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El sermón de l'Amuravela: "Este año, hay más exigencia", dice el recitador, que se enfrenta por segunda vez al reto de contar a San Pedro qué pasó en los últimos doce meses

"Ahora ya no cuento con el factor sorpresa del primer año y tendré que ganarse al público desde el primer verso", dice Juan Luis Fernández

Juan Luis Fernández, recitador del pregón de L’Amuravela, a la derecha, con el apuntador, Fernando López.

Juan Luis Fernández, recitador del pregón de L’Amuravela, a la derecha, con el apuntador, Fernando López. / Ana M. Serrano

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Cudillero

Juan Luis Fernández volverá a subirse al barco más famoso de Cudillero, en plena plaza de La Marina, para recitar el sermón laico de L’Amuravela a San Pedro el próximo lunes (mediodía). Será su segundo año como recitador y, aunque reconoce que la experiencia de la primera vez le da cierta tranquilidad, también admite que esta nueva cita llega con una exigencia distinta: "Ahora ya no cuento con el factor sorpresa y tendré que ganarse al público desde el primer verso".

El pregón, escrito por Cesáreo Marqués, ya está preparado (sobre 700 versos, algo más que el año pasado) y, desde hace quince días, lo estudia y lo repasa a diario. Su método es insistente: "Leerlo una y otra vez, repetirlo en voz alta y pulir cada detalle para evitar fallos. "No es un texto propio, sino un escrito elaborado por otra persona, y eso, explica, añade dificultad. "Hay que interiorizarlo, hacerlo tuyo y expresarlo lo mejor posible", resume.

El tono "adecuado"

En ese proceso no se trata solo de memorizar los versos, sino de encontrar el "tono adecuado" para cada pasaje. "Hay partes que piden más énfasis, otras que requieren contención y algunas en las que el ritmo resulta fundamenta", dice, para que el sermón llegue al público como debe. Juan Luis sabe que el éxito no depende únicamente de saberse el texto, sino "de saber decirlo".

Su formación también ayuda. Es licenciado en Historia (hoy hostelero) y reconoce que esa disciplina se nota a la hora de preparar un texto largo. "Estamos entrenados para empollar", comenta con humor. Esa costumbre de estudio le permite afrontar el reto con método, aunque sin confiarse.

La primera vez que recitó el sermón, el año pasado, estuvo marcada por la expectación. Era su debut y el público aguardaba con curiosidad cómo resolvería una tradición tan exigente. Recuerda, sin embargo, que recibió "mucho apoyo desde el primer momento", incluso antes de subirse al barco. Ese respaldo le ayudó a superar los nervios iniciales y a entrar con fuerza en el papel.

Un escenario "diferente"

Este año, en cambio, el escenario emocional será diferente. Ya no será el debutante al que todos miran con expectación, sino el recitador que repite y que debe confirmar lo demostrado. Por eso cree que puede ser "incluso más difícil: la gente estará ilusionada, pero también esperará que esté a la altura desde el principio".

El sermón de este año, adelanta, tiene "de todo". Como es tradición, no faltarán la ironía ni el sarcasmo, ingredientes habituales de L’Amuravela. También habrá descripciones de anécdotas del pueblo, referencias locales, guiños a la actualidad regional y nacional, y el tono crítico que cada año convierte el sermón en una radiografía festiva, mordaz y popular.

A su lado volverá a estar el mismo apuntador, Fernando López, una figura esencial para dar seguridad durante la recitación. También se mantendrá otro detalle clásico del ritual: el vino blanco para las paradas, parte del ambiente y del ritmo propio de un recital que habla a San Pedro desde el corazón de una villa marinera y que mezcla memoria, interpretación, tradición oral y complicidad con el público.

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