Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

María Carmen busca relevo al frente de uno de los negocios más populares de Navia, con 45 años de historia: "Hay familias a las que puse la casa a los padres y ahora se la pongo a los hijos"

"Me haría ilusión no llegar a cerrar, pero si lo voy a traspasar para que cierre otro en un mes, prefiero cerrarlo yo", confiesa la comerciante, que quiere ceder el testigo del negocio

Mari Carmen González en la puerta de su negocio.

Mari Carmen González en la puerta de su negocio. / T. Cascudo

Navia

Jesús Rodríguez, vecino de la localidad valdesana de Otur, abrió en 1981 la tienda Navia Decoraciones. Casado con Mari Carmen González Anes, de Andés, levantaron juntos un negocio que es una referencia en Navia. La comerciante confía en jubilarse este año, pero antes le gustaría encontrar relevo para una tienda que marcha bien y goza de una clientela fiel tras cuarenta y cinco años de andadura.

"Hicimos un buen equipo. Costó arrancar y hacer clientela, pero lo logramos y la tienda funciona", señala la comerciante sobre el tándem con su marido, ya fallecido. Durante años, ella se ocupó de la tienda y él de la colocación en el hogar de los artículos adquiridos, desde cortinas a pavimentos o escayola en los primeros años. Ahora cuenta también con una empleada en tienda y otro profesional que se ocupa de la colocación.

Mari Carmen González a la puerta de su negocio.

Mari Carmen González a la puerta de su negocio. / T. Cascudo

Mari Carmen se crio en la tienda Villalonga Modas, que sus padres regentaban en Navia. Se puede decir que el comercio corría por sus venas, aunque desconocía por completo el mundo de la decoración. Le gustaba, eso sí, y el trato con el cliente se le daba bien, así que se adaptó rápido.

La primera tienda de Navia Decoraciones estaba en la calle Doctor Calzada, pero desde hace treinta años están ubicados en la Avenida del Principado, junto a la dársena. "Aquella era muy pequeña, aquí pudimos aumentar y, por ejemplo, metimos la colchonería, somos distribuidores de Flex", comenta.

De la mariña a Suiza

La clientela del negocio es variada, desde Ribadeo a Valdés, pero también muchos de sus artículos se van fuera, desde Suiza a Palma de Mallorca. "Mucha gente nos conoce y aprovechan para comprar cuando vienen", apunta la empresaria que da cuenta de que en este tipo de negocios funciona muy bien el boca a boca. "Hay familias a las que puse la casa a los padres y ahora se la pongo a los hijos", precisa.

Los tiempos han evolucionado, también la decoración. “Antes por ejemplo se ponía mucha doble cortina con bandó y ahora los gustos son más minimalistas y se ponen más estores que cortinas”, señala. También ha aumentado la automatización, muchos estores tienen mandos y eso también trae complejidad. Recuerda el boom de la construcción, que repercutió de manera importante en este negocio. "Daban por la mañana las llaves de unos pisos y por la tarde teníamos que ir a medir. No sé si volverán esos tiempos", opina. Ahora, apunta, la clientela es más de vivienda unifamiliar.

Mucho asesoramiento

El negocio de la decoración es complicado, confiesa, pues llega mucha gente en busca de asesoramiento o con ideas poco acertadas. "Hay mucha oferta y la gente muchas veces no tiene claro lo que quiere. Cada ventana y cada casa es un mundo diferente. Entonces primero hay que hablar mucho con el cliente, escucharle. A veces traen ideas acertadas, pero otras veces la suya no es la mejor opción. Desde que vendemos un metro de cortina hasta que lo cobramos hay mucho trabajo", apunta. No obstante, la espera es relativa, pues ahora están haciendo las entregas en un plazo de entrega de entre 15 y 20 días.

El punto fuerte de la tienda es que llegó a tener más de 300 piezas en stock y eso abarata los precios. "Para nosotros es una inversión fuerte, pero el cliente nota la diferencia. Es todo una cadena", relata.

"No veía el momento de jubilarme"

Sobre la jubilación, cuenta Mari Carmen que este año cumple 66 años y ha decidido que es el momento de dar el paso. “Nunca veía el momento de decir hasta aquí. La verdad es que me encuentro bien y me da pena porque la tienda tiene carga de trabajo”, relata. De ahí que le encantaría dar con una persona responsable y dispuesta a coger el testigo.

"Me haría ilusión no llegar a cerrar, pero si lo voy a traspasar para que cierre otro en un mes, prefiero cerrarlo yo", confiesa. Estos días está recibiendo muchas llamadas interesándose y ella es clara: “Esto no es una tienda al uso, hay que hacer presupuestos, pedidos… Echas horas y quiero que quien lo coja lo sepa bien. El negocio funciona bien y yo me presto a hacer el relevo, pero no es una tienda fácil”. Aun así, no se rinde y confía en dar con un futuro viable para este querido negocio.

Tracking Pixel Contents