus investigaciones sobre los materiales de carbono. "Estudiamos materiales de carbono tipo grafito, obtenidos por tratamiento térmico de productos del carbón y del petróleo. Trabajamos mucho con Industria Química del Nalón, siempre colaboramos mucho con las empresas para que la investigación del laboratorio tuviese una utilidad práctica. Al mismo tiempo, estuve implicada en temas de gestión, como vicedirectora del INCAR con Jesús Pajares y luego, como directora. En el 2008, marché a Madrid como vicepresidenta de investigación del CSIC. Al volver empecé con el tema del grafeno, preparándolo para distintas aplicaciones, como eliminación de contaminantes en procesos industriales o almacenamiento de energía, para tema de baterías. En la última etapa ya nos centramos más en temas de detección, identificación de contaminantes emergentes en el agua y sensores químicos. También colaboramos con el instituto Fernández-Vega, para utilizar derivados del grafeno en temas relacionados con la vista".

El INCAR. "Mis años como vicedirectora y directora del INCAR fueron muy felices. Mantenía mis trabajos en el laboratorio y todo fue muy productivo, mis compañeros del grupo jugaron un papel muy importante dándome su apoyo. Siempre que afrontaba un reto necesitaba sentirme útil. En ese tipo de cargos tienes que trabajar por el bien común, no para tu propio beneficio, y es algo que yo disfruté muchísimo. Económicamente conseguimos mucha financiación, hicimos muchas reformas en el propio centro. Esa época coincidió con que también estaba en la Junta de Gobierno del CSIC, además de gestionar el Programa Nacional de Materiales, y contaba con refuerzo importante a nivel interno del INCAR. Compañeros y un gerente de excepción, Luis Lavandera. Recuerdo la preparación de propuestas de infraestructura de edificios y equipamiento en plazos muy cortos de tiempo, estoy segura de que mis compañeros, Pis, Ana y María Antonia, tampoco lo han olvidado. Tenía muchos contactos y facilidad para moverme, algo que aproveché para solucionar las necesidades que teníamos aquí".

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En el laboratorio junto a Ángeles Gómez Borrego. / R. M.

Su vida fuera del laboratorio. "Trabajé mucho, pero no era un ratón de laboratorio, me gustaba salir. Tenía y tengo muchos amigos. Me prestaba mucho salir con los compañeros del laboratorio a tomar unas sidras al lado del instituto, en la zona de Villapérez. Se puede compatibilizar todo. Trabajé como una bruta, siempre lo digo, pero nunca me sentí asfixiada, disfrutaba de lo que hacía. Llegaba a casa y siempre tenía unas ganas increíbles de abrazar a mis hijos. Los pude disfrutar mucho cuando eran pequeños".

Sus padres y hermanos. "Mi padre, Faustino, era albañil, aunque hacía de todo, lo único que no le gustaba era el campo. Era un todoterreno. Hacía planos de casas, era aparejador, albañil y ebanista. Tenía un taller de carpintería. Yo aprovechaba y hacía casitas con la madera. Mi madre, Orfelina, era la que se encargaba de la parte del campo. En casa teníamos vacas y mis abuelos ayudaban a mi madre pero, cuando ellos ya no pudieron, ella se ocupó de todo. Era un trabajo muy duro: conducía el tractor. Además, también cosía. Aprendió en un taller en Pravia, aunque nunca ejerció como modista, solo para casa. Mi padre leía mucho. Solo hicieron los estudios primarios, pero, a su medida, eran muy cultos. A los dos les gustaba mucho leer. Mi madre pasó muchas ganas de hacer Magisterio. Tengo dos hermanos, yo soy la mayor. A mi hermano, Javier, le saco siete años y a Beatriz diez. Javier es ingeniero industrial y Beatriz enfermera".

Mujer pionera dentro de la ciencia. "De aquella ya había mujeres científicas en el Instituto de Ciencia y Tecnología (INCAR). En la carrera, la mitad de las estudiantes éramos chicas y éramos las que sacábamos mejores notas. El problema llegaba cuando ibas subiendo, en comités y ese tipo de instancias. Ahí había muchas veces que o era la única mujer. Cuando iba a trabajar a Bruselas en temas relacionados con el carbón, como captura de CO2, éramos quince evaluadores y, de ellos, solo tres mujeres. En esos momentos yo no era consciente de ese desequilibrio, o no me paré a pensar en ello. Me limitaba a hacer mi trabajo. Tampoco noté que ser mujer me ayudase o me perjudicase: estaba entre profesionales. Dicho esto, tengo claro que es mi caso particular y que en la época de José Luis Rodríguez Zapatero las cuotas contribuyeron sustancialmente a visibilizar e incrementar la participación de la mujer y que pudo contribuir, sin lugar a duda, en la primera vez que me llamaron para participar en foros europeos".

Compatibilizar la vida laboral y familiar. "No tengo ningún mal recuerdo de cuando mis hijos eran pequeños. Tengo dos, Alejandro y Laura, que se llevan año y medio. Desde pequeños solían viajar conmigo. Estuvieron en Inglaterra o Estados Unidos cuando yo tenía que ir a estancias. Tuve mucho apoyo familiar cuando tenía reuniones fuera y los abuelos han sido pieza clave. Además, tuvieron una cuidadora, Ana, que fue como una segunda madre y me ayudó a sacar a mis niños adelante. Sí que había días en los que terminaba muy cansada, pero a mis hijos los disfruté muchísimo. Ahora mi hija es ingeniera de telecomunicaciones y vive en Málaga y Alejandro, que está en Oviedo, es ingeniero mecánico y trabaja en materiales".

Rosa Menéndez, en Oviedo.

Rosa Menéndez, en Oviedo. / Luisma Murias / Luisma Murias

La presidencia del CSIC.  "Antes de ser presidenta del CSIC había estado como miembro del Consejo Rector de la Agencia Estatal de Investigación en Madrid, había participado en la Comisión de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación ( ANECA), en distintas comisiones del Ministerio y había coordinado el programa nacional de materiales. Estaba en el entorno del Ministerio de Ciencia. Ya había estado en la vicepresidenta del CSIC siete años antes, pero no me imaginaba que alguien podría pensar en mí. De repente, en 2017, me llamó Carmen Vela, que era la secretaria de Estado de Investigación cuando Mariano Rajoy era el presidente del Gobierno. Me propuso el cargo y le dije que sí de primeras, ni lo pensé. Me quiso dar unos días para meditarlo, pero lo tenía claro. Mis hijos ya estaban en la universidad y tenía libertad absoluta para afrontar el reto. Cuando estuve en la vicepresidencia me quedó la espinita clavada de marcharme a los nueve meses, nunca me gustó dejar las cosas a medias. Creía que estaba preparada para el cargo y me lancé. Lo más complicado fue el siguiente paso, formar mi equipo de confianza y que fuesen muy buenos en cada ámbito. Por suerte me salió muy bien, tuve a mi lado a grandes profesionales y, lo que para mí era más importante, gente que iba a colaborar y trabajar para que mejorase la investigación, la ciencia en el CSIC. Fue un auténtico ‘dream team’".

La pandemia.  "Durante la pandemia tuve una respuesta impresionante de toda la gente que trabajaba en temas relacionados con el coronavirus, y otros inicialmente no tan afines. El papel del CSIC fue hacer ciencia y, sobre todo, ciencia que fuese útil en la lucha contra el coronavirus, para salir de aquella situación tan horrorosa. Intervinieron físicos, químicos, matemáticos, biólogos... Se cerraron todos los centros de España, pero se hizo una excepción con aquellos que estaban desarrollando una investigación que no pudiese pararse, como puede ser el desarrollo de vacunas. Cuando no había mascarillas, la gente que trabaja en Valencia en la purificación de contaminantes y el desarrollo de materiales aprovecharon las microfibras que preparaban para hacer mascarillas. También se trabajó en la detección del virus en aguas fecales o en el desarrollo de nuevos sistemas de identificación del coronavirus. Desde la presidencia y con la ayuda del ministerio, apoyamos a los virólogos desde el principio, que estaban un poco olvidados. La pandemia sirvió para que gente que habla lenguajes totalmente distintos, que son de disciplinas diferentes, aunasen esfuerzos para buscar soluciones".

El volcán de la Palma.  "Ese fue otro momento social muy complicado en que geólogos, químicos y biólogos de distintos centros participaron activamente, sobre todo desde el Instituto Español de Oceanografía y el Instituto Geológico Minero, sin olvidar el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA de Canarias). Se hizo una labor impresionante. En ese caso se investigó sobre la evolución de las coladas, la toxicidad de los gases o el impacto en la biodiversidad, para ver cómo se podían recuperar los terrenos o para paliar los efectos del volcán, tanto en el suelo como en el agua. Hubo una colaboración muy estrecha entre todos los profesionales y una buena coordinación en la que tuvo mucho que ver Manuel Nogales, el delegado del CSIC en Canarias".

La salida del CSIC. "La presidencia del CSIC es un cargo de libre designación. Yo estuve con cuatro ministros en los cinco años que fui presidenta. Tenía claro que nadie se puede perpetuar en el cargo y asumí mi salida, aunque fuese algo inesperado. Fueron cinco años muy intensos y fructíferos en los que trabajamos muchísimo. Mi mejor recuerdo, además del buen ambiente que existía en el equipo de dirección, fue conseguir una gran colaboración entre distintas disciplinas, científicos y técnicos de distintos centros de España, y contar con su apoyo en el diseño de estrategias de investigación. Había una relación muy estrecha. Fue una etapa de gran proyección de la institución a nivel nacional e internacional. Volví a Asturias, al INCAR, que para mí era como mi casa. Pensé en pedirme un año sabático, pero la gente me acogió tan bien que decidí quedarme hasta mi jubilación".

La jubilación. "Me jubilé en febrero. Estaba a gusto trabajando, pero hay que saber cerrar capítulos. El grupo navega muy bien solo, son muy buenos. Yo sigo colaborando en temas muy variados. Con la Academia de Ciencia e Ingeniería del Principado (AACI), asesoro a centros universitarios, contribuyo en varias fundaciones, doy conferencias... Mantengo cierta actividad,pero todo es más relajado. No he parado mucho, pero ahora estoy disfrutando de mis amigos y de la familia. Estoy a punto de tener un nieto, que me hace mucha ilusión. Quiero volver a retomar la pintura, que es una de mis grandes pasiones, y me dedico mucho a la jardinería".

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