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Irene Villarejo, psicóloga a cargo del nuevo espacio municipal dedicado a la juventud de Navia: "La mayoría no son adolescentes difíciles; son adolescentes intentando entenderse"

"A veces se aíslan porque no saben expresar lo que les pasa, no porque no necesiten ayuda; lo importante como familias es mantener el vínculo disponible"

Irene Villarejo, la psicóloga que atenderá gracias a un proyecto municpial las consultas de los jóvenes de Navia.

Irene Villarejo, la psicóloga que atenderá gracias a un proyecto municpial las consultas de los jóvenes de Navia. / Ana M. Serrano

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Navia

Nacida en Barcelona en 1980, Irene Villarejo tuvo claro desde muy joven que quería dedicarse a la Psicología. Le interesaba comprender el comportamiento humano, por qué cada persona reacciona de forma distinta ante una misma situación y qué factores influyen en la manera de sentir, actuar y relacionarse. Con el tiempo decidió especializarse en adolescencia, una etapa que considera decisiva porque en ella se construyen muchas de las bases emocionales y personales del futuro. Desde esa mirada aborda el nuevo servicio EBEN que abre en Navia, un espacio de escucha, prevención y acompañamiento dirigido a adolescentes.

-¿Qué opina del servicio que abre Navia? ¿Es tan necesario? ¿Por qué?

-Creo que es un servicio muy necesario, a la par que demandado por los propios adolescentes, un dato que es muy importante recordar. Los adolescentes de hoy viven una realidad muy distinta a la de hace unos años: más exposición, más presión, más comparación... Muchas veces no necesitan que alguien les “arregle”, sino que les ayude a entender lo que sienten y les dé herramientas para gestionarlo. Ahí es donde nace EBEN: como un espacio cercano, preventivo y accesible donde puedan sentirse escuchados y acompañados antes de que el malestar se haga más grande.

-Un adolescente se encierra en sí mismo, ¿qué hacer como padres?

-Lo primero es no entrar en pánico ni convertir cada silencio en un interrogatorio. A veces los adolescentes se aíslan porque no saben expresar lo que les pasa, no porque no necesiten ayuda. Como familias, lo más importante es mantener el vínculo disponible: estar presentes, escuchar más que corregir y transmitirles que pueden acudir a nosotros sin miedo a decepcionar. Muchas veces no necesitan soluciones inmediatas, sino sentir que hay un adulto estable acompañándolos.

-Como profesional, ¿cree que la Administración tiene retos pendientes? ¿Cuáles?

-Sí. Creo que todavía tenemos un reto importante en prevención y en acceso temprano al acompañamiento emocional. Muchas veces llegamos cuando el malestar ya está muy avanzado. Necesitamos más recursos cercanos, más coordinación entre educación, servicios sociales y salud, y más espacios comunitarios donde los adolescentes puedan pedir ayuda sin sentir que “estar mal” es algo grave o vergonzoso.

-¿Qué cambiaría en los centros de enseñanza?

-Creo que los centros educativos están haciendo mucho más de lo que a veces se reconoce, pero necesitan más apoyo y más recursos especializados. Incorporaría más educación emocional real y práctica dentro del día a día, no solo como algo puntual. También más espacios donde trabajar habilidades sociales, autoestima, regulación emocional y gestión de conflictos, porque aprender a convivir y cuidarse emocionalmente también es educación.

Un momento de la presentación del proyecto, en Navia.

Un momento de la presentación del proyecto, en Navia. / Ana M. Serrano

-¿Se da poca importancia al bienestar emocional de los menores? ¿Cómo cambiaría eso?

-Durante muchos años el bienestar emocional se consideró algo secundario. Hoy sabemos que no lo es. Un adolescente que no sabe gestionar lo que siente difícilmente podrá aprender, relacionarse o desarrollarse con equilibrio. Creo que el cambio pasa por normalizar hablar de emociones, dejar de asociar pedir ayuda con debilidad y crear espacios accesibles y cercanos donde los menores puedan expresarse antes de llegar al límite.

-¿Qué mitos desterraría de la adolescencia?

-El mito de que "la adolescencia siempre tiene que ser un caos" o que los adolescentes son problemáticos por naturaleza. La mayoría no son adolescentes difíciles: son adolescentes intentando entenderse en una etapa muy intensa y en una sociedad que muchas veces va demasiado rápido incluso para los adultos.

-¿Qué oportunidades se abren a los adolescentes?

-Muchísimas. Es una generación con una enorme capacidad de adaptación, sensibilidad social y acceso a información y oportunidades que antes no existían. También veo adolescentes mucho más abiertos a hablar de salud mental, emociones y bienestar, y eso es algo muy positivo.

-¿Qué lectura hay que hacer de sus comportamientos?

-Muchas veces detrás de ciertos comportamientos hay saturación emocional, inseguridad o dificultad para gestionar lo que sienten. Por eso creo que es importante mirar más allá de la conducta y preguntarnos qué puede haber detrás. A veces un adolescente no necesita más castigo o más presión, sino más comprensión y herramientas.

-¿Cómo espera que funcione el servicio en Navia?

-Espero que se convierta en un espacio cercano, natural y accesible. Que los adolescentes puedan sentir que acudir a EBEN no es algo raro ni grave, sino simplemente un lugar donde hablar, aprender herramientas y sentirse acompañados. Y también espero que ayude a prevenir situaciones de malestar antes de que se cronifiquen.

-¿Cree que será posible que los adolescentes desfilen por un despacho público?

-Creo que sí, precisamente porque el enfoque es diferente. No se presenta como un lugar clínico o distante, sino como un espacio cercano de escucha y acompañamiento. Además, al estar ubicado en la segunda planta de la Casa de Cultura de Navia, es bastante íntimo y confidencial, ya que nadie tiene por qué ver si acceden o no.

-¿Qué medidas tomaría como profesional en el ámbito municipal y regional?

-Invertiría mucho más en prevención y en recursos comunitarios de proximidad. También impulsaría programas de educación emocional continuada, apoyo a familias y coordinación entre profesionales. Muchas veces pequeños espacios de acompañamiento a tiempo pueden evitar problemas mucho mayores en el futuro.

-¿Cuál es el error más frecuente de las familias cuando tienen un adolescente en casa?

-Intentar solucionar demasiado rápido lo que sienten o interpretar ciertos cambios como ataques personales. La adolescencia necesita límites, sí, pero también mucho vínculo, escucha y presencia emocional. A veces los adolescentes no necesitan padres perfectos, sino adultos disponibles y coherentes.

-¿Qué le diría a los profesores que a veces se quedan sin recursos por no ser profesionales de la Psicología?

-Que no están solos y que no se les puede pedir que sostengan absolutamente todo. Los docentes están viendo muchas realidades complejas dentro del aula y hacen muchísimo más de lo que a veces se reconoce.

-¿Cómo ve a los adolescentes?

-Los veo sensibles, saturados y muchas veces muy exigidos consigo mismos. Pero también los veo creativos, conscientes y con una enorme capacidad de adaptación. No creo que sea una generación débil. Creo que es una generación expuesta a muchísimo estímulo y presión desde edades muy tempranas.

¿Qué depara el futuro?

—Creo que el futuro dependerá mucho de cómo decidamos acompañarles hoy. Si seguimos priorizando únicamente el rendimiento y no el bienestar, aumentará el malestar emocional. Pero también creo que estamos en un momento importante de cambio y conciencia social. Cada vez se habla más de prevención, salud mental y acompañamiento emocional, y eso abre oportunidades muy positivas.

Si digo adolescencia, usted dice una palabra.

—Construcción.

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